La vida mágica de Los Jaivas hizo historia en el Estadio Nacional (y con Gabriel y el “Gato”)

El canto de los pájaros, el sonido de la naturaleza que seguramente Los Jaivas Los escucharon en su época argentina en Zárate, y en la casona francesa de Les Glycinnes acompañaron el ingreso del público al Estadio Nacional. El recordatorio de un tema que ha atravesado el trabajo de la más universal de las bandas del rock chileno.

Y asimismo, el canto de los pájaros marcó un contrapunto. La primera presentación de Los Jaivas en el Nacional, en el lejano abril de 2003, estuvo llena de dolor. Fue un acto de homenaje a Eduardo “Gato” Alquintacon la presencia de sus hijos, Aurora, Ankatu y Eloy (quienes morirían tiempo después). Una noche eléctrica que funcionó como desahogo colectivo.

La noche del domingo 7 de diciembre estuvo llena de alboroto. Un aplauso sincero y agradecido a Los Jaivas, por su condición de emblema del rock chileno, en el recinto de espectáculos más importante del país.

A diferencia de un concierto convencional, se notó la presencia de un público transversal y familiar, con niños y adultos mayores, incluso el presidente Gabriel Boric se ubicó en el palco, ante el aplauso de parte del público.

El flujo de gente continuó ingresando al coliseo alrededor de las 21:00 horas, hora prevista para el inicio del espectáculo. En la tribuna de los Andes, bastantes optaron por sentarse en las escaleras. A partir de ahí se retrasó la salida del grupo hacia el escenario montado en el arco sur.

Recién alrededor de las 21:40 horas, tras un fuerte silbido del público, se apagaron las luces y apareció un cielo estrellado en las pantallas. Un marco que permitió proyectar la historia de Huayruro, un niño montañés que traza la historia gráfica del grupo en un viaje desde la cordillera hasta el mar. Un homenaje creativo, cariñoso e inesperado a René Olivaresel artista responsable del arte de los álbumes del grupo, falleció el pasado mes de octubre. “Gracias René”, sonó al final. Los aplausos del público marcaron el primer momento emotivo de la noche.

Y enseguida, sin tiempo para un descanso, sonaron las inconfundibles teclas y percusión, y la guitarra inundó en efecto que abrió el instrumental. puerto takirari. Los Jaivas ya estaban en el escenario.

El piano de Claudio Parra, de regreso luego de ausentarse de varios shows entre 2024 y esta temporada, destacó en un hermoso pasaje instrumental, que precedió a la lectura de Jaiva por Arauco tiene vergüenza, una de las canciones que el grupo reinventó en su época francesa. Fue el momento en que el grupo saludó al público. “Muchas gracias por todos los años que llevas allí.” dijo Mario Mutis. “Superando cualquier dificultad”, añadió.

Siguió un emocionado Claudio Parra, resumiendo un poco la historia del grupo antes de continuar con otro pasaje instrumental, el clásico Corre, te atraparé.un tema con ritmo de malambo, con Mario Mutis asumiendo la guitarra (Alan Reale tomó el bajo Rickenbacker), como invocando al inolvidable “Gato” Alquinta y Juanita Parra manejando con su habitual aplomo los rellenos y fraseos ricos en matices que alguna vez grabó su padre Gabriel. La acompaña Juan Pablo Bosco, con una apasionada interpretación del bombo legüero, a la que siguió un brillante segmento con timbales orquestales del percusionista. Matías Peñailillola primera y discreta invitada de la noche, presentada por Juanita.

Los invitados continuaron en el escenario; con el charango al hombro sube Roberto Márquez de Illapu a jugar El centinelael tema de los sueños de américa. Luego, sonaron los aplausos para el “macha” Aldo Asenjo, a cantar vergüenza de los demásun bolero antiguo con sabor a Oporto (grabado para la banda sonora de la película paloma blanca), en preparación para el espectáculo Depressed Block en el mismo coliseo. “Este chico es romántico”, bromeó Mario Mutis.

Luego se unió Nano popaquien ha acompañado al grupo en su gira nacional del disco Acoustic Concert, para cantar Indio Hernano. “Si no estuviera aquí, estaría dudando entre la gente”, afirmó el cantautor. Probablemente aplaudió, como el resto del público, la entrada de Pancho Sazo y “Tilo” Gonzálezdel Congreso, para sumarse a la interpretación de Valparaísola clásica canción de “Gitano” Rodríguez que parece trasladarnos a otra época. “Siempre quisimos ser Jaivas”, dijo Sazo.

Luego, sin previo aviso, entró Joe Vasconcelloscantar un mar de gente. También hizo gala de su habilidad con la conga, durante un segmento dominado por la percusión que animó a los asistentes. En el segmento también pasó canción del surOtra canción de la época de Zárate, que sonó abrumadora.

“¿Y cómo levantaron el piano?”, probablemente la pregunta que más ha escuchado Claudio Parra, se proyectó en las pantallas para marcar el siguiente bloque del espectáculo, la actuación completa de Alturas de Macchu Picchula obra inmortal del grupo y uno de los discos más importantes del rock chileno.

De repente, la atención del respetable se centró en la marquesina, donde un tipo con la esfera luminosa y el disfraz de Diablada realizaba una coreografía, tal como alguna vez lo hizo Gabriel Parra. Continuó subiendo al escenario y luego apareció en el monumento a los detenidos desaparecidos, mientras comenzaba a sonar el arreglo de ziku de apertura. Del aire al aire. Un hermoso homenaje a la historia del grupo.

En las pantallas, un cóndor cósmico sobrevuela el cielo estrellado mientras la introducción del siempre arrollador la muerte poderosa. El espíritu se levantó con Amor americanoun momento marcado por bellas visuales al estilo de la paicodelia inca.

El misterioso paso Águila sideralcon la guitarra inundada de efecto y el juego entrelazado con el bajo, el piano y la batería, en la noche cerrada y fresca.

América antiguasonó potente, destilando su marcha de inspiración rockera y el solo recreado precisamente por Alan Reale. Luego estallaron los aplausos en cuanto sonó la introducción del sintetizador Moog que marca Sube a nacer conmigo hermano. El karaoke masivo recordó otros conciertos históricos en el lugar.

Un momento de comunión entre el público y el grupo. En FinLa voz inexpresiva de Pablo Neruda sonó, como si hablara desde otra dimensión, mientras la imagen del Intiwatana, originalmente diseñada por René Olivares para la portada del álbum, pasaba por la pantalla.

El segmento final fueron los clásicos. Antes, la gente aplaudió a los integrantes del grupo, quienes en una secuencia de video, se reunieron para una imagen, a la que, a través de la tecnología, también se sumaron “Gato” Alquinta y Gabriel Parra. Los aplausos fueron notables y permitieron abrir la sección con Los conquistados, un momento coronado por las luces de los móviles.

ellos continuaron con El chili cracksorprendido con De un barrio, una canción del álbum Aconcaguano muy común, para seguir con el siempre animado proclamación para iluminarlos noventa hijos de la tierra (con la habitual introducción de Juanita en la batería) y Mambo de Machaguay.

subió al escenario Álvaro Henríquezel último invitado de la noche en cantar mira niñaAcompañado por el multitudinario coro del respetable. El cierre, con Juntosmarcó la despedida.

La ambiciosa puesta en escena, destacando el arte que atravesó la historia de Los Jaivas, presentó un marco apropiado para una celebración de su historia. Un concierto que celebró el legado de un grupo que nunca tuvo miedo de probar ideas y correr riesgos. Y mostró, una vez más, su profundo arraigo popular y familiar.

Exit mobile version