Los vientos de cola para la economía son condiciones favorables que impulsan el crecimiento, la inversión y la confianza del negocio. Pueden surgir de factores externos, como los precios favorables de las materias primas o los acuerdos comerciales, o para las expectativas internas sobre los cambios políticos que generan un mejor clima comercial. La economía no solo reacciona a la política cuando se implementa, sino que también la anticipa. La opción de un gobierno pro-recepción puede activar efectos positivos meses antes de una elección, ya que los inversores y empresarios ajustan sus estrategias de acuerdo con los escenarios políticos planificados. Esto puede traducirse en una mayor confianza e inversión privada y la recuperación del consumo.
Reducir los impuestos corporativos y ofrecer incentivos de inversión atraerían capital nacional y extranjero, promoviendo el crecimiento y la reinversión. La experiencia internacional muestra que una carga fiscal simplificada favorece el espíritu empresarial y la innovación. Del mismo modo, facilitar el acceso al financiamiento de las PYME y eliminar obstáculos burocráticos mejoraría su expansión en un entorno más dinámico.
“Comprometerse con la desregulación en sectores como la minería, la energía y la construcción aceleraría la inversión y haría que Chile sea más atractivo para los inversores”.
Comprometerse con la desregulación en sectores como la minería, la energía y la construcción acelerarían la inversión y haría que Chile sea más atractivo para los inversores. Un gobierno comprometido con este enfoque y modernización de su estructura facilitaría la ejecución de proyectos clave, lo que permite que los sectores productivos operen de manera más eficiente y certeza.
Invertir en transporte, conectividad digital y energía fortalecería la productividad y el empleo. Las asociaciones públicas-privadas podrían modernizar las carreteras, ampliar el acceso a Internet y mejorar la movilidad laboral. La construcción de carreteras, puertos y aeropuertos impulsaría el comercio e integración regional, mientras que una mayor inversión en energía renovable garantizaría un suministro sostenible y competitivo.
Expandir los mercados a través de nuevos acuerdos comerciales también fortalecería los sectores como la agricultura, el litio y los servicios, aumentando la resiliencia económica en la crisis. Diversificar las exportaciones y abrir a nuevos mercados permitiría a Chile aprovechar su potencial en los sectores emergentes, consolidándolo como un actor relevante en el comercio internacional. Un marco legal estable y competitivo facilitaría el acceso de los exportadores a los mercados extranjeros y mejoraría la competitividad de nuestros productos. La inversión en infraestructura logística y la reducción de los costos asociados con el comercio exterior serán clave en este proceso.
Esperemos que los candidatos presidenciales reconozcan la importancia del crecimiento económico como una demanda ciudadana prioritaria. La inclusión de estas reformas en sus programas alentaría a la economía desde 2025 y, si se implementa, marcaría la diferencia entre la prosperidad y el estancamiento. El futuro económico de Chile dependerá de la capacidad del próximo gobierno para promover la inversión y la productividad. La clave será en medidas pragmáticas y sostenibles que generan crecimiento y mejoran la calidad de vida.







