Los chilenos se sienten satisfechos con sus vidas, pero al mismo tiempo reconocen mayor inseguridad y problemas económicos. Así lo reveló la Encuesta de Bienestar Social 2023, desarrollada por el Observatorio Social de la Subsecretaría de Evaluación Social y aplicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) entre 11.234 personas mayores de 18 años en todo el país.
En esta segunda medición, el 78,4% se declaró satisfecho con su situación, mientras que en la primera -en 2021- fue el 77,7%.
Como contrapartida, la insatisfacción a nivel nacional cayó del 12,6% de la medición anterior al 11%, aunque la reducción no fue homogénea entre jóvenes y personas mayores.

A pesar del nivel de satisfacción, la investigación mostró que las personas todavía identifican problemas críticos que afectan su bienestar: inseguridad económica y ambiental, falta de tiempo y mala cohesión social.
En el primer caso, el 52,3% indicó que vive en hogares en los que llega a fin de mes con dificultad o gran dificultad. Una cifra que se eleva hasta el 55,8% cuando son mujeres, más que el 48,5% que se percibía entre los hombres.
También se observó un aumento en la percepción de inseguridad en su localidad o barrio respecto a 2021 del 41,1% al 46,2%.
Un aumento que se explica por los hombres, ya que durante el período su percepción de seguridad se deterioró del 30% al 37,5%. La situación se extendió a las mujeres, aunque los patrones ya eran mayores en la medición anterior, que pasó del 51,7% al 54,3%.
En esta dimensión, los saltos más claros se dieron en la población del cuarto quintil de ingresos, en las regiones del norte y en las personas entre 30 y 59 años.
En cuanto al uso del tiempo, se observa una mayor brecha de género. El 72,7% de las mujeres se declaran personas ocupadas que afrontan el fenómeno de la carga de trabajo mental, cifra que desciende hasta el 59,3% en los hombres.
Esto ocurre en un contexto en el que el 45,3% de los chilenos señala que confía poco o nada en otras personas, lo que contrasta con el 39% registrado en 2021.
La encuesta también indicó que el 86,7% de las personas tiene un mayor equilibrio afectivo positivo, es decir, que prevalecen las emociones asociadas a la felicidad y la tranquilidad.
De hecho, el saldo negativo, asociado a emociones de enfado y tristeza, fue del 9%.
En el ámbito de la salud mental, los grupos de 30 a 44 años y de 45 a 59 años son los que reportaron síntomas más graves, con un 7,9% y un 9%, respectivamente. Las personas de 18 a 29 años tuvieron la tasa más baja de “libre de síntomas” (41%).
Peso para cuidadores
La encuesta también se encargó de perfilar el bienestar de las personas que realizan labores de cuidado.
Entre los hallazgos, se identificó que los hogares jóvenes con mayor nivel socioeconómico, educación y participación laboral tienen una mayor participación de los hombres en el cuidado. Quienes se dedican exclusivamente a cuidar también tienen peores indicadores económicos, relaciones sociales y bienestar subjetivo.
En el caso de estar a cargo de personas con discapacidad, dependencia y/o condiciones de salud, se observa un impacto en el estado de salud de los cuidadores. Algo que se amplifica según las condiciones socioeconómicas y la edad.
Exministro Moreno defiende modelo de desarrollo
Al momento de reflexionar, el exministro de Desarrollo Social del segundo gobierno de Piñera, Alfredo Moreno, valoró la medición de la soledad, destacando que hay países que han creado ministerios enfocados en el tema y que la mayor afectación es entre las mujeres, ya que ocurre con la inseguridad económica y ambiental y la salud mental. En ese contexto, enfatizó la importancia de construir ciudades más amigables, con posibilidades de vivir más cerca del trabajo. Lo primero, expresó, es tener un buen diagnóstico. “No estoy de acuerdo con que el modelo de desarrollo haya fracasado, hemos mejorado en ingresos, el avance de Chile respecto a Argentina, Perú y Colombia, fue efectivo y absolutamente real; El problema es que hoy tenemos otro tipo de dificultades”, afirmó. En su opinión, “la vivienda es crucial”, aunque hoy no aparece como una aspiración de los jóvenes. “No es que no quieran tener uno, es que no tienen ninguna posibilidad, no se pueden comprar”. La solución que indicó es autorizar nuevas zonas para construir: “Esto bajaría el precio de la vivienda, porque si no regulamos bien la ciudad, la ciudad destruye la vida de los ciudadanos”.







