El desafío de la emergencia habitacional

La política habitacional del actual gobierno dejará importantes desafíos para la próxima administración. Si bien es positiva la aprobación de la ley que moderniza la planificación territorial -al otorgar mayor seguridad regulatoria y simplificar trámites para facilitar la autorización regulatoria de suelos destinados a proyectos habitacionales y al desarrollo de ciudades-, la tarea central sigue siendo mejorar la gestión y el acceso a la vivienda de las familias de menores ingresos.

El déficit cuantitativo de vivienda sigue siendo elevado: según la última publicación de resultados de la encuesta Casen 2024, alcanzaría las 405.552 viviendas. Para afrontarlo, la actual administración se fijó la meta de entregar 260.000 viviendas a través del Plan de Emergencia Habitacional durante el periodo 2022-2025, compromiso que equivale a la entrega de 65.000 viviendas sociales anualmente durante cuatro años. Sin embargo, esta meta no representa un salto significativo respecto de la política habitacional anterior: durante la última década se pagaron en promedio casi 55.000 subsidios habitacionales anuales, mientras que entre 2022 y 2024 se pagaron en promedio 56.127 subsidios habitacionales, lo que demuestra que el esfuerzo ejecutado no fue sustancialmente mayor al logrado por administraciones anteriores.

A su vez, a enero de 2026 el Plan alcanza un 98% de avance. Sin embargo, este desempeño no ha sido homogéneo entre regiones: seis de ellas aún no cumplen con la meta comprometida, siendo especialmente preocupante Antofagasta, que no ha alcanzado ni el 40% de su objetivo. En cuanto al tipo de solución habitacional, el mayor rezago se observa en la vivienda libre de deudas (DS 49), que precisamente busca dar soluciones a familias de menores recursos que no pueden acceder a créditos hipotecarios y que sin apoyo del Estado difícilmente podrían acceder a una vivienda. A cuatro años del inicio del Plan, este programa sólo registra un 57% de avance.

A esto se suma otra restricción que dejará la actual administración: la importante reducción presupuestal para el desarrollo de proyectos habitacionales. Si ya en la discusión presupuestaria se redujeron a la mitad las unidades de vivienda libre de deuda (DS 49), de 50.000 en 2025 a 25.000 unidades para el Programa de Vivienda 2026, la reciente circular de la Subsecretaria de Vivienda y Urbanismo confirma que la Dipres volvió a ajustar el programa, reduciendo los subsidios del DS 49 a sólo 19.587 unidades.

A estos desafíos se suman los asociados a la reconstrucción tras los recientes incendios y a abordar decididamente el fenómeno de las megadevastaciones. Con todo, el escenario que afrontará el Minvu a partir de marzo es el de una emergencia habitacional especialmente exigente, que exige recuperar la capacidad de gestión y fortalecer la política de vivienda social para mejorar el acceso de las familias de menores ingresos.

Por Paulina HenochCoordinadora del Programa LyD Pobreza, Vivienda y Ciudad

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