Durante muchos años, la facultad de derecho se asoció con la memorización. Quien no fuera capaz de reproducir de memoria los artículos y decretos probablemente tendría muchos contratiempos en sus estudios. Aún así, tenía sentido. Todavía lo tiene. Sin embargo, así como cambian los tiempos, también ha evolucionado esta profesión, su enseñanza, aprendizaje y ejercicio. No sólo porque el nuevo siglo exige otras competencias, sino porque entre las 44 universidades que imparten Derecho en Chile se debe poner un sello diferenciador.
El abogado de hoy no trabaja solo en una oficina, aislado del mundo. Generalmente, luego de haberle abierto el abanico de posibilidades laborales, interactúa con profesionales de diferentes campos, pues además de litigar, también puede asesorar y representar. No eran tareas desconocidas, pero hoy en día están más concurridas.
La era digital ha contribuido. Con la pandemia, las audiencias pasaron a ser telemáticas, práctica que continúa a día de hoy y continuará, según los casos. Temas que tienen que ver con la globalización y la virtualidad han ingresado al currículo de una forma u otra. Y la habilidad oral y escrita ha cobrado mucha importancia, la primera particularmente por el establecimiento de nuevos procedimientos orales luego de unos años de que la mensajería en línea la redujera a emoticonos, monosílabos y frases con errores ortográficos y gramaticales, y eso empobreció significativamente el desempeño de los nuevo abogado.
En la Facultad de Derecho de la Universidad Andrés Bello (UNAB), dice su decana, Carolina Schiele Manzor, invitan al estudiante a tener un pensamiento crítico. “El estudiante, futuro abogado, ahora debe ser capaz de identificar y analizar problemas jurídicos; aplicar, por supuesto, las diversas fuentes de derecho que le correspondan, pero, además, ha de saber argumentar por escrito y oralmente aquella posición jurídica por la que ha optado en las áreas de asesoramiento, representación o litigio. Además, debe desarrollar habilidades blandas, como el trabajo en equipo o la capacidad de mediación y negociación”.
También te preparan para leyes más sofisticadas. “Por un lado, hay un mundo tecnológico que se ha desarrollado de la mano de la ley, desde la ciberseguridad y el uso de datos personales hasta la inteligencia artificial -agrega el decano de la UNAB-. Por otro, la experiencia de internacionalización. Como facultad creemos que los estudiantes deben aprovechar todas las oportunidades que ofrece la globalización, comenzando por hablar con fluidez el idioma inglés, que les abre las puertas de la educación universitaria hacia el futuro y la práctica profesional. Pero todo lo anterior no puede desvincularse de la responsabilidad social y la ética profesional, que son valores de nuestra institución y que hemos insertado expresamente en el itinerario formativo de la carrera de Derecho porque son señas de identidad diferenciadoras de nuestro perfil de egreso”.
Rodrigo Palomo, decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas de la Universidad de Talca, señala que la preparación de los abogados en los tiempos actuales debe concentrarse en una sólida formación en ciencias jurídicas y en las disciplinas medulares (Derecho Civil, Derecho Procesal y Derecho Público). ) durante los primeros años. A partir de eso, apunta, el plan de estudios debe ser lo suficientemente flexible, con una amplia oferta de cursos electivos que permitan perfilar especializaciones. Asimismo, deberá incorporar instancias que promuevan la inter y transdisciplinariedad, dentro del derecho y con disciplinas afines.
“Actualmente -señala Dean Palomo- se ha instalado fuertemente la formación basada en competencias, es decir, aquella que combina conocimientos cognitivos, procedimentales y actitudinales. Para los abogados de hoy es fundamental haberse formado en conocimientos sólidos, pero, sobre todo, en cómo aplicarlos en situaciones reales, con un marco ético y responsable”.
Carolina Schiele está de acuerdo y afirma que “la responsabilidad social y la ética profesional son una preocupación no solo de las facultades de derecho, debe ser una preocupación de todos nosotros en este campo profesional”.
La evolución de la carrera se debe principalmente a un cambio en la forma de ejercerla, dice Rodolfo Walter Díaz, decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Universidad de Concepción (UdeC). Y por eso la formación se ha tenido que adaptar. “Antes, los abogados y abogadas desarrollaban su trabajo de manera más individual, abarcando casi todas las áreas del derecho. Hoy se orienta hacia un ejercicio colaborativo, que se interrelaciona con otras profesiones, asumiendo una posición interdisciplinar y mucho más especializada en determinadas áreas. Esto exige que la enseñanza se adapte y oriente hacia el trabajo en equipo y la especialización de los futuros profesionales en determinadas materias”.
Manuel Campos, vicedecano de la misma facultad, explica que la última modificación curricular de la carrera en la UdeC fue en 2016 y que actualmente están pasando por un proceso de evaluación curricular que esperan terminar a fines de este año o principios del próximo, a implementarse en 2024. Temas como tecnología, ciberseguridad o privacidad de datos, indica, ya están incorporados al plan de estudios actual como optativas.
Tanto a nivel nacional como latinoamericano, ha ido evolucionando de una enseñanza basada casi exclusivamente en el estudio del derecho a una que tiene más que ver con el desarrollo de habilidades blandas y críticas.
Carolina Schiele Manzor, de la UNAB, comenta que antes “el docente tenía un papel preponderante en la explicación de los contenidos, y el alumno, uno que era más bien pasivo y en el que predominaba la memorización de los contenidos. Ahora hay un mayor énfasis en el desarrollo de habilidades propias del ejercicio profesional, como el análisis y la argumentación jurídica; y también los blandos. Se han ampliado las fuentes, los materiales que utilizamos en el aprovechamiento de este aprendizaje, en el que el estudio de la jurisprudencia, el trabajo de casos y la investigación tienen una relevancia importante.
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Se ha transitado hacia un trabajo más bien colaborativo y hay una tendencia hacia la multidisciplinariedad. “Los estudiantes, y no solo ellos, sino todos los que actualmente ejercemos la abogacía, no estamos en una burbuja, en una oficina rodeada solo de abogados. Interactuamos con infinidad de otras especialidades, tenemos que entender el trabajo de investigación multidisciplinar, porque creo que ahí va a estar el desarrollo de la profesión en el futuro, en cualquier campo. En el sector privado, y en el sector público, por supuesto, los equipos son multidisciplinarios”, dice Dean Schiele.
Este año entró en vigor el nuevo plan de estudios de Derecho de la UNAB y quisieron darle una vuelta de tuerca, aclara el decano. “Queríamos centrarnos en desarrollar la disciplina, pero también otras habilidades profesionales. Incorporamos en esta malla las nuevas tecnologías del derecho como asignatura obligatoria del itinerario formativo y, además, la visión de una propuesta de género en la perspectiva del derecho”.
No sólo eso: el examen de grado se integró como asignatura en el itinerario formativo. “Vamos a tener la tremenda fuerza de que nuestro examen de grado se desarrolle como materia formativa en el décimo semestre de la carrera. Vamos a preparar al alumno a lo largo del semestre, con diferentes actividades, y ya no vamos a tener un examen aislado, en el que dejábamos al alumno solo en su estudio, sino que se incorpora a la carrera”.
La Facultad de Derecho de la Universidad de Talca está por iniciar una redefinición de su plan de formación a partir de la revisión fundamentada del plan vigente (que data de 2015), la revisión exhaustiva del desarrollo y proyección de las disciplinas y de la formación profesional. campos, y la consideración especial de los nuevos tiempos que atraviesa el país. En ese sentido, señala el Decano Rodrigo Palomo, el plan estratégico de la Facultad para el 2025 considera una revisión curricular de los planes de formación de las carreras que imparte la facultad, que considera la evaluación de los perfiles de egreso, la duración de las carreras y las posibilidades de articulación con estudios de posgrado, entre otros factores. También, y muy importante, “reforzar el modelo educativo en los nuevos planes de formación, implantando módulos que fomenten el espíritu crítico en los alumnos, que incluyan un enfoque práctico, que favorezcan una aproximación temprana al mundo laboral, incorporen la formación en una segunda lengua y aumentar el espacio de optativas”.
Todo lo anterior se debe a que el ejercicio de la profesión se ha diversificado y especializado. Rodolfo Walter Díaz, de la Universidad de Concepción, indica que su plantel no solo forma litigantes. “La formación académica que impartimos busca que nuestros profesionales puedan desempeñarse con éxito en diversos campos, especialmente en litigio, asesoría jurídica, servicio civil-servicio público y arbitraje y mediación. Además, Derecho UdeC tiene una alta participación en la formación de jueces, de egresados que ingresan a la Academia Judicial. Sin ir más lejos, los últimos tres presidentes de la Excelentísima Corte Suprema de Justicia son abogados de la Universidad de Concepción”.
La justicia con perspectiva de género debe atravesar todas las mallas curriculares de la carrera. Aunque no es una imposición, es una demostración de una mentalidad evolutiva de la sociedad, y las facultades del Derecho no le son ajenas. Desde julio de 2017, de hecho, existe la Secretaría Técnica para la Igualdad de Género y la No Discriminación, dependiente del Tribunal Supremo. Tiene dos misiones: promover que los miembros del Poder Judicial gocen de espacios de trabajo igualitarios libres de violencia y discriminación, y promover el desarrollo de políticas y acciones encaminadas a garantizar la igualdad y no discriminación de todas las personas en el acceso a la justicia. Más claro: sin prejuicios aprendidos sobre los roles que corresponden a cada género.
La Decana Palomo, de la Universidad de Talca, lo confirma: “Justicia con perspectiva de género significa, en términos simples, orientar el proceso judicial y la actuación de todos sus actores sobre la base del principio de igualdad sustantiva (no meramente formal), evitando sesgos, prejuicios y estereotipos de género especialmente en la decisión jurisdiccional”. Y precisa: “Las universidades estamos obligadas a incorporar este enfoque en nuestros itinerarios curriculares, fomentando la formación en derechos humanos con perspectiva de género, la no discriminación, el lenguaje inclusivo no sexista y, sobre todo, fomentando la sensibilización y la información. En nuestra facultad, esta tarea ha sido asumida especialmente por nuestros centros de estudio, en particular el Centro de Estudios Constitucionales, el Centro de Estudios de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social y el Centro de Estudios de las Minorías, de reciente creación. Nuestra universidad también está implementando las acciones requeridas por la Ley 21.369 que, entre otras, contempla la incorporación de contenidos sobre derechos humanos, violencia y discriminación de género en los planes curriculares”.
La decana Carolina Schiele Manzor -quien dirige la Red de Decanos de Facultades de Derecho en Chile- comenta que este tema se instaló con fuerza en 2018 y la UNAB, viéndolo venir, comenzó a trabajarlo a nivel de todo el plantel.
“Más amplio que género, diría diversidad e inclusión, que demuestran que no estamos ante un tema coyuntural, sino que tiene que tener una perspectiva técnica. Somos una universidad pluralista, la inclusión siempre ha sido decisiva. Un ejemplo de ello es que prácticamente tenemos paridad en los cargos directivos y académicos sin tributación”.
En la propia facultad incorporaron a su cuerpo académico especialistas en género. “Tenemos docentes tremendamente destacados que tratan muchos temas relacionados con la diversidad, el género y la inclusión en diferentes campos, desde las garantías constitucionales, la no discriminación en términos amplios hasta la perspectiva de género y la violencia en el ámbito penal, por ejemplo”.
Este enfoque se integró en el itinerario formativo de los futuros abogados, a través de una asignatura, y también han planteado proyectos de investigación en este sentido. “Es un tema delicado del que nos hemos hecho cargo, y no ha sido complejo porque ya lo había abordado la universidad”.
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