Un llamativo escenario con setas hinchables (que se llenaron durante la sesión comercial) y plantas ornamentalesrecibió la actuación de los colombianos Bomba Estéreo al final de la segunda noche del Festival de Viña.
Pasadas las dos de la mañana, y con una Quinta de la que mucha gente se había retirado (sobre todo en la galería), tras la presentación de Rodrigo Villegas, El grupo interpretó su peculiar mezcla de sabor caribeño, electrónica y percusión étnica.
Como si fuera una sacerdotisa del trópico, el cantante Li Saumet entró en escena quemando una rama. Algo así como anunciar un ritual rítmico. A un lado dejó una especie de altar. En el período previo, los colombianos habían prometido una presentación repleta en el baile. Cumplieron al principio con FuegoProbablemente su canción más conocida.
La percusión, de Pacho Carnaval, y las bases electrónicas trabajadas por José Castillo sustentan el montaje sobre el que canta Saumet. Una combinación interesante, aunque por momentos un tanto formulada.
En general es una propuesta fresca, que enfatiza el ritmo para un espectáculo diseñado sin pausas, en sintonía con el tiempo. Así pasan me duelesu colaboración con Manu Chao y somos dosen el que el humo del escenario generaba una atmósfera de sierra tropical, mientras sonaba su ritmo inspirado en el reguetón.
Casi de inmediato sucede a mi amorlo que generó un poco más de respuesta del público entusiasta que se prolongó en la Quinta Vergara hasta la madrugada. También entusiasmado con el despliegue de colores y pulso bailable. Saumet bajó a los palcos e hizo cantar a algunos de los emocionados aficionados.
Con su particular entonación, a veces más cercana a una invocación, Saumet canta Fiesta. Una canción que navega entre la repetición y largas notas de psicodelia, detalles electrónicos, algo así como un house caribeño. Las coloridas imágenes subrayaron el momento.
Para hacer lo repetitivo soy yoel grupo invita a la chilena Flor de Rapquien con su flow rápido y callejero inyectó una energía sorprendente a la canción. Saumet invitó al público a saltar como una especie de ritual chamánico. “Cuando nos critican, damos amor”, sugirió. Salta y anima al respetable.
Aquel fue un momento a medio camino entre la catarsis y el delirio; el núcleo del proyecto. Tanto es así que la gente empezó a preguntar por la Gaviota. “Qué lindo”, comentó Li Saumet. Y ellos inmediatamente siguieron con lindos ojossu canción con Bad Bunny incluida en Un verano sin tidonde suena la voz de Benito en la pista. Aunque el entusiasmo por momentos supera a Saumet y el despliegue de energía hace que desafine de forma muy notoria.
La entrada de los animadores inyectó más energía al momento. Algo del buen trabajo de Doggenweiler y Araneda. Aceleran la entrega de las Gaviotas, en plata y oro, exigidas por la afición, algo así como un homenaje a la fidelidad de trasnochar. Luego de 45 minutos de show, y con el movimiento El alma y el cuerpo. (bailado por los animadores al costado del escenario) cerró la noche. Una apuesta interesante, aunque probablemente podría haber tenido mejor audiencia.







