El plan del gobierno para intentar sortear el escándalo del cable submarino chino ha sido acusar a José Antonio Kast de “no defender la soberanía de Chile”. Esto, por no formar parte de la defensa patriótica de los funcionarios personalmente sancionados por Estados Unidos por, aparentemente, intentar aprobar entre medianoche y medianoche un proyecto similar al que, hace unos años, durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera, también tuvo que ser bajado por presiones norteamericanas.
El santo y seña de todas las cuñas ha sido, pues, “soberanía”, concepto que se pronuncia con voz airada y ojos vueltos hacia lo inefable. Pero ¿qué es la soberanía y por qué Kast la mancillaría?
Como explica Jean Bethke Elshtain en su libro Soberanía: Dios, Estado y YoLa soberanía fue originalmente un atributo divino, de Dios todopoderoso, que luego fue secularizado y adjudicado al Estado, para terminar, en nuestros días, anclado en el individuo. Por cierto, entendido así, es simplemente una fantasía de omnipotencia. La pretensión, inverosímil a cualquier nivel temporal, de no depender de nadie más. De poder actuar sin límites, incluso cuando en el mundo real todo está relacionado y empujado. En definitiva, puro exceso.
Por cierto, el concepto de soberanía también puede verse, en términos menos fantásticos, como una forma de representar la Constitución: la declaración de que un determinado territorio está sujeto a la voluntad de un colectivo político organizado. Básicamente, “nosotros decidimos aquí y esas decisiones son legítimas”.
Esto explica por qué el texto de muchas constituciones políticas se esfuerza por indicar en qué “nosotros” reside la soberanía. Los principales candidatos a ser su receptáculo son “el pueblo” (la mayoría contingente) o “la nación” (la mayoría histórica). Y, en ocasiones, las Fuerzas Armadas son designadas como guardianas o garantes de esa autoridad.
La soberanía se ve, en este contexto, cuestionada o humillada cuando una fuerza, interna o externa, busca o logra obtener un objetivo eludiendo las formas determinadas por el colectivo político que se declara soberano. Cuando el Presidente Boric declara que el Ministro de Transportes sancionado “no está para nada solo” se refiere, en teoría, a esto: que estaría respaldado por la ley, manifestación de la voluntad soberana. Por lo tanto, José Antonio Kast estaría, a su vez, abandonando la soberanía nacional al no salir en defensa de los sancionados ondeando banderas chilenas.
El problema central de este litigio es que no está del todo claro que el proyecto chino haya seguido un curso perfectamente regular. El secretismo extremo que lo rodea, que lo oculta de la opinión pública, ya lo pone en duda. Y ninguna reconstrucción cronológica de los acontecimientos permite al Presidente Boric eludir su responsabilidad directa por la conducción imprudente de las negociaciones.
Lo que está claro es que la estafa del cable nos ha dejado como un país bananero y débil frente a las dos mayores potencias mundiales: China y Estados Unidos. El gobierno de Boric se comprometió con los chinos a hacer algo que sabían o debían saber que les traería problemas con Estados Unidos, para luego enturbiar las relaciones con el país del Norte y, además, no poder cumplir con los chinos. Es difícil imaginar un cierre de administración peor que desairar, al mismo tiempo, a nuestro principal inversor y a nuestro principal socio comercial.
Vale la pena agregar que estos dos hegemones también se encuentran en medio de una disputa global, y que nuestra mejor oportunidad como país pequeño para mantenernos a flote en tal situación es mostrar seriedad en los procedimientos y unidad de propósito. Exactamente todo lo que faltaba en este episodio.
Finalmente, es difícil creer en el patriotismo último de una izquierda, la del Frente Amplio, cuya ideología apoya la crítica radical de todos los atributos de la soberanía nacional. El mismo que hace sólo cuatro años impulsó una Constitución que desolló y depuso al Estado chileno. ¿Cuándo explicarán cómo y por qué pasaron de las banderas blancas y negras a este supuesto nuevo y feroz amor por la patria? Como en la historia del cable chino, hay demasiadas piezas que no encajan.
