Estamos en una situación económica crítica. A finales de este año caeremos en una recesión técnica. La inversión se ha desplomado, lo que pronostica que el declive económico continuará. Los trabajadores ya empiezan a sentirlo a través de sus salarios reales, que son los que más han caído desde que comenzaron los registros. Sorprendentemente, en lugar de abordar esta terrible situación, el gobierno la está empeorando.
El gobierno tiene varias herramientas para aumentar la inversión y la productividad. Más que mal, es el agente más importante de la economía: administra 1 de cada 5 pesos producidos y decide su regulación. En las palabras, el Presidente y sus ministros dicen que quieren mejorar la productividad y atraer inversiones. De hecho, hacen lo contrario.
El gobierno está enfocando el gasto en políticas que no generan productividad ni aumentan el capital disponible para la economía. Subsidio a la bencina: US$3.000 millones. Más contaminación, más congestión, más distorsión de precios, menos productividad. Compromiso de condonación del CAE: costo estimado en US$10.200 millones (Acción educar, 2022). La mejor manera de gastar en educación sin mejorarla. Tren prometido a Valparaíso: proyectado US$2.650 millones (informe TVS). Infraestructura con mínimo valor económico. Aumento de la pensión universal garantizada: US$2.7 mil millones por año y solo crecerá con el tiempo a medida que la población envejezca. Todas medidas con costos fiscales muy altos, que no ayudan en nada a la productividad.
Dado que el gobierno no está aumentando la inversión directamente, tal vez lo esté haciendo indirectamente al incentivar a otros a invertir más a través de la regulación. No es el caso. Es conocida la participación de los actuales miembros del gobierno en promover retiros de pensiones, un duro golpe a la inversión. Parece que no les pareció suficiente ya que, una vez convertidos en gobierno, enviaron un proyecto de ley para hacer un nuevo retiro. También prometieron impulsar el proyecto de las 40 horas, lo que obligó a una reducción de las horas de trabajo. Menos es menos, no más.
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El gobierno prometió una reforma fiscal. ¿Usar la reforma para incentivar la inversión y la productividad? No, al contrario. Quieren crear un impuesto a la riqueza que ahuyente la inversión. Quizás la reforma aliente la inversión por otro lado, por ejemplo, al reducir los impuestos corporativos, que en Chile están entre los más altos del mundo. Este impuesto castiga la innovación, el emprendimiento y la inversión. Pero el Gobierno ya ha anunciado que no reducirá el impuesto de sociedades en su reforma.
¿Traer inversión extranjera? O. Hace unos días, el Consejo de Ministros rechazó un proyecto de gas natural de US$650 millones con todos sus estudios y permisos ambientales aprobados. La justificación de esta decisión es de una frivolidad que contrasta con los más de seis años de estudios que sustentaron el proyecto. Mala señal concreta que probablemente desaliente a los futuros inversores.
Estamos en una situación desesperada y el gobierno la está empeorando. Se proyecta que el PIB per cápita caiga en los primeros dos años de esta administración. Algo inédito en los vilipendiados 30 años. Si Chile hubiera crecido entre 1990 y 2019 al ritmo que crecerá en los primeros años del gobierno de Boric, hoy seríamos tres veces más pobres con un PIB per cápita similar al de Albania, Guatemala o Namibia. Las palabras del gobierno hablan de una convicción para revertir esta situación, pero sus acciones la están acentuando.
El candidato Boric dijo que Chile será la tumba del neoliberalismo. Ojalá el cumplimiento de esa consigna por parte del presidente Boric no nos convierta también en la tumba del progreso económico
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