Ricardo Abumohor (83 años) saca una cajetilla de Benson & Hedges y enciende un cigarrillo. “Los fumo desde que tenía 16, son los únicos que me hacen bien”, dice el expresidente de la ANFP entre 1993 y 1998. Con una larga trayectoria como dirigente, el empresario es voz autorizada para hablar del complejo presente del fútbol chileno, sobre todo, luego de los graves incidentes provocados por barristas de la U ante Audax Italiano. “En los 60 fuimos capaces de organizar un Mundial después de sufrir el terremoto más grande de la historia; hoy no podemos ni programar un partido”, dispara.
¿Qué pasa con el fútbol chileno?
El mundo cambió. La tecnología transparentó un montón de cosas. Creo que el fútbol no se ha puesto a tono con el mundo actual. Queremos seguir en los mismos términos de antes y eso no es válido. El mundo ha avanzado en un montón de cosas y hoy se requiere de los mejores profesionales para cada una de las áreas. Esto no es una cuestión de improvisación. Y de lo único que escucho hablar es que Pablo Milad lo ha hecho mal. No digo que lo haya hecho bien, pero hoy no es una cuestión de cambiar a una persona por otra. Si tú no cambias la base, nos va a pasar lo mismo que pasó en Concón, donde hicieron un edificio de un millón de dólares cada departamento en la ribera de un pantano. Se tienen que cambiar los esquemas. Aquí había muchas cosas mal hechas. Hubo períodos en donde favorecieron a clubes para que no descendieran y se crearon ligas para eso mismo.
¿Reformular esas bases significa separar la Federación de la ANFP?
Lo estamos haciendo mal. Estamos parchando. Escucho decir como una cosa vital separar la Federación de la ANFP. No digo que no sea válido, puede que lo sea, pero eso es un detalle dentro del esquema general. No tan solo no va a solucionar, sino que, si no lo haces con bases sólidas, vas a crear un problema mayor. Las divisiones tienen que ser reformuladas. ¿Hace cuánto que no tenemos una Selección Sub 17 o Sub 20 compitiendo internacionalmente? ¿Hace cuánto que no tenemos campeonatos competitivos en las divisiones menores? Siguen jugando en Quilín hasta las finales. Hay que hacerlo en forma regional, porque no hay recursos. Y resulta que el fútbol se fue desarrollando de una manera física por sobre la técnica. En Chile hay talento, pero está muy mal trabajado. Y fuera de eso, se han perdido las lealtades, el romanticismo, la camiseta. Hoy día todo es económico. Hoy estoy en este club y mañana me voy al del enemigo porque me pagan más. Se ha perdido esa pasión.
¿No es profesionalismo eso?
No, pues. No. Es un tema económico. Para programar un partido, no sé por cuántas partes se pasa. Cuesta programar un partido y más encima te restringen el aforo. Me acuerdo de los dirigentes de 1962, en donde estaba mi padre Nicolás con Carlos Dittborn, Ernesto Alvear, que fueron capaces de hacer un Mundial con el terremoto más grande de la historia, con el país destrozado. ¡Y aquí no podemos programar un partido! Mire lo que pasó en el inicio del torneo en el Estadio Nacional. Después de 60 años, hay algo que no funciona.
A propósito, luego de los graves incidentes del duelo entre la U y Audax, ¿cómo se combate la violencia en el fútbol?
Fue el inicio de campeonato más triste que podía haber. Lamentable. Se perdió el respeto. Pero todo es parte de lo que digo, del esquema actual, que no tiene reglas claras: hay que cambiar los cimientos del fútbol chileno. No basta con separar la Federación de la ANFP. Hay que implementar cambios profundos. No sé cómo el gobierno, el ministro del Deporte y el fútbol no ven lo que está pasando, no solo con la violencia, sino con este problema estructural que tenemos.
¿Los dirigentes actuales son los responsables?
Es que hay un montón de cosas. No creo que haya nadie que lo quiera hacer mal, pero si no te sabes adaptar a las circunstancias actuales, es muy difícil. El mundo cambió, se transparentó, la gente necesita volver a creer. Acá no les creen a los árbitros, al VAR, a nadie. Y nosotros no tenemos esa apertura. Aquí los Consejos de Presidentes son cerrados, cuando hasta los juicios se televisan. La gente se pregunta ¿quién es el dueño de este club? ¿Quién es el dueño de esto? Cuando vendimos O’Higgins, dijimos lo vendimos a esta persona. Nos sacaron la cresta al principio, pero dijimos la verdad. Esta actividad es una actividad emocional y pasional por excelencia y tú necesitas a la gente, porque podrás ser dueño de un club en la ley, pero en la práctica solo lo estás administrando. Así como el gobierno hizo las sociedades anónimas deportivas, que fueron importantes cuando se hicieron, porque regularon un montón de cosas y hoy los sueldos se pagan, pero después de veintitantos años hecha la ley, hecha la trampa. El gobierno tiene la obligación de reformularlo, pero con profundidad.
¿Qué le parece la reforma a Ley SADP?
Va a ser difícil. Hay que armar un esquema nuevo. Y para eso necesitas profesionales y necesitas ayudarte con gente de la FIFA, de la Conmebol, que te ayuden y que te aporten para el desarrollo. Hay que abrir esta actividad a la gente, tienes que transparentarlo todo. La gente tiene que saber qué opinan los presidentes de clubes, qué es lo que dicen en los Consejos.
¿Está de acuerdo con que los representantes sean dueños de clubes?
No me gusta. No creo que sea lo ideal. Creo que los representantes son válidos y pueden existir, pero tienen que ser representantes, limitarse a eso. El fútbol hay que llevarlo a la máxima transparencia, necesitamos que el país vuelva a creer en él. Oye, tuve cinco años en venta a O’Higgins y como no apareció nadie se lo vendí a un grupo mexicano. Sé que Christian Bragarnik ya no representa jugadores, pero tú sabes que todo es nebuloso. Aquí estamos empecinados en decir que vamos a separar la Federación de la ANFP, como si esa huevada fuera la solución. Y es solo un detalle. Es un detalle. Si no tienes dos directivas con un denominador común, va a pasar que los de la Federación van a recibir los recursos de la Selección, van a solicitar los jugadores a la Selección, ellos se van a quedar con la plata y los clubes no les van a querer mandar los jugadores porque no les dan la plata.
Los clubes querrán remar para su lado…
Va a ser un problema mayor. Tienen que haber ciertos principios de prioridades. Un denominador común. Veo que se habla con una liviandad… todos dicen “hay que separar la Federación de la ANFP”. Sí po’, pero cómo… ¿Quién discute el cómo? Hay que reformular muchas cosas. Lo vengo diciendo hace cinco años, pero a nadie le interesa.
¿Por qué a nadie le interesa?
Porque se perdió el romanticismo, la pasión. Un tema que es deportivo, social y económico, se convirtió 100% en económico.
¿Por eso vendió O’Higgins después de 20 años?
Fueron varias razones. Primero, porque nací en Palestino, jugué en las divisiones menores de Palestino, y nací ahí. Y después, cuando salieron las sociedades anónimas, apareció la posibilidad de desarrollar un club. Nosotros teníamos lazos con Rancagua: mi abuelo tuvo un campo ahí, nosotros nos criamos de niños allá y veíamos que era una ciudad potente, enfervorizada, al lado de Santiago, apasionados. Muchos me dicen “pero por qué no entró en Palestino”. Porque es distinto una colonia a una ciudad. Estoy feliz y orgulloso de haberlo hecho, porque tomamos un equipo en Segunda, lo subimos a Primera División, desarrollamos un complejo deportivo que no lo tiene ni la selección chilena. Disputamos tres finales. En dos fuimos campeones y en la otra nos estafaron el partido. El club está saneado, sin deuda, pero una sola familia no lo puede sostener. Sentíamos que O’Higgins estaba preparado para más. Requiere de más inversión. Si tú quieres ser grande, necesitas mayor inversión.
¿Tuvo dudas de venderlo al grupo mexicano por su relación con Christian Bragarnik?
No. A ver. Hubiera querido otra cosa. Me hubiera encantado que se quedara con gente de Rancagua.
¿Y cómo llegan los dueños finales?
Estaba mi sobrino Cristián a cargo y nos dijo que había un interés de un grupo mexicano. Le dijimos que lo explorara.
¿Fue la mejor opción?
Es que en el esquema actual en que nos movemos, con los representantes y todo, ellos tienen el poder.
¿Los representantes?
Sí. Tienen el poder. Le voy a dar un solo ejemplo: salvo los últimos tres meses del año pasado, jugamos todo el torneo sin sponsor en la camiseta. Primero, nos resistíamos a tener que hacerlo con las casas de apuestas, porque es un tema delicado. Jugamos sin sponsor. Sabíamos que necesitábamos traer un nueve, que no lo podíamos traer porque era caro y no iba a endeudar el club. Y a tres meses de terminar el torneo, en 15 días trajeron dos sponsors y dos jugadores de un nivel superior, que en los últimos 10 partidos nos encumbraron a la Copa Libertadores. Con eso le digo todo. ¿Es un pecado? No lo sabría calificar. Sin lugar a duda que, a lo mejor, habría cosas que clarificar, pero nosotros quisimos ser transparentes absolutos. Ellos tienen el manejo. Hoy esta cuestión es económica. Entonces, tú estabas peleando con una pluma y los demás están con metralleta. No es justo. Por eso digo que esto requiere de una transformación completa.
¿Qué le ha parecido la gestión de Pablo Milad?
Conozco a Pablo y a su familia. Son buena gente, pero no creo que otra persona, en el esquema actual en el que nos desarrollamos, lo hubiera hecho mejor. Tampoco lo puedo calificar de bueno, pero no puedo culpar a las personas. Yo culpo al esquema. La responsabilidad la tenemos nosotros, el país, el gobierno, las sociedades anónimas deportivas, el ministro del Deporte, de no llevar el fútbol actual a un profesionalismo 100% abierto, transparente y claro. Si se va Milad y viene cualquiera, vamos a seguir en lo mismo si se mantiene este esquema.
¿Y quién sería la persona adecuada para liderar un nuevo esquema del fútbol? ¿A quién propone? ¿Juan Tagle?
No lo conozco mucho. Hace años, cuando salió Milad, conversé con él y con Pablo aquí en mi oficina sobre una serie de cosas. Creo que es una persona muy valiosa. La Católica es un lujo. Profesionalismo, transparencia. Un lujo. Creo que lo que hacen es maravilloso. Ahora, si Juan puede manejar esto, puede ser, pero con los esquemas nuevos. Ahora, si tuviera que escoger a una persona para que liderara esto, el que está más capacitado para hacer ese cambio es Harold.
¿Mayne-Nicholls?
Sí.
¿Votó por él en las elecciones presidenciales?
Harold es una persona muy inteligente, es muy sano, muy honrado, pero tiene un gran defecto: es porfiado a cagarse. Le tengo mucho cariño, mucho aprecio. Es un tipo excepcional, tiene una familia excepcional. Es un tipo serio, no le interesa el dinero. Increíble. Creo que es el que está más capacitado para que lo acompañe gente profesional y lidere un cambio. Hablé con él, cuando se presentó como candidato a la presidencia y le dije: “¿Para qué a la presidencia? ¿Por qué no vas de senador por Antofagasta, ya que eres de la zona? Parte por ahí”. Pero no hubo caso. Es muy porfiado.
¿Y votó por él?
La verdad es que no voté por él, pero traté de votar por lo que yo creía que era más equilibrado.
¿Y por quién votó?
No vale la pena, pero sí le aseguro que por el gobierno actual no hubiera votado.
Pablo Milad dijo que, históricamente, los gobiernos de derecha tienen mejor relación con el fútbol que los de izquierda, ¿coincide?
A mí me ayudaron muchísimo los dirigentes de derecha y me ayudaron muchísimo los de izquierda. El fútbol no tiene condición. Es uno solo. Es como la Teletón. ¿Por qué la Teletón tiene éxito, cualquiera sea la condición económica del país? Porque la gente le cree. Cada uno lo vive a su manera, de forma subjetiva. Si hay algo donde no hay ningún tipo de distinción, es el deporte y, fundamentalmente, el fútbol. Cuando fui al Mundial Francia 1998 con Chile, nunca vi un partido con la dirigencia de la FIFA. Los vi con la gente. ¿Por qué? Por la emoción, el sentirte rodeado, apoyado. Esto es emocional y pasional por excelencia. Y quieren convertir esto en algo 100% económico… Por favor. Estamos todos locos. Espero que este nuevo gobierno haga lo que tenga que hacer y coloque orden, disciplina y respeto en el país, porque eso se ha perdido.
¿Ha sabido de la salud de Nelson Acosta?
La hija trabajaba con nosotros hasta hace poco, es médico. Ahora creo que está cuidando al padre, que está delicado. Me cuesta ir a verlo, pero le tengo un enorme cariño a Nelson, porque él fue vital en el desarrollo que tuvimos. En esa época en mi directorio se nombró una comisión donde se evaluó a Jorge Socías, a Manuel Pellegrini, pero mi carta era Acosta, que iba último en la tabla. ¿Y por qué mi carta era él? Porque no necesitaba un estadista, necesitaba un motivador, una inyección a la vena. No había tiempo para planificar, había que hacerlo ahora. Y el único que lo podía hacer era Nelson.
