AMOR: Su definición es una tarea imposible que, sin embargo, poetas y filósofos emprenden con útil empeño. Es un concepto en permanente metamorfosis, sobre el que es necesario reflexionar, a pesar de su fluidez. Está ligado a los credos que cada época tiene sobre la intimidad y las emociones sociales. Es decir, de cómo el poder trata de limitar el espectro del deseo. De nada sirve reprimir y ordenar las pasiones. El amor es resistente a las explicaciones sobre su naturaleza. Hay que rodearla, porque los estereotipos no sirven para dilucidar su esencia.
Alain Badiou indica que, en el mundo contemporáneo, el amor se encuentra acorralado, asediado y amenazado. Es tarea de la filosofía defenderlo y reinventarlo. Lo hace en una extensa entrevista convertida en libro, titulada Elogio del amor. En él explica que no es lo mismo la verdad de uno que la que emana de dos: “Cualquier amor trae la prueba de que el mundo se encuentra y se experimenta fuera de una conciencia solitaria”.
Badiou recuerda una idea de Jacques Lacan que deja resonancias: “Mientras el deseo se dirige hacia el otro, de una manera siempre un poco fetichista, hacia las zonas elegidas, como los senos, las nalgas, el pene… el amor se dirige hacia siendo. mismo del otro, tal como ha surgido, en mi vida rota y recompuesta”.
La ficción amorosa prediseñada ha estado de moda durante mucho tiempo. Las aplicaciones para encontrar pareja son la máxima expresión. Con ellos se evitan encuentros innecesarios, se aseguran de que ambos, al menos, se gusten. Son un filtro para evitar el riesgo inherente a la pasión, dulce y amarga, como recuerda Anne Carson en un famoso ensayo.
Tal vez esta palabra esté más ligeramente ocupada. Parece ser menos relevante que las opciones de género cuando se habla de parejas. El erotismo ha sido reubicado en el silencio. La ambigüedad y la duplicidad son esenciales en la seducción, desde estos espacios se despliega el cuerpo. Hoy son territorios sembrados de dudas, que están siendo delimitados con una nueva moral. No estoy en posición de juzgarla, excepto para señalar que en estas circunstancias el amor se vuelve menos pronunciable.
INDIVIDUAL: Referirse a alguien como individuo es despectivo, anticuado, hay otras formas de llamar a las personas. Es un término que se asocia con el aislamiento. Suena desalmado, cercano a la policía. Individualizar es un verbo que tiene que ver con el delito.
En el mejor de los casos, se designa así a los que quieren ser apartados de la vida comunitaria, los mafiosos que defienden egoístamente su espacio. Se afirman a sí mismos en medio del nosotros. Y con esa posición irritan.
No siempre fue así, basta recordar el poema de Nicanor Parra soliloquio del individuo, publicado en 1954, para darse cuenta de que era una palabra con sustancia. Es un texto hipnótico, con resonancias antropológicas y metafísicas, que habla del eterno retorno. El anarquismo de Parra reside en su atención a lo inútil y ridículo que esconde la esperanza en el progreso. Después de enunciar el desarrollo del mundo, sólo queda en pie el ermitaño: “Yo soy el Individuo. / Bueno. / Es mejor tal vez que regrese a ese valle, / A esa roca que me sirvió de hogar, / Y vuelva a empezar a grabar, / De vuelta al disco anterior / El mundo al revés. / Pero no: la vida no tiene sentido”.
Aquel ermitaño era una figura atractiva, se le atribuía un especial conocimiento del ego, sabiduría obtenida por el cultivo del estoicismo. En la actualidad, la fobia a los demás es un grave defecto, la timidez y el ensimismamiento tienen nombres de patologías. No querer ser parte de un grupo es una enfermedad.
MISTERIO: La transparencia ha oscurecido los secretos. Hay demasiado que no se puede pronunciar por vergüenza o miedo. El deseo es la primera víctima y la privacidad la segunda. Ambos están en el limbo, siendo revisados para su corrección. La búsqueda de la pureza, el deseo de tener un currículum prolijo, nos impiden reconocer el misterio.
Hay personalidades que generan interés, poseen un aura magnética: paradójicas, impredecibles, fieles a sí mismas ya las estrategias de la sospecha. Estos personajes son inusuales en la narrativa y en el pop actual. Hay un orgullo asociado al misterio que se afirma en una estética oscura que está en retirada. La noche y el negro son sus símbolos.
A los artistas que practican el activismo no les interesa el misterio. A los periodistas tampoco les importan los sujetos en sí, sus temperamentos. Eligen tramas de poder u opiniones sobre la contingencia.
Uno de los efectos más utilizados en el repertorio de misterio es el suspenso. El cine de Alfred Hitchcock es una de sus expresiones más perfectas. Distinto es el talante de la misma si la comparamos con tantas series cuyo argumento suele centrarse en una psicología predecible, como si el inconsciente no existiera. Los finales no importan, no contienen la respiración, son soluciones de continuidad para la próxima temporada.
El pasado y la memoria son espacios donde nada es como se cree. Las apariencias no solo engañan, sino que se desvanecen con el paso de los años. La lectura de la historia ayuda a desentrañar las incógnitas que impregnan determinadas épocas o personajes, aunque es imposible agotarlas.
El ocultismo abunda sin interés. No por respeto a la privacidad, sino por falta de curiosidad. La literatura enseña que la existencia está permeada por “lo siniestro”, que aparece en escena sin ser invocado. Freud dedica un ensayo a esta noción y toma como ejemplo un cuento fantástico de ETA Hoffmann. los que leen El pájaro obsceno de la noche.de José Donoso, o conocen las leyendas chilotas filmadas por Raúl Ruiz, saben que lo recóndito, velado y turbio habita sujetos más allá de distinciones de cualquier tipo.
El arte trabaja con esa naturaleza dionisíaca, que no es rastreable por métodos sociológicos. Se presenta de manera impredecible y toma nombres tan dispares como inspiración, lucidez o desastre. Estar conectado a las grietas privadas ayuda a intuir los impulsos subterráneos que nos asaltan. También otorga la libertad de observar la fugacidad y no dar ni un momento a las posteriores.
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