El nuevo presidente de Bolivia, Rodrigo Paz, ha entregado las claves de cuál será su plan económico para sacar al país de la severa crisis en la que se encuentra tras dos décadas de gobiernos del Movimiento Al Socialismo (MAS), liderado inicialmente por Evo Morales y luego por su exministro de Economía, Luis Arce. El trabajo no será fácil y requiere avanzar paulatinamente. El presidente aseguró que su objetivo es construir lo que llamó “capitalismo para todos”, encaminado a dinamizar la economía haciendo más accesible el crédito, reduciendo impuestos y eliminando obstáculos al emprendimiento, objetivos todos que apuntan en la dirección correcta pero que requerirán que las nuevas autoridades realicen un delicado trabajo de equilibrios económicos y sociales.
La economía boliviana enfrenta una severa crisis monetaria y acumula 11 años de déficit fiscal. Luego del auge experimentado en los primeros años del gobierno del MAS gracias al auge de productos básicosel país comenzó a enfrentar las consecuencias de un modelo que no generaba incentivos adecuados para incentivar la inversión. La situación fue especialmente grave en áreas estratégicas como los hidrocarburos, tras la nacionalización del sector, que ha llevado al país a importar hoy más del 80% del combustible que consume. A esto se suma un esquema de subsidios que ha distorsionado el sistema de precios de diversos productos de alto consumo como el pan, la leche o el arroz, además del aplicado al diésel y la gasolina.
El nuevo presidente aseguró que impulsará, en una primera etapa, un ajuste que implicará recortar el 30% del gasto total previsto en el presupuesto para 2026. Al mismo tiempo, anunció la derogación del impuesto a la riqueza que, según él, ha frenado el crecimiento y desalentado inversiones de al menos 2.000 millones de dólares y también el que grava las transacciones financieras con un 0,3%. Sin embargo, precisó que por ahora no habrá avances en revertir dos pilares claves del modelo impuesto por los gobiernos del MAS, como el tipo de cambio fijo y la eliminación de subsidios, a la espera de obtener apoyo financiero internacional por más de US$ 9 mil millones, clave para darle sostenibilidad a la transformación económica y cuidar los equilibrios fiscales.
El nuevo gobierno boliviano es consciente de los riesgos de desmantelar abruptamente el entramado de subsidios dejado por el MAS, pero también de que es la única manera de impulsar una economía que en 2025 se contraerá un 0,5%. Por eso, junto al ajuste fiscal anunciado, se ha comprometido a avanzar hacia la apertura de mercados, reinsertar a Bolivia en el mundo y promover alianzas público-privadas que ayuden a fortalecer sectores estratégicos como la minería y los hidrocarburos. Todo ello va acompañado de un “plan de estabilidad”, que garantiza seguridad jurídica y reglas claras.
Un camino complejo que dependerá no sólo del apoyo del Congreso, sino también de la capacidad de las nuevas autoridades para brindar certidumbre y transmitir confianza a los principales actores económicos e inversionistas extranjeros.
