Cuando faltan poco más de dos semanas, de modo que después del receso del verano, el vástago de marzo regresa, y con él se inicia un año político que estará marcado por el vértigo electoral, en el campo económico hay problemas que no pueden continuar esperando. El problema de la inflación aún no termina, pero en un contexto internacional muy volátil, el banco central está tomando las medidas prudenciales del caso, introduciendo una pausa en el proceso de “normalización” de las tasas de interés, lo que permitirá a MRUST el proceso de convergencia inflacionaria hacia el 3% por año. El problema de crecimiento aún está pendiente, con una perspectiva de inversión bastante precariosa, una situación muy influenciada por las dificultades asociadas con la obtención de permisos y el procesamiento ambiental de los proyectos, con problemas de productividad que no se resuelven, lo que mantiene estancado el potencial de crecimiento del Economía chilena en menos del 2% por año.
“La cifra que debería preocuparse es que incluso hay más de 250 mil empleos que no se recuperan de la pandemia, en circunstancias en que los niveles de actividad en general ya han excedido ese límite”.
A pesar de las observaciones que se pueden hacer a las propuestas gubernamentales para impulsar el crecimiento, al menos debe ser la prioridad que debe asignarse a este tema para 2025. Sin embargo, el problema de empleo continúa ocupando un lugar secundario, sin la conciencia real del alcance de que Esto tiene. Todos los indicadores tradicionales son conocidos por todos, al igual que el diagnóstico sobre la baja tasa de participación laboral que continúa prevaleciendo. Pero la cifra que debería preocuparse es que incluso hay más de 250 mil empleos que no se recuperan de la pandemia, en circunstancias en que los niveles de actividad en general ya han excedido ese límite.
Siendo efectiva esa inversión es el motor principal para generar empleos, y que, por lo tanto, tiene sentido poner énfasis en la promoción de nuevos proyectos, esta no debería ser lo único: los costos de contratación también tienen una incidencia que es fundamental y si algo Ha sucedido en los últimos años es una evolución en el liderazgo al alza, como es el caso del aumento en el salario mínimo y la ley de 40 horas, ambos con un efecto negativo especial en empresas más pequeñas. Si esto se agrega que, con la gradualidad del caso, la reforma de pensiones recién aprobada contiene un aumento en el costo de la contratación que enfrentarán los empleadores, es hora de pensar seriamente en mecanismos que permiten que la contratación sea más flexible. El reemplazo de la compensación por años de servicio en caso de despido de compensación a cualquier evento que trabaje bajo la lógica del seguro de salsaminación de indemnización con contribuciones de los propios empleadores, con un límite máximo de menos de los 11 años contemplados por la ley contempla la ley En vigencia, y eso tiene Chile como país de la OCDE con un mayor costo en caso de despido, otorgaría flexibilidad que sería muy beneficiosa para la creación de nuevos empleos. Dada la urgencia del problema, este tema no puede continuar esperando indefinidamente.







