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Economia

Futuros de Wall Street y mercados europeos dan señales de una recuperación parcial

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Tras registrar ayer su peor sesión en 13 meses, las acciones de Estados Unidos parecen listas para abrir en verde este martes, según las señales que muestran los futuros de Wall Street y el claro repunte que muestran los índices europeos.

Los futuros del Dow Jones subieron un 0,58 % y los futuros del S&P 500 subieron un 0,63 %, mientras que los futuros del Nasdaq subieron un 1 %.

“Por ahora, los inversores deben estar preparados para la volatilidad continua”, escribió la gerente de inversiones de UBS Americas, Solita Marcelli, en una nota recogida por Bloomberg.

El índice mundial MSCI World cayó ayer un 3,27% hasta los 2.671 puntos, su nivel más bajo desde enero de 2021. Por su parte, el MSCI Emerging Markets retrocede un 1,63% hasta los 1.014 puntos, mínimo desde junio de 2020. Ambos índices han perdido más de un 17% en lo que va de año.

Las expectativas en todo el mundo se han deteriorado en los últimos días tras una reciente subida de tipos por parte de la Reserva Federal de Estados Unidos, cuyas palabras han generado una reevaluación del entorno inflacionario y aumentado los temores de una posible recesión económica a gran escala.

Europa

Mientras tanto, las acciones europeas se recuperaron parcialmente ya que los inversores buscan acciones que consideran infravaloradas. El DAX alemán lideró el repunte, ganando un 1,56 %, seguido por el Euro Stoxx 50 regional, que subió un 1,34 %. Le siguen el IBEX 35 (1,08%), el CAC 40 (0,94%) y el FTSE 100 (0,69%).

En el lado de la materias primas Los precios de la energía mostraron una trayectoria descendente, con El petróleo Brent cae un 2,05% a US$103,8 el barril y el WTI pierde un 1,88% a US$101,1 el barril.

El precio de los hidrocarburos -además de estar afectado por una expectativa deteriorada de crecimiento chino- se está haciendo eco del frustrado acuerdo europeo para limitar la dependencia energética de Rusia, negociaciones en las que Hungría exigió mayores períodos de exención.

Pacífico asiático

En el otro lado del mundo, la mayoría de las acciones se sumaron al pesimismo global. El Hang Seng de Hong Kong tuvo el peor desempeño, con una pérdida del 1,84%, seguido por el S&P/ASK de Australia (-0,98%), el Nikkei de Japón (-0,58%) y el Kospi de Corea (-0,55%).

Por su parte, El CSI 300 de China continental cerró con un alza del 1,09 %, a pesar del informe de comercio exterior que reportó una desaceleración de la actividad a niveles de 2020 y llevó al índice a iniciar su jornada con un marcado descenso. Los sectores que marcaron el repunte fueron los servicios básicos (2,6%) y las tecnologías de la información (2,02%).

En cualquier caso, los estrictos confinamientos para contener la expansión del Covid-19 en la zona de Shanghái y la amenaza de que engullen a Pekín han hecho que el índice se ha desplomado un 20,66% en lo que va de año.

#Futuros #Wall #Street #mercados #europeos #dan #señales #una #recuperación #parcial

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Economia

“Que se haga justicia, aunque perezca el mundo”

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JOSÉ MIGUEL ALDUNATE H., Director de Estudios del Observatorio Judicial

#haga #justicia #aunque #perezca #mundo

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El sueño imposible de Bolívar

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JUAN IGNACIO BRITO, Profesor de la Facultad de Comunicación e investigador del Centro de Señales de la Universidad de los Andes

juan ignacio brito

La idea de la integración latinoamericana volvió a ser mencionada en la cumbre de la Celac realizada en Buenos Aires la semana pasada. Parece que el “sueño de Bolívar” es de lo que hablan los líderes de nuestra región cuando no tienen nada más que decir. Pero lo cierto es que hasta el Libertador terminó sus días desilusionado con su ideal de unidad.

Tras la victoria en Ayacucho (1824) había llamado a América “la esperanza del universo”, pero el Congreso de Panamá (1826) que convocó para sellar la integración fue un rotundo fracaso. Ya en 1829 el héroe desencantado admitía que “hemos probado todos los principios y todos los sistemas y ninguno ha llegado a buen puerto”. Lo que prevaleció fue el desorden y la ruina, no la unidad.

El mismo Bolívar dijo de sí mismo que era “un genio de la tormenta”. Lo suyo era la guerra y la revolución, no la construcción institucional. “Muchos generales saben ganar las batallas, pero no qué hacer con sus victorias”, lamentaría, en una declaración muy autocrítica, unos meses antes de exiliarse en 1830.

Lo que sucedió con el sueño unitario de este héroe imperfecto es una sinopsis de lo que vendría después. Nuestra región es un lugar donde prevalecen la violencia, la desigualdad, las personalidades y la fragilidad institucional. No es raro que en un entorno así la integración no vaya más allá de los discursos y resulte ser una quimera. América Latina vive, como escribió el patriota Luis Briceño Méndez a Bolívar en una carta, “en la era de los errores. Para remediar uno cometemos cincuenta”.

La última nota retórica en la historia de la fallida integración regional la protagonizaron hace unos días Lula da Silva y Alberto Fernández, cuando anunciaron con más entusiasmo que realismo la creación de una moneda común, el “Sur”. Rápidamente, desde Caracas saltó el dictador Nicolás Maduro para proclamar que se sumaba a la propuesta.

Como siempre, el voluntarismo no tardó en chocar con la realidad. Es imposible que un país con un Banco Central autónomo y una inflación relativamente controlada quiera unir su política monetaria con Argentina, cuyo desorden fiscal parece irreparable. Pronto salió Brasilia a aclarar que la idea es crear una “moneda financiera”, no una que circule. De ahí vino el “sur”. ¿Volveremos a saber de él?

Las palabras más sensatas pronunciadas en la Celac vinieron de Luis Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, esa pequeña isla de la excepcionalidad. Alzando valientemente la voz, Lacalle Pou reveló a sus compañeros el elefante en medio de la mesa de reuniones, llamando a la Celac “un club de amigos ideológicos” y afirmando que “para que este tipo de foros subsista hay que generar esperanza. Y las esperanzas se generan en el camino recorrido, en la práctica en la acción.” En otras palabras, las acciones, y no las palabras, definen la integración.

El problema evidente es que para que haya una verdadera unidad se necesitan varios requisitos: comunidad de intereses, tiempo, creación de un régimen con reglas comunes percibidas como legítimas y respetadas por todos, sistemas políticos compatibles y, finalmente, líderes comprometidos y coherentes. Todos bienes escasos en estas latitudes.

Con dolor, Bolívar llegó a reconocerlo. Por eso terminó sus días sumido en la amargura, arrepintiéndose incluso de haber hecho la guerra a la metrópolis colonial. Su diagnóstico es lapidario: “No hay buena fe en América ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las constituciones, libros; las elecciones, los combates; libertad, anarquía; y la vida, un tormento”.

#sueño #imposible #Bolívar

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El sueño imposible de Bolívar

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JUAN IGNACIO BRITO, Profesor de la Facultad de Comunicación e investigador del Centro de Señales de la Universidad de los Andes

juan ignacio brito

La idea de la integración latinoamericana volvió a ser mencionada en la cumbre de la Celac realizada en Buenos Aires la semana pasada. Parece que el “sueño de Bolívar” es de lo que hablan los líderes de nuestra región cuando no tienen nada más que decir. Pero lo cierto es que hasta el Libertador terminó sus días desilusionado con su ideal de unidad.

Tras la victoria en Ayacucho (1824) había llamado a América “la esperanza del universo”, pero el Congreso de Panamá (1826) que convocó para sellar la integración fue un rotundo fracaso. Ya en 1829 el héroe desencantado admitía que “hemos probado todos los principios y todos los sistemas y ninguno ha llegado a buen puerto”. Lo que prevaleció fue el desorden y la ruina, no la unidad.

El mismo Bolívar dijo de sí mismo que era “un genio de la tormenta”. Lo suyo era la guerra y la revolución, no la construcción institucional. “Muchos generales saben ganar las batallas, pero no qué hacer con sus victorias”, lamentaría, en una declaración muy autocrítica, unos meses antes de exiliarse en 1830.

Lo que sucedió con el sueño unitario de este héroe imperfecto es una sinopsis de lo que vendría después. Nuestra región es un lugar donde prevalecen la violencia, la desigualdad, las personalidades y la fragilidad institucional. No es raro que en un entorno así la integración no vaya más allá de los discursos y resulte ser una quimera. América Latina vive, como escribió el patriota Luis Briceño Méndez a Bolívar en una carta, “en la era de los errores. Para remediar uno cometemos cincuenta”.

La última nota retórica en la historia de la fallida integración regional la protagonizaron hace unos días Lula da Silva y Alberto Fernández, cuando anunciaron con más entusiasmo que realismo la creación de una moneda común, el “Sur”. Rápidamente, desde Caracas saltó el dictador Nicolás Maduro para proclamar que se sumaba a la propuesta.

Como siempre, el voluntarismo no tardó en chocar con la realidad. Es imposible que un país con un Banco Central autónomo y una inflación relativamente controlada quiera unir su política monetaria con Argentina, cuyo desorden fiscal parece irreparable. Pronto salió Brasilia a aclarar que la idea es crear una “moneda financiera”, no una que circule. De ahí vino el “sur”. ¿Volveremos a saber de él?

Las palabras más sensatas pronunciadas en la Celac vinieron de Luis Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, esa pequeña isla de la excepcionalidad. Alzando valientemente la voz, Lacalle Pou reveló a sus compañeros el elefante en medio de la mesa de reuniones, llamando a la Celac “un club de amigos ideológicos” y afirmando que “para que este tipo de foros subsista hay que generar esperanza. Y las esperanzas se generan en el camino recorrido, en la práctica en la acción.” En otras palabras, las acciones, y no las palabras, definen la integración.

El problema evidente es que para que haya una verdadera unidad se necesitan varios requisitos: comunidad de intereses, tiempo, creación de un régimen con reglas comunes percibidas como legítimas y respetadas por todos, sistemas políticos compatibles y, finalmente, líderes comprometidos y coherentes. Todos bienes escasos en estas latitudes.

Con dolor, Bolívar llegó a reconocerlo. Por eso terminó sus días sumido en la amargura, arrepintiéndose incluso de haber hecho la guerra a la metrópolis colonial. Su diagnóstico es lapidario: “No hay buena fe en América ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las constituciones, libros; las elecciones, los combates; libertad, anarquía; y la vida, un tormento”.

#sueño #imposible #Bolívar

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