Con frecuencia se habla con frecuencia el rápido crecimiento de las energías renovables en Chile, en particular de la energía solar, impulsado por la instalación masiva de plantas fotovoltaicas. Sin embargo, es esencial comprender que este avance se limita principalmente a la generación de electricidad. La energía que llega a hogares e industrias proviene del Sistema Eléctrico Nacional (SEN), que proporciona electricidad desde Arica a Puerto Montt. En 2023, el 63% de la electricidad generada en el SEN tenía origen renovable (28% de hidroelectricidad, 20% solar y 12% de viento).
Sin embargo, la electricidad representa solo el 23% del consumo de energía nacional. La demanda de energía en los hogares no se limita a la electricidad: se requiere energía para cocinar, calentar agua y espacios de calefacción. En el sector industrial, el calor del proceso es esencial para numerosas actividades productivas. En ambos casos, estas necesidades de energía generalmente están cubiertas con combustibles fósiles.
“Es urgente avanzar en regulaciones que promueven sistemas de almacenamiento a largo plazo”.
El proceso de descarbonización del sistema eléctrico parece relativamente claro, dado su carácter centralizado y coordinado. La incorporación de sistemas de almacenamiento con baterías electroquímicas permitirá la gestión de excedentes de generación solar y eólica, facilitando el uso de energías renovables en tiempos sin sol o sin viento. Es urgente avanzar en regulaciones que promueven sistemas de almacenamiento a largo plazo.
El desafío es mayor en la descarbonización en el suministro de energía térmica, debido a la diversidad de procesos, tecnologías involucradas y niveles de inversión requeridos. La penetración de energías renovables en esta área es muy menor. En el sector residencial, hay dos alternativas principales para reemplazar los combustibles fósiles en la cocina: el uso de cocinas eléctricas o la implementación de combustibles neutrales con carbono, como lospelios electrónicos o el hidrógeno. Para la calefacción, la mejor estrategia es mejorar la eficiencia energética a través de un mayor aislamiento térmico de casas, la instalación de bombas de calor o la implementación de sistemas de calefacción de distrito centralizados. Para la calefacción de agua, la opción más eficiente y sostenible es la instalación de colectores solares térmicos.
Si bien estas soluciones son viables, su adopción requiere inversiones iniciales y un mayor grado de mantenimiento, ya que son tecnologías más complejas que los sistemas convencionales. Para garantizar su operación a largo plazo y recuperar la inversión a través del ahorro de energía, es clave tener técnicos y profesionales capacitados. Lo mismo sucede en la industria, donde la transición a fuentes renovables tiene desafíos tecnológicos y económicos.
En el sector del transporte, la diversificación tecnológica es clave. Para vehículos de baja potencia, la electrovilidad es la opción más eficiente y madura. En el caso de camiones de tamaño mediano, la electromobilidad, los alimentos electrónicos y el hidrógeno verde buscarán emerger como una solución viable. Para maquinaria y vehículos de alta potencia, el reemplazo parcial o total del diesel de hidrógeno verde o el combustible electrónico es una alternativa prometedora. Sin embargo, la implementación de estas tecnologías requiere la planificación de la infraestructura de carga y distribución de hidrógeno, además de la adaptación de redes eléctricas para respaldar la creciente demanda eléctrica.







