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Economia

Gobierno prepara ley corta para financiar el exTransantiago

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Contrarreloj, el gobierno de Gabriel Boric enviará al Congreso una escueta ley para ampliar la normativa vigente que permite entregar un subsidio al ex Transantiago, que vence en diciembre de 2022 y permite financiar el 60% del sistema con una inyección de unos US$ 800 millones.

Dada la relevancia de los montos comprometidos, el Ministerio de Transporte prevé que la discusión de fondo será más larga y, por ello, busca darle más oxígeno a través de una legislación transitoria.

“Esta falta de renovación se debe a que en 2017 no se realizó la licitación y perdimos un tiempo valioso”, criticó Tapia.

“El subsidio es fundamental para el funcionamiento, casi no hay sistema de transporte en el mundo que se sustente únicamente con las tarifas de los usuarios y Santiago no es la excepción. El gobierno anterior no dejó ningún proyecto de ley y no nos dio una propuesta, a pesar de que todos sabían que en 2022 expiraría el reglamento. Por eso, nuestra prioridad es presentar cuanto antes una ley breve para ampliar los recursos”, dijo la titular de la Dirección de Transporte Público Metropolitano (DTPM), Paola Tapia.

La iniciativa aún está en diseño y Tapia anticipa que el plazo de la prórroga será un tema que se discutirá en el Congreso. Respecto a la cifra, explicó que si bien replicará el monto actual, al mismo tiempo buscará generar ahorros. “Vamos a ser más eficientes con el subsidio que hay, porque queremos generar todas las economías de escala necesarias”, concluyó.

La renovación de los autobuses

La exministra de Transportes del segundo mandato de Michelle Bachelet lanzó un duro diagnóstico a la gestión del gobierno anterior, no solo por la falta de regulación sobre el financiamiento, sino porque quedaron en operación 1.000 buses que tenían más de 12 años. Incluso 57 de ellos datan de 2005.

“Esta falta de renovación se debe a que en 2017 no se realizó la licitación y perdimos un tiempo valioso”, criticó Tapia.

Según cálculos del director de DTPM, en 2022 el 35% de la flota del Transantiago superará su vida útil, período que da urgencia al inicio de una renovación.

La autoridad resaltó que se requiere un reemplazo adicional de los buses que comprometió la exministra Gloria Hutt con la licitación realizada en su período, debido a que el ingreso de estas unidades no coincide con la totalidad del porcentaje que vencerá en diciembre. ¿El problema? Algunos de los operadores que tienen estas máquinas en la calle trabajan con cláusulas de contrato extendidas y no participaron en la licitación.

“Nuestro plan es que, paralelamente, impulsaremos la renovación de los buses más antiguos, comenzando ahora con estas 1.000 unidades. Lo haremos de forma paulatina”, explicó Tapia.

En el mediano plazo, el titular de la DTPM espera introducir 2.600 buses, que se sumarán a las 1.400 unidades que renovó la administración anterior mediante la prórroga de contratos.

Respecto a impulsar una segunda licitación bajo el modelo que separa la oferta de la flota y crea la figura de los concesionarios, Paola Tapia aseguró que están analizando la fórmula. “Este concurso es un experimento, no existe en ninguna parte del mundo. A diferencia del gobierno anterior, vamos a implementar esta política pública porque creemos en la continuidad, pero lo haremos con responsabilidad y lo evaluaremos”, expresó.

menos kilómetros

Otro tema que Tapia cuestiona de la gestión anterior es la reducción del 7% en los programas operativos, es decir, la cantidad de kilómetros recorridos por los buses en Santiago. “Esto se hizo antes de la pandemia, entre 2018 y 2019, lo que cuadruplica las reducciones que se realizaron en el gobierno de Michelle Bachelet. La única justificación aparente es que se buscaba reducir los costos del sistema a costa del usuario”, criticó.

Tapia asevera que la situación es “bruta” ya que, según su análisis, la reducción de kilómetros recorridos entre semana es del 7%, mientras que los fines de semana es del 20%. De hecho, explicó que en julio se presentarán los nuevos programas operativos que incluyen 18 correcciones al sistema anterior, con más servicios y rutas.

La evasión del sistema sube al 35%

Antes del estallido social y la pandemia, el gobierno había avanzado en fórmulas para reducir la evasión de boletos de autobús. Sin embargo, los operadores informaron a la nueva autoridad que durante los últimos dos años este indicador se ha disparado. La directora de DTPM, Paola Tapia, confirmó que en Santiago hay un 35% de evasión.
El desplome de la demanda, sumado a la alta evasión, puso en aprietos a los concesionarios. Para evitar su insolvencia, a fines de 2019, la ministra Gloria Hutt cambió la fórmula de la transacción, sustituyendo el desembolso del Pago por Pasajeros Transportados (PPT) -que equivalía al 70%- por el Pago por Kilómetro Recorrido (PKR) -los 30 restantes %-. Esta fórmula se mantiene hasta el día de hoy.
Cuando entre en vigencia la nueva licitación, los operadores tendrán un esquema donde el 90% de sus ingresos serán por kilómetro recorrido, modelo que incentiva a los buses a estar en la calle y cumplir con indicadores de frecuencia.
Cuatro millones de validaciones ingresan al sistema mensualmente; en cambio, antes de la expansión del Covid-19 la cifra era de seis millones.
El objetivo de Paola Tapia es aumentar las transacciones con tarjetas BIP a cinco millones para fines de 2022.

#Gobierno #prepara #ley #corta #para #financiar #exTransantiago

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“Que se haga justicia, aunque perezca el mundo”

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JOSÉ MIGUEL ALDUNATE H., Director de Estudios del Observatorio Judicial

#haga #justicia #aunque #perezca #mundo

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El sueño imposible de Bolívar

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JUAN IGNACIO BRITO, Profesor de la Facultad de Comunicación e investigador del Centro de Señales de la Universidad de los Andes

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La idea de la integración latinoamericana volvió a ser mencionada en la cumbre de la Celac realizada en Buenos Aires la semana pasada. Parece que el “sueño de Bolívar” es de lo que hablan los líderes de nuestra región cuando no tienen nada más que decir. Pero lo cierto es que hasta el Libertador terminó sus días desilusionado con su ideal de unidad.

Tras la victoria en Ayacucho (1824) había llamado a América “la esperanza del universo”, pero el Congreso de Panamá (1826) que convocó para sellar la integración fue un rotundo fracaso. Ya en 1829 el héroe desencantado admitía que “hemos probado todos los principios y todos los sistemas y ninguno ha llegado a buen puerto”. Lo que prevaleció fue el desorden y la ruina, no la unidad.

El mismo Bolívar dijo de sí mismo que era “un genio de la tormenta”. Lo suyo era la guerra y la revolución, no la construcción institucional. “Muchos generales saben ganar las batallas, pero no qué hacer con sus victorias”, lamentaría, en una declaración muy autocrítica, unos meses antes de exiliarse en 1830.

Lo que sucedió con el sueño unitario de este héroe imperfecto es una sinopsis de lo que vendría después. Nuestra región es un lugar donde prevalecen la violencia, la desigualdad, las personalidades y la fragilidad institucional. No es raro que en un entorno así la integración no vaya más allá de los discursos y resulte ser una quimera. América Latina vive, como escribió el patriota Luis Briceño Méndez a Bolívar en una carta, “en la era de los errores. Para remediar uno cometemos cincuenta”.

La última nota retórica en la historia de la fallida integración regional la protagonizaron hace unos días Lula da Silva y Alberto Fernández, cuando anunciaron con más entusiasmo que realismo la creación de una moneda común, el “Sur”. Rápidamente, desde Caracas saltó el dictador Nicolás Maduro para proclamar que se sumaba a la propuesta.

Como siempre, el voluntarismo no tardó en chocar con la realidad. Es imposible que un país con un Banco Central autónomo y una inflación relativamente controlada quiera unir su política monetaria con Argentina, cuyo desorden fiscal parece irreparable. Pronto salió Brasilia a aclarar que la idea es crear una “moneda financiera”, no una que circule. De ahí vino el “sur”. ¿Volveremos a saber de él?

Las palabras más sensatas pronunciadas en la Celac vinieron de Luis Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, esa pequeña isla de la excepcionalidad. Alzando valientemente la voz, Lacalle Pou reveló a sus compañeros el elefante en medio de la mesa de reuniones, llamando a la Celac “un club de amigos ideológicos” y afirmando que “para que este tipo de foros subsista hay que generar esperanza. Y las esperanzas se generan en el camino recorrido, en la práctica en la acción.” En otras palabras, las acciones, y no las palabras, definen la integración.

El problema evidente es que para que haya una verdadera unidad se necesitan varios requisitos: comunidad de intereses, tiempo, creación de un régimen con reglas comunes percibidas como legítimas y respetadas por todos, sistemas políticos compatibles y, finalmente, líderes comprometidos y coherentes. Todos bienes escasos en estas latitudes.

Con dolor, Bolívar llegó a reconocerlo. Por eso terminó sus días sumido en la amargura, arrepintiéndose incluso de haber hecho la guerra a la metrópolis colonial. Su diagnóstico es lapidario: “No hay buena fe en América ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las constituciones, libros; las elecciones, los combates; libertad, anarquía; y la vida, un tormento”.

#sueño #imposible #Bolívar

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La idea de la integración latinoamericana volvió a ser mencionada en la cumbre de la Celac realizada en Buenos Aires la semana pasada. Parece que el “sueño de Bolívar” es de lo que hablan los líderes de nuestra región cuando no tienen nada más que decir. Pero lo cierto es que hasta el Libertador terminó sus días desilusionado con su ideal de unidad.

Tras la victoria en Ayacucho (1824) había llamado a América “la esperanza del universo”, pero el Congreso de Panamá (1826) que convocó para sellar la integración fue un rotundo fracaso. Ya en 1829 el héroe desencantado admitía que “hemos probado todos los principios y todos los sistemas y ninguno ha llegado a buen puerto”. Lo que prevaleció fue el desorden y la ruina, no la unidad.

El mismo Bolívar dijo de sí mismo que era “un genio de la tormenta”. Lo suyo era la guerra y la revolución, no la construcción institucional. “Muchos generales saben ganar las batallas, pero no qué hacer con sus victorias”, lamentaría, en una declaración muy autocrítica, unos meses antes de exiliarse en 1830.

Lo que sucedió con el sueño unitario de este héroe imperfecto es una sinopsis de lo que vendría después. Nuestra región es un lugar donde prevalecen la violencia, la desigualdad, las personalidades y la fragilidad institucional. No es raro que en un entorno así la integración no vaya más allá de los discursos y resulte ser una quimera. América Latina vive, como escribió el patriota Luis Briceño Méndez a Bolívar en una carta, “en la era de los errores. Para remediar uno cometemos cincuenta”.

La última nota retórica en la historia de la fallida integración regional la protagonizaron hace unos días Lula da Silva y Alberto Fernández, cuando anunciaron con más entusiasmo que realismo la creación de una moneda común, el “Sur”. Rápidamente, desde Caracas saltó el dictador Nicolás Maduro para proclamar que se sumaba a la propuesta.

Como siempre, el voluntarismo no tardó en chocar con la realidad. Es imposible que un país con un Banco Central autónomo y una inflación relativamente controlada quiera unir su política monetaria con Argentina, cuyo desorden fiscal parece irreparable. Pronto salió Brasilia a aclarar que la idea es crear una “moneda financiera”, no una que circule. De ahí vino el “sur”. ¿Volveremos a saber de él?

Las palabras más sensatas pronunciadas en la Celac vinieron de Luis Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, esa pequeña isla de la excepcionalidad. Alzando valientemente la voz, Lacalle Pou reveló a sus compañeros el elefante en medio de la mesa de reuniones, llamando a la Celac “un club de amigos ideológicos” y afirmando que “para que este tipo de foros subsista hay que generar esperanza. Y las esperanzas se generan en el camino recorrido, en la práctica en la acción.” En otras palabras, las acciones, y no las palabras, definen la integración.

El problema evidente es que para que haya una verdadera unidad se necesitan varios requisitos: comunidad de intereses, tiempo, creación de un régimen con reglas comunes percibidas como legítimas y respetadas por todos, sistemas políticos compatibles y, finalmente, líderes comprometidos y coherentes. Todos bienes escasos en estas latitudes.

Con dolor, Bolívar llegó a reconocerlo. Por eso terminó sus días sumido en la amargura, arrepintiéndose incluso de haber hecho la guerra a la metrópolis colonial. Su diagnóstico es lapidario: “No hay buena fe en América ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las constituciones, libros; las elecciones, los combates; libertad, anarquía; y la vida, un tormento”.

#sueño #imposible #Bolívar

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