El primer gabinete, además de promover el potencial técnico y político de un gobierno, suele enviar señales al país. Se puede decir que, en su composición, en su equilibrio y en su conjunto, refleja la impronta que el Presidente entrante quiere dejar a su mandato.
La forma fragmentada en que se han conocido los nombres de sus integrantes contribuye a la especulación y da lugar a informes sobre el desacuerdo de algunos partidos políticos que apoyaron a Kast; y también a comentarios de izquierda, que no deben tomarse muy en serio, sobre la falta o exceso que mostraría tal o cual ministro.
José Antonio Kast no parece demasiado preocupado por el nerviosismo de los políticos. Pese a algunos, Kast ganó las elecciones con una propuesta radicalmente distinta a las que ha conocido Chile en los últimos sexenios y que invariablemente han terminado en una derrota que lleva a los adversarios al poder. Siguiendo la frase habitualmente atribuida a Einstein: “No esperes resultados diferentes si haces lo mismo de siempre”.
El gobierno de emergencia de Kast debe, entonces, ser diferente de los anteriores para lograr su objetivo. Pero esto tiene límites y requisitos. En primer lugar, las personas elegidas como ministros deben ser de primera categoría. Nadie puede afirmar con fundamento que no sea así.
En segundo lugar, y Kast parece darle gran importancia, deben ser personas de absoluta lealtad al Presidente de la República. Uno de los problemas que han tenido los gobiernos recientes es la facilidad con la que políticos, parlamentarios e incluso ministros olvidan su deber de interpretar plenamente la misión que les ha sido encomendada, para buscar la brillantez personal. Esto último es inevitable en los políticos, pero no debería transformarse en lo que a veces he llamado PYME políticas, donde las autoridades gubernamentales trabajan para obtener dividendos partidistas y acumular poder personal, más que para los objetivos del gobierno.
Pero para que esto funcione se necesitan algunas piezas. El diseño requiere una presencia pública muy frecuente del Presidente. Esta debe convertirse en la cara viva del gobierno. Así parece que se está diseñando desde el segundo piso y la Secom. La popularidad de un presidente en acción, que resuelve rápidamente algunos problemas y muestra actitud para abordar otros, borra muchas críticas de los políticos (de oposición y también progubernamentales). La gente no quiere políticos felices, quiere ciudadanos satisfechos. El orden público será fundamental.
El equipo de Kast parece confiar en que su estrategia puede funcionar. Pero recordemos que en política la dirección del viento cambia fácilmente y la influencia que Kast tiene hoy sobre los políticos puede caer. Entonces se pondrá a prueba la flexibilidad táctica de Kast.
Por Luis Larraínpresidente del Consejo Asesor de Libertad y Desarrollo
