Es cierto: Stefan Kramer ganó Gaviotas de oro y plata durante su paso por el Festival Viña 2026 este domingo 22. Salió triunfante, convenció al público de Quinta Vergara y logró un suculento rating al ser visto por más de dos millones de personas, según datos de Mega.
Sin embargo, dejó un sabor agridulce: no fue demoledor ni brillante como años anteriores. Muy lejos del Kramer de 2008 que perpetuó pasajes en la memoria colectiva con una de las mejores actuaciones cómicas del siglo XXI en el concurso Ciudad Jardín.
Esta vez fue un triunfo tibio y sobrio. ¿A qué se debió?
*Un espectáculo más personal
Stefan Kramer ha ido dando un giro gradual a su espectáculo. De un imitador nato que rodaba ráfagas de personajes, donde incluso se caracterizaba como ellos, pasó a ser un contador y narrador de su propia vida, incluyendo en el guion a gran parte de su familia, lo que le hizo perder el ritmo, entrar en otra dinámica, frenar el carácter frenético de antaño.
Ahora va tejiendo historias y aplica el freno de mano: algo se escucha lentamente, más despacio y con un tono que exige digerirlo de otra manera.
*Alusión a su pasado
Es curioso: Kramer apela a su pasado y ahí están sus mejores imitaciones. Pero cuando acude a ellos, su presente palidece, los personajes que presenta hoy no exhiben la sorpresa ni el arrebato que mostraban en la primera parte de los años 2000.
Se dirigió a Ricardo Arjona, Fito Páez y Miguel “Negro” Piñera, y los presentes se dieron cuenta que allí estaba el mejor Kramer; en cifras que ya tienen casi dos décadas.
Por lo demás, su mejor segmento fue cerca del final, cuando la rutina se volvió algo agotadora: el minuto en el que respondió a los políticos y candidatos presidenciales. Allí parecía el Kramer que no daba tregua. Sin embargo, ese momento duró poco.
*Demasiado largo
Quizás estimulado por la buena sintonía que estaba logrando, el show de Kramer de este domingo 22 se le hizo demasiado largo. 90 minutos que fácilmente podrían haberse sintetizado en menos.
La última parte, entre ambas gaviotas y dedicada a la familia -siempre un talón de Aquiles para los cómicos- no resultó efectiva, lo que demostró que pudo haber culminado con la imitación del presidente electo José Antonio Kast y el espectáculo pudo haber sido mucho mejor.
Al final triunfa el oficio -innegable en el humorista- y el cariño del público, que aprecia su talento y -sin gritarles con furia- le entregó los dos premios centrales del evento.






