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Aunque autoridades y analistas ya venían advirtiendo desde principios de año de la mala salud de la economía alemana, el 9 de octubre el ministro de Economía, Robert Habeck, confirmó que los alemanes afrontarán un segundo año de recesión.. Y aunque el anuncio de la autoridad no sorprendió, sí generó preocupación, ya que el enfermo de Europa, como se le ha llamado, no sólo enfrenta problemas coyunturales, sino también estructurales mucho más difíciles de abordar.
Esta semana el Fondo Monetario Internacional (FMI) proyectó un crecimiento cero para Alemania en su informe Perspectivas Económicas, y un escenario de desaceleración de la economía en los países desarrollados y a nivel global. Con Alemania completamente detrás, la proyección del organismo es que la Eurozona tendrá un desempeño mediocre, con un avance del 0,8%.
Según la última intervención del Ministro de Economía alemán, El PIB de la tercera economía del mundo y principal economía europea se contraerá un 0,2% en 2024 (ya se contrajo un 0,3% el año pasado)– como consecuencia de las dificultades en el sector manufacturero, la competencia y desaceleración de China, uno de sus principales socios comerciales, y el efecto de la subida del gas ruso por la guerra en Ucrania, que disparó los costes energéticos y desató una fuerte inflación.

Como economía orientada a la exportación, la débil demanda global y las tensiones geopolíticas afectaron a la economía alemana el año pasado, cuando las exportaciones se contrajeron un 0,3%. Asimismo, para este año el gobierno espera una contracción del 0,1% en las ventas al exterior. “La mitad del crecimiento de Alemania proviene de las exportaciones y si nos fijamos en lo que sucede en el mundo, este pilar también está bajo ataque”, afirmó Habeck. Añadió que “Alemania y Europa están atrapadas en las crisis entre China y Estados Unidos, sus mayores socios comerciales”, en referencia al aumento de las medidas proteccionistas.
A pesar de las malas noticias, el Gobierno alemán espera volver a crecer un 1,1% en 2025 y un 1,6% en 2026. impulsado principalmente por un repunte del consumo privado y la estabilización de la inflación. De hecho, se espera que la inflación caiga al 2,2% en 2024 desde el 5,9% del año pasado, y se prevén nuevas reducciones en los años siguientes, estabilizándose en el 1,9% en 2026.
Sin embargo, estas proyecciones dependen de la implementación exitosa de reformas estructurales y de la estabilización de las condiciones económicas globales. Habeck ha dicho que es esencial aplicar un paquete de crecimiento integral compuesto por 49 medidas, que pretenden revitalizar la economía fomentando la inversión, mejorando la productividad y abordando problemas estructurales como el envejecimiento de la población, la caída de la inmigración, una burocracia engorrosa, una transición energética compleja y el retraso de la digitalización.
Según Habeck, estos problemas están “empezando a pasar factura”, ya que “desde 2018, la economía alemana no ha experimentado ningún crecimiento significativo”.
¿Qué pasó?
La revisión de la autoridad económica se produce un mes después El Grupo Volkswagen, principal productor y exportador de automóviles, anunciará cierres de fábricas y despidos. El cierre de cualquier agencia dentro de su país de origen sería el primero en los 87 años de historia de la empresa, y estaría sucediendo porque algunas de sus fábricas, tanto de automóviles como de componentes, se han quedado obsoletas. Según estimaciones, Volkswagen podría eliminar hasta 30.000 puestos de trabajo debido a la caída de la producción. En agosto, las ventas de coches eléctricos en Alemania se desplomaron más del 69% en comparación con las cifras de hace un año.
A esto se ha sumado una ola de ventas por parte de empresas en busca de capital fresco y alivio financiero. Este es el caso de Deutsche Bahn, el operador ferroviario nacional de Alemania, que recientemente acordó vender su filial logística Schenker a su rival danés DSV por aproximadamente 14 mil millones de euros. A la misma situación se enfrentaría el Commerzbank, el segundo banco privado de Alemania, que podría ser adquirido por el italiano UniCredit.
Miguel Otero, investigador principal de economía política internacional y experto en Alemania del Instituto Sebastián Elcano de España, explica que entre las razones del deterioro económico alemán está que se durmieron en los laureles. “Todo el cambio hacia la transición energética mediante el uso de energías menos contaminantes implicó más inversión pública. Pero no se llevaron a cabo. Porque existe esa obsesión por las cuentas liquidadas, el “cero negro”, que se introdujo en la Constitución y que impide al país endeudarse más del 0,35% del PIB, para evitar el gasto público y promover la austeridad y el equilibrio fiscal”. Y eso le está pasando factura, afirma.
De hecho, y para evitar que la deuda pública se disparara después de la crisis financiera mundial de 2009, Alemania consagró en la Constitución un “freno de la deuda”, que establece límites estrictos a los niveles de deuda pública federal y restringe el endeudamiento público. Estas medidas han tenido un grave impacto en la falta de infraestructura en todos los ámbitos, desde la digitalización hasta la infraestructura que ha retrasado la modernización de ese país.
Otero añade que otro de los grandes motivos del estancamiento es su inmensa burocracia, “La tradición alemana tiene mucho que ver con el protocolo, el procesamiento y el control. Y eso la convierte en una administración pública pesada y muy burocrática en términos de procedimientos”.
Punto aparte es su fuerte dependencia del comercio mundial, particularmente de Estados Unidos y China, sus principales socios comerciales. En este sentido, Otero explica que en Alemania existe una gran preocupación por el potencial proteccionismo que se podría instalar en Estados Unidos si Donald Trump gana las elecciones, y porque China se ha vuelto muy dinámica y competitiva en términos de exportaciones, particularmente con electricidad más barata. coches. . “A Alemania no le interesa un mundo dominado por el proteccionismo y los aranceles, porque es una economía muy abierta y dependiente del comercio.”.
El economista asegura que, para salir de este triángulo dependiente de las políticas de los países poderosos, es necesario desarrollar una mayor competitividad y en el caso de Alemania, promover la demanda interna y que el Estado invierta más en el propio país. “Debemos promover una autonomía estratégica abierta, tanto en Alemania como en Europa. Y para eso sería bueno recurrir al informe Draghi, elaborado por el ex presidente del Banco Central Europeo Mario Draghi, que busca mejorar la competitividad y la productividad en la zona del euro”.
Y en ello el papel de Alemania es clave, siendo el motor de la Unión Europea. “Si Alemania no funciona, no avanza, no progresa, no crece, entonces lógicamente Europa en su conjunto sufre y se estanca. Debemos buscar más escala, más capacidad fiscal central y una gobernanza más ágil. Soy optimista, porque el alemán, que tiene capacidad de innovación, una mano de obra altamente cualificada, tiene que lanzarse a competir en la era de la digitalización y la Inteligencia Artificial, impulsar nuevos sectores tecnológicos como los semiconductores, la bioquímica. Llevará algún tiempo, porque las reformas no se hacen de la noche a la mañana, pero creo que sería un error subestimar la capacidad productiva e innovadora de Alemania”, afirma.
Al respecto, Vanessa Severin, Asociada de Inversiones en Alemania de InvestChile, explica que En ese país se han quedado sin materia prima para fabricar coches eléctricos y hacer la transición a la electromovilidad. “Alemania necesita materiales críticos como litio, cobre, cobalto y tierras raras. y por eso está desarrollando un proceso de diversificación de socios comerciales con énfasis en materiales críticos y promoción de inversiones enfocadas en sectores estratégicos como la descarbonización, las energías verdes, el almacenamiento y el hidrógeno verde”. En este punto menciona la Ley de Materias Primas Críticas de la Unión Europea, que incentiva la búsqueda de nuevos socios comerciales alternativos como Australia, Argentina, Chile, Canadá, el Norte de África, y así evitar la dependencia de un solo país como China como el único proveedor de materias primas.
Agrega que, tanto desde la Unión Europea como desde Alemania, también están impulsando una reindustrialización que pasa por la entrega de subsidios para que las empresas que se han ido deslocalicen parte de sus procesos manufactureros en Europa. Y en el caso de Alemania esta subvención estaría enfocada a la industria farmacéutica y de automoción.
Concluye que Alemania se ha basado durante mucho tiempo en sus fortalezas, le ha faltado inversión en lo básico, que es la infraestructura que permitirá que las industrias sigan creciendo. Sin embargo, asegura que, por el tamaño y la cultura de la industrialización, y gracias a las medidas que se están tomando, es probable que el país empiece a despertar.
