Hace unas semanas fuimos testigos de cómo las lluvias torrenciales, en el contexto del cambio climático, fueron ingrediente de uno de los peores desastres con víctimas humanas en la provincia de Valencia, España. Los otros componentes fueron un sistema de alerta temprana que funcionaba mal y un desarrollo urbano deficiente.
El cambio climático genera lluvias más intensas debido principalmente al aumento de la temperatura del planeta. En nuestro país, las proyecciones climáticas anticipan un aumento en la ocurrencia de lluvias intensas y un aumento en la altitud de la isoterma de 0°C, lo que trae consigo riesgo de deslizamientos y remociones masivas, inundaciones y, con ello, graves pérdidas humanas. y materiales.
Sin embargo, la vulnerabilidad de las ciudades a las inundaciones no sólo está relacionada con la intensificación en la frecuencia y magnitud de las precipitaciones extremas, sino también con las condiciones de las propias ciudades. De hecho, el problema se ve agravado por la impermeabilización de los suelos por pavimentos, construcciones y sistemas de drenaje insuficientes, así como por las pocas áreas verdes que permiten absorber el agua. Las inundaciones y los deslizamientos de tierra destruyen infraestructura crítica y viviendas, interrumpen actividades económicas clave, como el comercio y el transporte, afectan la calidad de vida de las comunidades, impactan la calidad del agua potable y alteran los ecosistemas acuáticos.
La planificación y el control del crecimiento urbano y los asentamientos irregulares son condiciones necesarias para evitar catástrofes, cuyos impactos socioeconómicos y ecosistémicos afectan generalmente a los más vulnerables. Los sistemas de alerta temprana y protocolos de respuesta a las amenazas climáticas también son esenciales para evitar pérdidas y daños, así como la coordinación entre las instituciones públicas y entre diversos actores sociales y comunitarios.
La implementación de iniciativas, soluciones e infraestructura que consideren la adaptación al cambio climático, como sistemas de drenaje urbano sostenible, soluciones basadas en la naturaleza para la absorción y contención de la lluvia en pendientes y una planificación urbana que integre el cambio climático, son medidas necesarias para construir ciudades más resiliente al riesgo de lluvias intensas.
¿Qué lecciones podemos sacar de lo ocurrido en España? En primer lugar, que, si bien es fundamental seguir intentando reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) -lo que llamamos mitigación-, debemos tomar medidas que nos permitan adaptarnos a los efectos del cambio climático para moderar o evitar sus impactos. .
Chile se encuentra en la plena fase de implementación de su Ley Marco de Cambio Climático -publicada en junio de 2022-, diseñando planes de adaptación al cambio climático y, volviendo al ejemplo de las lluvias en Valencia, como país estamos dando pasos decisivos para ser mejores. preparado para eventos climáticos extremos.
Por eso, es una muy buena noticia que el viernes 6 de este mes el Consejo de Ministros de Sostenibilidad y Cambio Climático aprobara el Plan de Mitigación y Adaptación al Cambio Climático de las Ciudades. Este Plan incluye medidas de gestión de la reducción del riesgo de desastres y avanza fórmulas que buscan fortalecer el enfoque de adaptación en la gestión del riesgo de desastres con acciones concretas.
Además, busca incorporar la evaluación de estos riesgos y la adaptación en la planificación urbana, a través de sus diferentes instrumentos. Considera desarrollar e implementar la Estrategia Nacional de Infraestructura Verde, así como fortalecer la infraestructura urbana ante eventos hidroclimáticos extremos. También desarrolla e implementa un plan de capacitación para funcionarios públicos, comunidades y el sector privado en áreas estratégicas de adaptación al cambio climático y resiliencia, con énfasis en Gestión del Riesgo de Desastres y gobiernos locales.
A su vez, el plan sectorial del Ministerio de Vivienda y Urbanismo apunta a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero de las ciudades para no exceder el presupuesto de carbono asignado a esta cartera a través de medidas y acciones de mitigación. Éstas se dividen en dos líneas estratégicas: movilidad urbana sostenible y eficiencia energética en viviendas y edificios, y contemplan medidas como la implantación de nuevas regulaciones térmicas para 120.000 viviendas al año, equipamientos sanitarios, educativos y hoteleros, y el impulso del reacondicionamiento térmico. vivienda con subsidio. Estas medidas también contribuyen a mejorar la calidad del aire y reducir el consumo de leña.
La coordinación entre instituciones es clave para poder enfrentar estos eventos meteorológicos extremos. Esta capacidad de coordinación debe estar presente al planificar la respuesta, así como durante la respuesta misma. También hay que crear la capacidad de los ciudadanos y del tejido social. Los esfuerzos del sector público, pero también del sector privado y de los ciudadanos, deben apuntar a prepararnos mejor para afrontar acontecimientos más intensos.
Por Maisa RojasMinistro de Medio Ambiente y Carlos MontesMinistro de Vivienda y Urbanismo
