Por tercer año consecutivo, sin crisis, la meta de equilibrio estructural no se cumplió, superando en más de 3 veces lo comprometido inicialmente. Una vez pasadas las reacciones iniciales, es un buen momento para repasar algunos hechos y preguntarnos qué lecciones podemos sacar para que no se repita en el futuro.
Para quienes seguimos diariamente el rumbo de la política fiscal, sólo nos queda referirnos a los hechos y a los datos. Por eso abusaré de los informes de las finanzas públicas (IFP) y de los informes periódicos del Consejo Fiscal Autónomo (CFA).
En particular, el problema comenzó con un grave error en la estimación de ingresos en septiembre de 2023, cuando se presentó al Congreso el presupuesto de 2024. Debido a rectificaciones tardías, estos errores se acumularon con el tiempo, lo que dio lugar a brechas estimadas de 4.500 millones de dólares en 2024 y 7.500 millones de dólares en 2025.
En ambos años, si hubo un “momento estelar” en el que el Ministro de Hacienda tuvo que ratificar el cumplimiento de la meta o sincerarse de todos los desvíos en ingresos y/o gastos, fue al presentar el Proyecto de Ley de Presupuesto ante el Congreso, a finales de septiembre.
Por ejemplo, el CFA había advertido al Ministro de Finanzas el 29 de agosto de 2024, un mes antes de presentar el presupuesto, que los ingresos podrían reducirse hasta un 1,2% del PIB. Pero un mes después, al momento de presentar el presupuesto, el Tesoro corrigió a la baja los ingresos efectivos en sólo un 0,1% del PIB, mientras que los gastos se mantuvieron como porcentaje del producto. El resultado, apenas tres meses después, fue una brecha negativa del 0,9% del PIB en ingresos estructurales, similar a la advertencia del CFA.
¿Qué hubiera pasado si la corrección de ingresos se hubiera hecho al momento de presentar el presupuesto 2025? Pues bien, el nivel de gasto para 2025 se habría quedado sin margen de crecimiento para ser compatible con el objetivo de equilibrio del -1,1% del PIB.
Durante el año 2025 y en la presentación del presupuesto de 2026, podríamos decir que este modo de funcionamiento, casualidad o no, se repitió casi literalmente. Los ingresos tributarios para 2025 cerraron el año un 1% del PIB por debajo de lo estimado, apenas 90 días antes. Nuevamente advertido por el CFA en agosto de 2025. Mientras que los ingresos para 2026 se corrigieron en un 0,9% del PIB. Si se hubieran ajustado los ingresos al momento de presentar el presupuesto 2026, se habría tenido que reducir el gasto para seguir alineado con la meta.
Ésa era la cronología de un “default anunciado”, porque las señales eran visibles en los escenarios centrales del IFP y en las repetidas advertencias del CFA y, sin embargo, la política fiscal se condujo sin una corrección oportuna y proporcional.
Las lecciones son bastante evidentes:
(1) Realismo en la estimación de ingresos y metas: la meta fiscal requiere proyecciones prudentes. Si se sobreestiman los ingresos estructurales, el gasto automáticamente se desvía. Los objetivos deben ser exigentes pero alcanzables, para mantener la credibilidad de la norma.
(2) Corrección oportuna: el momento de revelar los desvíos no es “tres meses después”, sino al presentar el presupuesto y en cada IFP, con medidas proporcionales y verificables.
(3) Consecuencias y rendición de cuentas: sin costos por incumplimiento, ya sean políticos, institucionales o procesales, la norma se debilita y su compromiso futuro queda en manos de la “buena voluntad” del próximo Ministro de Finanzas.
La única buena noticia para nuestras finanzas públicas es que el futuro Ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, ha declarado que está preocupado y preocupado por cumplir las metas, que nos permitirán reconstruir la credibilidad perdida de nuestras instituciones fiscales.
(El autor es académico de la U. de los Andes e investigador del Instituto Libertad)







