Después de la pandemia y de vivir entre Chile y Estados Unidos producto de sus compromisos como docente la Universidad de Harvard, Dominga Sotomayor (Santiago, 1985) anhelaba poder filmar una película. Su último largometraje, Tarde para morir joven (2018), le había dado múltiples alegrías (premio en el Festival de Locarno, un gran recorrido internacional, elogios de la prensa), pero sus siguiente proyectos, por distintos motivos, aún no habían llegado a etapas finales y no tenía un nuevo rodaje en el horizonte.
“Yo no quería hacer películas con mascarilla. Quería volver a hacer películas cuando se pudieran hacer películas de manera normal”, dice a Culto en un café en Providencia.
Durante el verano de 2024, ya de regreso en el país, recibió una propuesta concreta: filmar una cinta basada en Limpia (2022), la alabada novela de Alia Trabucco Zerán, con Netflix como plataforma y Fábula como productora. Ya estaba estipulado que el estreno sería en 2025, por lo que no había segundo que perder, pero le pidió al productor Juan de Dios Larraín algo de tiempo para meditarlo.
No era la primera vez que recibía una propuesta de ese tipo. Alguna vez, años atrás, le ofrecieron realizar una road movie en Estados Unidos, pero la desechó porque consideró que se asemejaba demasiado a De jueves a domingo (2012), su ópera prima, sobre el colapso de una familia durante un viaje al norte de Chile.
“Mi búsqueda de cine a veces es más vaga. Me gustan las dispersiones. Nunca he sentido la necesidad de contar una historia que se resuelva de una manera demasiado eficiente. Me he enfocado hasta ahora más en las emociones de los personajes, en generar atmósfera, en buscar mi lenguaje”, explica Sotomayor, una de las cineastas chilenas más destacadas de su generación.
En principio, Limpia suponía adentrarse en códigos diferentes. Narrado desde una audiencia judicial, el libro presenta la historia de Estela, una mujer que dejó su vida y a su madre en el sur para trabajar como empleada puertas adentro de una casa del barrio alto de Santiago. La base del relato es su relación con Julia, la niña de la casa, quien –como se conoce al inicio– tiene un fatídico desenlace.

La directora conocía la obra de Trabucco (ganadora en 2024 del Premio Femina de novela extranjera), pero no la había leído. “Lo primero que dije cuando me llamaron fue que tenía que leerla, a ver si me imaginaba una película mía de esto. No dije que sí de inmediato. Y lo que me pasó es que al leerla me imaginé perfectamente dirigiendo una película en ese universo”, cuenta.
A una semana de cerrar los últimos detalles de su nueva película en Argentina, se ríe al pensar que en Limpia volvió a transgredir una suerte de regla autoimpuesta. “Siempre digo que no voy a hacer más películas con niños, pero siempre termino haciendo películas con niños. Me fascinan, tengo un vínculo muy bonito con muchos y con casi todos los niños, pero es difícil igual”, advierte.
Se detiene unos segundos y comparte algo que la define como cineasta y la impulsó a aceptar el reto: “Yo tengo una tendencia más a meterme en problemas que a evitarlo. Si me dicen: es con niños, hay piscina, es difícil, tiene que ser tenso, es distinto a lo has hecho… Eso me motiva (…) Siento que cada vez que me motiva un proyecto es porque me incomoda un poco. Paradójicamente todas mis películas terminan pareciéndose un poco”.
Sotomayor se detiene en Raúl Ruiz y su concepto de la “adopción”, en reemplazo de la típica “adaptación”. “Me hace mucho sentido, lo recordé ahora después de terminar este proyecto. Finalmente es como adoptar profundamente qué te pasó a ti con ese material original y hacerlo muy propio. Creo que hay una libertad en la idea de adoptar. Adaptación me queda como extraño. Me parece que adopción tiene más sentido con lo que pasó con Limpia”, afirma.
“En cualquier caso, nunca tratamos de ‘llevar el libro a la pantalla’ –enfatiza–. Eso no es esta película. Esta película es una película que está inspirada en un libro muy bueno, que tiene otra forma y tiene otras lógicas. Y a partir del cual tratamos de capturar la esencia para llevarlo a un lenguaje cinematográfico propio mío y común del equipo y de lo que trabajamos con la guionista”.

Con María Paz Grandjean en el rol de Estela y Rosa Puga Vittini como Julia, la cinta tendrá su estreno mundial en el marco de la próxima edición del Festival de San Sebastián (el 19 de septiembre, inaugurando la sección Horizontes Latinos). Luego tendrá funciones en algunas salas chilenas a partir del 25 de septiembre y se podrá ver en Netflix desde el 10 de octubre.
-¿Cuál era la particularidad que tenía este proyecto que le generaba incomodidad o le hacía pensar que estaba saliendo de su zona de confort?
De partida es una adaptación y todos los puntos de partida que yo he tenido han sido muy personales. Ideas originales que o bien tienen raíces muy autobiográficas o bien son personales porque me atraviesan y son temas que me gustan. Entonces tener un libro frente a ti, que era el material de origen, era muy desafiante. A eso se sumaba que yo siempre he sido guionista de mis cosas; acá iba a haber una coguionista (la argentina Gabriela Larralde). Se sumaba que siempre he coproducido mis películas. Eso significa que he decidido desde el nivel de la producción muchas cosas. Y esta era una invitación de Fábula y una película original para Netflix. Yo dije: acá lo desafiante es que no tengo la última voz, quizás. También me habían dicho: te estamos llamando a ti porque nos interesa la manera en que trabajas, pero esta es una película muy distinta a lo que tú estás acostumbrada a hacer, porque justamente tiene que llegar quizás a una audiencia mucho más amplia.

-Uno tiene la tentación de comparar ambas obras. La novela se narra desde una audiencia judicial, y aquí ese elemento no está presente. ¿Esa decisión la tomaron rápidamente en el proceso?
Sí, la tomamos rápidamente. Yo creo que todos esos pensamientos y todos esos comentarios en la audiencia, todas esas observaciones, para mí fueron claves para tratar de construir esa personalidad de Estela. Ese era el gran desafío que teníamos. Lo que más me llamó la atención (del libro) es ese personaje tan crítico, tan ácido, tan profundo, con tantas capas. No siempre estamos cerca de una empleada doméstica, o podemos acceder a esa voz. Eso es lo que me llamó la atención, y dije: no quiero hacer una película con una voz en off de ella reflexionando sobre lo que ve.
-¿Le parecía un recurso muy obvio?
Sí. (En ese momento pensaba) Quiero hacer una película con un personaje que ojalá capture algo de lo que yo estoy sintiendo con estos pensamientos, que eso se traduzca en una actitud, que se traduzca en una forma de ser, en una acidez, en una manera de profundizar sobre lo que ve. Creo que el libro entero me sirvió como una inspiración para construir el personaje de Estela. Hacia la mitad del libro hay un momento en que ella dice: esto también podría ser el comienzo. Nos agarramos de esa pista y decidimos que el comienzo de la película fuera esta clase frustrada de natación. Pero después no es que se desecha todo lo otro, que son siete años de ella en esa casa. Ahora ni siquiera me acuerdo exactamente, porque hay una amalgama entre lo que inventamos y lo que estaba, pero ella cuenta que dormía junta a su mamá como una momia, que no se movía en la cama, porque la compartían. Era una imagen que yo la encontré muy bonita, y se me ocurrió que eso ella se lo contara a la niña. Entonces empiezas a agarrar cositas, imágenes, incluso cosas visuales que se traducen en una fotografía, una sombra, y todo eso, claro, está inspirado en pedacitos de ese tramo temporal que no está en la película.

-¿Pudo conversar con Alia Trabucco?
Alia no estuvo involucrada en el proceso de escritura. A mí me pidieron que hiciera una propuesta de adaptación junto a Gabriela, y eso es lo que hicimos y después de eso hicimos nuestra propia versión. Entiendo que ella había aceptado esta idea de que nosotros la hiciéramos. Ella no estuvo involucrada en el día a día, pero en algún minuto leyó el guión y me dio algunas notas que yo traté de incorporar de la mejor manera. Pero eso me precedía, o sea, Fábula tenía la idea de hacer esta película antes de que yo entrara.
Cerca del problema
CCC, el proyecto que fundó en 2016 junto a otras socias, es una sala que permanentemente exhibe cine local e internacional, nuevas apuestas y títulos clásicos. Está pensando como un lugar para el encuentro de vecinos del barrio (su dirección es Raulí 571, Santiago Centro), estudiantes y aficionados del cine. Lo que Sotomayor no imaginaba es que brindaría el marco para terminar seleccionando a la protagonista de su primer largometraje en siete años.
“Un director nos pidió mostrar una película y hacer una conversación, y la María Paz (Grandjean) estaba porque ella hizo un personaje secundario. Yo estaba en el público, y justo estaba escribiendo Limpia. Fue la primera que me tincó. Dije: ah, la María Paz podría ser”, recuerda.
Por la envergadura del proyecto y el calibre de los involucrados, la cinta tenía considerado de todos modos un proceso de casting. “Fueron muchas actrices muy buenas. Se fue dando también naturalmente que fuera María Paz (…) Es muy amorosa con los niños, pero no es alguien tan evidentemente cercana a los niños. Ella misma lo dice. Para ella era muy desafiante hacer una película con una niña. No le era tan espontáneo ser tan cercana a niños. Y eso me encanta, porque para mí Estela se encariña de la niña a pesar de ella. No necesariamente quiere esa cercanía que se va dando”, sostiene.

-¿Nunca evaluaron que Paola Giannini, la actriz que interpretó al personaje en el teatro en 2024, fuera la Estela de la película?
No hizo casting.
-¿Pero lo pensó?
No se lo propusimos, no estuvo dentro de las opciones. Yo trabajé con Paola Giannini en De jueves a domingo, y la encontré increíble. Espontáneamente no estaba en la lista. Es que la literatura es tan distinta, el teatro es tan distinto. Y también la película. Es lindo que hayan tres formas tan diferentes. Me gusta mucho pensar en que es una forma muy distinta al libro.
-Hablaba al comienzo de que pensó que tal vez no tendría la palabra final en el proyecto. ¿Cómo se fue dando finalmente?
Es interesante. Creo que hubo un diálogo muy abierto y respetuoso. El punto de partida era un proyecto que tenía todos estos partners. Yo no escribí un guión en el que no pasaba nada y era disperso. Era un guión ya pensado para el encargo que me habían hecho. Y después fueron pasando etapas. Escribimos un tratamiento que fue aprobado. Después escribí un guión con el que, claro, teníamos miedo, porque estaba lleno de estas situaciones más cotidianas, en las que quizás no pasaban grandes cosas, pero a Fábula y a Netflix le gustó. Fue bastante libre.
-O sea, esas aprensiones iniciales se esfumaron pronto.
Sí, para mí fue un aprendizaje tener que recibir notas de distintas voces, pero creo que todos fueron respetuosos en plantearlas como sugerencias. Y creo que también todas esas sugerencias aportaron a que la película haya quedado así. Hay cosas que quizás en otro contexto yo hubiera hecho distintas, pero es una película que me encanta como es, aunque sea diferente a otras películas que yo pueda hacer. Fue fácil. Fue fluido, fue rápido, estuvimos de acuerdo. No sé si siempre es así.

-¿Considera que Limpia es su película más política?
No sé si es mi película más política. No sé si lo he pensado así. Si es la película que quizás se acerca a un tema social más urgente hoy. Siento que todas las películas son políticas de alguna manera, porque tocan distintas teclas e incomodan de otras maneras. Creo que Limpia a mí también me incomoda más en el presente. Siento que yo traté de actualizar el problema doméstico al presente. Y en ese sentido me tomé muchas libertades del libro. Yo lo que no quería hacer era una crítica a los cuicos. Esto no es como: hola, ¿por qué son así con sus nanas? Esto es: ¿cómo somos? O sea, yo podría estar en esa fiesta (de Año Nuevo, parte de la trama). Siento que fue como tirar el libro hacia mí y no ser una espectadora de lo que está pasando en la alta sociedad. Y tratar de entender a todos los personajes en su complejidad.
Y profundiza: “Yo creo que el gran problema no es que haya buenos y malos en esta película. Es que hay una estructura social que está profundamente equivocada, en la que hay personas invisibilizadas y otras que no, y que eso inevitablemente va a terminar en una tragedia. Entonces para mí la película sí es política en el sentido de que es un punto de vista hecho público. Y me gustaría que genere reflexión y preguntas. Hasta ahora las personas que la han visto me han dicho que es inevitable sentirse incómodo, interpelado, pensar en las personas que están dejando de cuidar o en las personas que no están mirando. (…) Habla de una invisibilidad que no tiene que ver sólo con una empleada doméstica en el barrio alto de Santiago. Yo creo que habla de estructuras sociales de desigualdad que se pueden extrapolar a muchas situaciones”.
-Respecto a financiamiento en el cine, hay un debate en Argentina que se ha intensificado durante el último año. Esa discusión podría ocurrir en Chile en los próximos meses, a raíz de la elección presidencial. ¿Le preocupa lo que puede ocurrir con el apoyo del Estado a la cultura y en específico al cine?
Sí, me preocupa mucho. Creo que las películas no son un producto comercial y si las ponemos en una planilla para el PIB no necesariamente se va a encontrar una razón económica de por qué apoyarlas. Incluso a veces a las películas no les va tan bien en el minuto (en que se estrenan). Pienso en películas que se hicieron en los años 70 u 80 y que agarran una relevancia histórica, y sería terrible pensar en que en ese minuto no hubiera sido posible apoyarlas. Sí, me preocupa el apoyo a la cultura en general. Creo que si no hay apoyo público a la cultura va a haber sólo apoyos privados y esos apoyos privados inevitablemente van a tener un poder sobre esas creaciones y un sesgo quizá.

-Ud. tiene contacto estrecho con el cine argentino, porque allí filmó Mar (2014) y ha coproducido películas con ese país.
Es muy tremendo lo que está pasando en Argentina. La única posibilidad de esos cineastas para hacer películas hoy son las plataformas. Las plataformas se están convirtiendo en el lugar de una oportunidad. Y yo creo que es un momento también para pensar en qué es lo independiente. Yo siento que un cineasta siempre está en un estado de buscar oportunidades para hacer lo que uno quiere. En este caso me agarré de una invitación de Netflix, que era una oportunidad para hacer una película dentro de un año. Era una película que yo quería hacer y en otro caso quizá va a ser otra cosa. Siento que hay que agarrarse de las invitaciones para poder seguir creando.
Sotomayor tiene un par de ideas en carpeta. Una de ellas está a punto de materializarse: una adaptación cinematográfica de La perra (2012), de la autora colombiana Pilar Quintana. Producida por el brasileño Rodrigo Teixeira (con quien trabajó en Tarde para morir joven), la película traerá la historia al sur de Chile y comenzará su rodaje en octubre. “Estoy haciendo casting, pero no está cerrado”, asegura. Además, el trabajo de locaciones está en pleno desarrollo. ¿Esta vez será con o sin plataforma? “Sin plataforma”, responde.