DIRECTOR:
La captura y extracción por fuerzas especiales norteamericanas de Nicolás Maduro, de su residencia fortificada en Fuerte Tiuna, en Caracas, ha generado reacciones particulares, que por momentos parecen dominadas más por prejuicios que por un frío análisis de la realidad.
Algunos invocan, casi religiosamente, el derecho internacional a favor de un dictador culpable de miles de muertes, presos políticos y que robó al menos dos elecciones. Una postura cuanto menos curiosa, ya que nadie debería beneficiarse de su propio fraude. Para otros, es motivo de celebración, más allá de las evidentes violaciones a la autonomía soberana de los Estados, pero en una situación en la que al menos cabe preguntarse por qué tuvo que llegar a este punto de descomposición institucional en Venezuela, con una diáspora de casi ocho millones de personas, para que “alguien haga algo”.
En una situación como esta, de hechos consumados, no hay lugar para condenas y moralejas. Hay más de 12 millones de personas sumidas en la pobreza y sufriendo una brutal persecución sólo por expresar sus opiniones, y mientras las declaraciones de Donald Trump siguen siendo tan contradictorias como radicales (como siempre), las de Marco Rubio parecen más claras, y si bien reivindican la primacía del poder estadounidense en la crisis, parece que, por fin, algo puede mejorar para Venezuela. En esta situación, la pregunta que surge es por qué América Latina, y especialmente su izquierda, permitió que se desarrollara durante décadas un proceso que terminó conduciendo a esta situación. Cuántos problemas nos hubiésemos salvado, cuántas muertes y presos políticos, si los países de la región hubieran reaccionado a tiempo.
Hoy sólo queda ser proactivos y ofrecer apoyo a la sociedad venezolana en un escenario donde la asimetría de poder parece abrumadora para ella. En lugar de atacar al Presidente estadounidense con clichés y clichés, tal vez sea hora de coordinarnos para aplicar algo del tan hablado “poder blanco” y generar un programa de ayuda que permita a esa sociedad volver a levantarse más allá de la ayuda estadounidense. No se trata de antagonizar a EE.UU., sino de ser relevantes y proactivos en las soluciones para Venezuela, más allá de las declaraciones performativas que nos llevaron a esta situación.
FernandoWilson L.
Profesor de la Facultad de Artes Liberales UAI







