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Economia

Los planes de Bolivia para dar un empuje a su industria de litio entre críticas a sus metas

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Bolivia trabaja para dar un nuevo rumbo a la industrialización del litio con pruebas para la extracción directa del mineral y así aumentar sus cuotas de producciónesto ante las dudas de algunos analistas sobre las metas nacionales o que prospere una eventual alianza regional para insertarse en el mercado global.

El país cuenta con más de 21 millones de toneladas de litio, una de las mayores reservas del mundo. El principal está en el salar de Uyuni en la región andina de Potosí, y en menor medida en los yacimientos de Pastos Grandes, también de Potosí, y Coipasa, compartido entre el departamento boliviano de Oruro y Chile.

Según cifras oficiales, en 2021 se invirtieron US$ 24,5 millones para reactivar proyectos de explotación de litio, además, en ese mismo año el país recibió más de 27,4 millones de dólares por la venta de carbonato de litio y cloruro de magnesio.

proyecciones

El Gobierno de Luis Arce puso en marcha en 2021 un centro de investigación para desarrollar tecnología para industrializar litio y lanzó una convocatoria internacional para empresas interesadas en probar tecnología de extracción directa de litio (EDL) en Bolivia.

Según el Ejecutivo, con esta tecnología se podrá acelerar el proceso de industrialización del litio, ya ello se suma el anuncio del inicio de operaciones de una planta de carbonato de litio que alcanzará una producción de 15.000 toneladas anuales.

Bolivia prevé que con este centro aumentar la capacidad de producción de la planta piloto de materiales catódicos para baterías de litio y de cátodos, hidróxido, cloruro de potasio y otras materias primas que ya se están produciendo en el país.

Además, actualmente se realiza una cuantificación de los recursos en el salar de Coipasa, con lo que el Gobierno espera que aumente la cantidad de reservas de litio de Bolivia.

El objetivo con estos proyectos es “tener una nueva cuota de producción” y “mejorar la posición de Bolivia en el contexto del mercado del litio”, dijo recientemente el ministro boliviano de Hidrocarburos y Energía, Franklin Molina.

Sin embargo, Pablo Solón, investigador que ocupó varios cargos diplomáticos durante el gobierno de Morales, se mostró menos optimista sobre los objetivos del gobierno y dijo a Efe que “el avance (en la industrialización) es muy bajo en Bolivia”.

Solón puso como ejemplo que la planta de cloruro de potasio “ha trabajado al 20% de su capacidad desde su creación en 2018 y que la de carbonato de litio lleva casi cuatro años de atraso, a lo que se suma que los ingresos que genera “son muy bajos”. “

bloque de litio

México, que cuenta con uno de los yacimientos de litio más grandes del mundo, además de Argentina, con una parte importante de este recurso, impulsan propuestas para generar sinergias en las que Bolivia busca ser un actor fundamental junto a Chile y Perú, países cuyos gobiernos en su conjunto comparten ideas progresistas y de izquierda.

El economista y experto en el tema del litio, Pablo Poveda, recordó en declaraciones a Efe que la idea de formar este tipo de bloques se planteó en los primeros años del gobierno del entonces presidente Evo Morales (2006-2019) y que desde entonces se han registrado muchos cambios.

Poveda señaló que la realidad del mercado del litio “no sigue las aspiraciones de políticas progresistas” y que “la materia prima de los salares (Argentina, Chile y Bolivia) puede ser desplazada por material rocoso mucho más apropiado para la producción”. .”

La extracción de litio a través de piscinas implica “costo y tiempo excesivos”, en el caso boliviano se prolonga hasta 11 meses, mientras que la extracción de roca, que se practica en China y Australia, demora menos de 24 horas a través de procesos químicos, aseguró.

Además, se mostró pesimista sobre la posibilidad de que la formación de un bloque regional pueda afectar los costos internacionales del metal, “los precios se controlan en la producción de pilas, no en la producción de materias primas”.

Por su parte, Solón dijo que Bolivia “tiene que ser mucho más realista” en sus reclamos.

“Cualquier estrategia regional puede ayudar” para el intercambio de experiencias, pero a diferencia de Chile y Argentina, que están en proceso de extracción de litio, Bolivia y México aún “no existen” en las estadísticas mundiales.

En el primer trimestre de este año, Bolivia generó alrededor de US$18,6 millones por la venta de carbonato de litio y cloruro de potasio, lo que ya superó los ingresos obtenidos en el primer semestre del año pasado, que fueron de US$11,6 millones. .

#Los #planes #Bolivia #para #dar #empuje #industria #litio #entre #críticas #sus #metas

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Economia

“Que se haga justicia, aunque perezca el mundo”

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JOSÉ MIGUEL ALDUNATE H., Director de Estudios del Observatorio Judicial

#haga #justicia #aunque #perezca #mundo

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El sueño imposible de Bolívar

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JUAN IGNACIO BRITO, Profesor de la Facultad de Comunicación e investigador del Centro de Señales de la Universidad de los Andes

juan ignacio brito

La idea de la integración latinoamericana volvió a ser mencionada en la cumbre de la Celac realizada en Buenos Aires la semana pasada. Parece que el “sueño de Bolívar” es de lo que hablan los líderes de nuestra región cuando no tienen nada más que decir. Pero lo cierto es que hasta el Libertador terminó sus días desilusionado con su ideal de unidad.

Tras la victoria en Ayacucho (1824) había llamado a América “la esperanza del universo”, pero el Congreso de Panamá (1826) que convocó para sellar la integración fue un rotundo fracaso. Ya en 1829 el héroe desencantado admitía que “hemos probado todos los principios y todos los sistemas y ninguno ha llegado a buen puerto”. Lo que prevaleció fue el desorden y la ruina, no la unidad.

El mismo Bolívar dijo de sí mismo que era “un genio de la tormenta”. Lo suyo era la guerra y la revolución, no la construcción institucional. “Muchos generales saben ganar las batallas, pero no qué hacer con sus victorias”, lamentaría, en una declaración muy autocrítica, unos meses antes de exiliarse en 1830.

Lo que sucedió con el sueño unitario de este héroe imperfecto es una sinopsis de lo que vendría después. Nuestra región es un lugar donde prevalecen la violencia, la desigualdad, las personalidades y la fragilidad institucional. No es raro que en un entorno así la integración no vaya más allá de los discursos y resulte ser una quimera. América Latina vive, como escribió el patriota Luis Briceño Méndez a Bolívar en una carta, “en la era de los errores. Para remediar uno cometemos cincuenta”.

La última nota retórica en la historia de la fallida integración regional la protagonizaron hace unos días Lula da Silva y Alberto Fernández, cuando anunciaron con más entusiasmo que realismo la creación de una moneda común, el “Sur”. Rápidamente, desde Caracas saltó el dictador Nicolás Maduro para proclamar que se sumaba a la propuesta.

Como siempre, el voluntarismo no tardó en chocar con la realidad. Es imposible que un país con un Banco Central autónomo y una inflación relativamente controlada quiera unir su política monetaria con Argentina, cuyo desorden fiscal parece irreparable. Pronto salió Brasilia a aclarar que la idea es crear una “moneda financiera”, no una que circule. De ahí vino el “sur”. ¿Volveremos a saber de él?

Las palabras más sensatas pronunciadas en la Celac vinieron de Luis Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, esa pequeña isla de la excepcionalidad. Alzando valientemente la voz, Lacalle Pou reveló a sus compañeros el elefante en medio de la mesa de reuniones, llamando a la Celac “un club de amigos ideológicos” y afirmando que “para que este tipo de foros subsista hay que generar esperanza. Y las esperanzas se generan en el camino recorrido, en la práctica en la acción.” En otras palabras, las acciones, y no las palabras, definen la integración.

El problema evidente es que para que haya una verdadera unidad se necesitan varios requisitos: comunidad de intereses, tiempo, creación de un régimen con reglas comunes percibidas como legítimas y respetadas por todos, sistemas políticos compatibles y, finalmente, líderes comprometidos y coherentes. Todos bienes escasos en estas latitudes.

Con dolor, Bolívar llegó a reconocerlo. Por eso terminó sus días sumido en la amargura, arrepintiéndose incluso de haber hecho la guerra a la metrópolis colonial. Su diagnóstico es lapidario: “No hay buena fe en América ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las constituciones, libros; las elecciones, los combates; libertad, anarquía; y la vida, un tormento”.

#sueño #imposible #Bolívar

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La idea de la integración latinoamericana volvió a ser mencionada en la cumbre de la Celac realizada en Buenos Aires la semana pasada. Parece que el “sueño de Bolívar” es de lo que hablan los líderes de nuestra región cuando no tienen nada más que decir. Pero lo cierto es que hasta el Libertador terminó sus días desilusionado con su ideal de unidad.

Tras la victoria en Ayacucho (1824) había llamado a América “la esperanza del universo”, pero el Congreso de Panamá (1826) que convocó para sellar la integración fue un rotundo fracaso. Ya en 1829 el héroe desencantado admitía que “hemos probado todos los principios y todos los sistemas y ninguno ha llegado a buen puerto”. Lo que prevaleció fue el desorden y la ruina, no la unidad.

El mismo Bolívar dijo de sí mismo que era “un genio de la tormenta”. Lo suyo era la guerra y la revolución, no la construcción institucional. “Muchos generales saben ganar las batallas, pero no qué hacer con sus victorias”, lamentaría, en una declaración muy autocrítica, unos meses antes de exiliarse en 1830.

Lo que sucedió con el sueño unitario de este héroe imperfecto es una sinopsis de lo que vendría después. Nuestra región es un lugar donde prevalecen la violencia, la desigualdad, las personalidades y la fragilidad institucional. No es raro que en un entorno así la integración no vaya más allá de los discursos y resulte ser una quimera. América Latina vive, como escribió el patriota Luis Briceño Méndez a Bolívar en una carta, “en la era de los errores. Para remediar uno cometemos cincuenta”.

La última nota retórica en la historia de la fallida integración regional la protagonizaron hace unos días Lula da Silva y Alberto Fernández, cuando anunciaron con más entusiasmo que realismo la creación de una moneda común, el “Sur”. Rápidamente, desde Caracas saltó el dictador Nicolás Maduro para proclamar que se sumaba a la propuesta.

Como siempre, el voluntarismo no tardó en chocar con la realidad. Es imposible que un país con un Banco Central autónomo y una inflación relativamente controlada quiera unir su política monetaria con Argentina, cuyo desorden fiscal parece irreparable. Pronto salió Brasilia a aclarar que la idea es crear una “moneda financiera”, no una que circule. De ahí vino el “sur”. ¿Volveremos a saber de él?

Las palabras más sensatas pronunciadas en la Celac vinieron de Luis Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, esa pequeña isla de la excepcionalidad. Alzando valientemente la voz, Lacalle Pou reveló a sus compañeros el elefante en medio de la mesa de reuniones, llamando a la Celac “un club de amigos ideológicos” y afirmando que “para que este tipo de foros subsista hay que generar esperanza. Y las esperanzas se generan en el camino recorrido, en la práctica en la acción.” En otras palabras, las acciones, y no las palabras, definen la integración.

El problema evidente es que para que haya una verdadera unidad se necesitan varios requisitos: comunidad de intereses, tiempo, creación de un régimen con reglas comunes percibidas como legítimas y respetadas por todos, sistemas políticos compatibles y, finalmente, líderes comprometidos y coherentes. Todos bienes escasos en estas latitudes.

Con dolor, Bolívar llegó a reconocerlo. Por eso terminó sus días sumido en la amargura, arrepintiéndose incluso de haber hecho la guerra a la metrópolis colonial. Su diagnóstico es lapidario: “No hay buena fe en América ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las constituciones, libros; las elecciones, los combates; libertad, anarquía; y la vida, un tormento”.

#sueño #imposible #Bolívar

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