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imacec de marzo | Diario Financiero

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La desaceleración de la economía desde 2021 sería más evidente a medida que avance este año. Y es que, después de que el Producto Interior Bruto (PIB) se expandiera un 11,7% en 2021, al menos en los primeros meses de 2022 la actividad solo sabría de moderaciones.

El lunes el Banco Central revelará cuánto creció el Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec) en marzo. Por ahora, el grueso del mercado anticipa que la expansión habría sido de entre 4% y 6,5%, es decir, menos que el avance de 6,8% de febrero y el 9% que registró la economía en enero.

Josefina Henríquez, analista de Clapes UC, es la más pesimista sobre el Imacec, y pronostica un crecimiento cercano al 4% anual. La economista espera que los servicios muestren mejores cifras este mes que en febrero, pero espera que el comercio continúe mostrando caídas mensuales ajustadas por estacionalidad.

Sergio Godoy, economista jefe de STF Capital, espera que en el tercer mes de 2022 la actividad se haya expandido un 5%, asociado al consumo privado dentro del PIB. Desde Credicorp Capital, Samuel Carrasco proyecta una suba de 5,5% en el Imacec de marzo, es decir, vuelve a caer frente al mes anterior. Algo, dice, “en línea con un proceso de normalización de la economía” que se seguiría profundizando en los próximos trimestres. El economista senior espera una caída anual en la industria, la minería y la construcción en marzo, que sería compensada por el comercio y los servicios.

Claudia Sotz, economista jefe de Tanner Investments, espera un crecimiento de 5,6% en 12 meses, lo que se traduce en una contracción mensual de 1%. La investigadora del Observatorio del Contexto Económico (OCEC) de la UDP, Carolina Molinare, contempla un rango de 5,5% a 6% para el indicador del mes pasado. Dice que hay variables que muestran cierto repunte -como las importaciones de bienes de consumo y de capital-, pero coincide en que el ajuste se seguiría observando en sectores como el comercio y las industrias.

Tanto el gerente de Macroeconomía de Inversiones Security, César Guzmán, como el economista jefe de Coopeuch, Felipe Ramírez, son algo más optimistas y esperan un Imacec de 6,5% en marzo. El único que se queda fuera del rango es Scotiabank, que estima un crecimiento de 11% en el indicador frente a igual mes de 2021. Esto, como consecuencia de la “contracción moderada desestacionalizada” del comercio y cierta estabilización de los servicios. , y porque “la economía habría recibido algún apoyo de la mayor apertura y movilidad lograda desde marzo”.

Moderación gradual

El primer trimestre la economía también habría crecido menos que periodos anteriores: el rango de expansión iría del 6% al 7,6% según los expertos, muy por debajo del 12% que expandió el PIB en los últimos tres meses de 2021, y también inferior al el 17,2% del tercer trimestre del año pasado.

Clapes UC vuelve a ser la más cautelosa con las expectativas para enero-marzo: prevén una expansión cercana al 6% en el primer trimestre. Henríquez señala que, a pesar del retroceso que se observa, el proceso ha sido paulatino y no de caída repentina. Y añade que las bases de comparación “serán más relevantes” para el segundo trimestre, que tendría un crecimiento “mucho menor” que el primer trimestre de 2022.

Sotz afirma que “en estos primeros tres meses del año venimos mostrando la menor fortaleza y dinamismo que enfrenta nuestra economía, dadas las condiciones económicas más restrictivas”, lo que sería consistente con un Producto de 6,5% en el primer trimestre, que debería “ceder” en los próximos meses.

Carrasco prevé un crecimiento algo superior al 7% anual, lo que mostraría que la economía sigue operando por encima de su nivel de largo plazo, explica. Godoy contempla una suba del 7,1% en los tres primeros meses del año, y precisa que los sectores relacionados con el consumo privado -consumo y servicios- son los que están “arrastrando el carro”.

Molinare proyecta un aumento en torno al 7,4% anual entre enero y marzo, más o menos en línea con el 7,5% previsto por Security y Soctiabank. Guzmán detalla que la cifra equivaldría a una caída de 0,5% respecto al trimestre anterior, y afirma que “más allá de los números, se evidencia que la actividad económica está perdiendo el alto dinamismo exhibido en 2021”.

El equipo de Scotiabank detalla que la caída entre trimestres desestacionalizada podría repetirse en el segundo trimestre, marcando una recesión técnica al borde de la salida del plebiscito constitucional. Pero aclaran que no ven estas proyecciones con “excesiva preocupación”, ya que por ahora la desaceleración es leve, y porque “es saludable consolidar un proceso de retorno a niveles de crecimiento sostenible compatibles con una menor presión sobre los precios”.

Coopeuch parece ser el más optimista -marginalmente- por ahora, ya que espera que el PIB haya crecido 7,6% en el primer trimestre, como resultado de la mayor incidencia de los servicios.

#imacec #marzo #Diario #Financiero

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El sueño imposible de Bolívar

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JUAN IGNACIO BRITO, Profesor de la Facultad de Comunicación e investigador del Centro de Señales de la Universidad de los Andes

juan ignacio brito

La idea de la integración latinoamericana volvió a ser mencionada en la cumbre de la Celac realizada en Buenos Aires la semana pasada. Parece que el “sueño de Bolívar” es de lo que hablan los líderes de nuestra región cuando no tienen nada más que decir. Pero lo cierto es que hasta el Libertador terminó sus días desilusionado con su ideal de unidad.

Tras la victoria en Ayacucho (1824) había llamado a América “la esperanza del universo”, pero el Congreso de Panamá (1826) que convocó para sellar la integración fue un rotundo fracaso. Ya en 1829 el héroe desencantado admitía que “hemos probado todos los principios y todos los sistemas y ninguno ha llegado a buen puerto”. Lo que prevaleció fue el desorden y la ruina, no la unidad.

El mismo Bolívar dijo de sí mismo que era “un genio de la tormenta”. Lo suyo era la guerra y la revolución, no la construcción institucional. “Muchos generales saben ganar las batallas, pero no qué hacer con sus victorias”, lamentaría, en una declaración muy autocrítica, unos meses antes de exiliarse en 1830.

Lo que sucedió con el sueño unitario de este héroe imperfecto es una sinopsis de lo que vendría después. Nuestra región es un lugar donde prevalecen la violencia, la desigualdad, las personalidades y la fragilidad institucional. No es raro que en un entorno así la integración no vaya más allá de los discursos y resulte ser una quimera. América Latina vive, como escribió el patriota Luis Briceño Méndez a Bolívar en una carta, “en la era de los errores. Para remediar uno cometemos cincuenta”.

La última nota retórica en la historia de la fallida integración regional la protagonizaron hace unos días Lula da Silva y Alberto Fernández, cuando anunciaron con más entusiasmo que realismo la creación de una moneda común, el “Sur”. Rápidamente, desde Caracas saltó el dictador Nicolás Maduro para proclamar que se sumaba a la propuesta.

Como siempre, el voluntarismo no tardó en chocar con la realidad. Es imposible que un país con un Banco Central autónomo y una inflación relativamente controlada quiera unir su política monetaria con Argentina, cuyo desorden fiscal parece irreparable. Pronto salió Brasilia a aclarar que la idea es crear una “moneda financiera”, no una que circule. De ahí vino el “sur”. ¿Volveremos a saber de él?

Las palabras más sensatas pronunciadas en la Celac vinieron de Luis Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, esa pequeña isla de la excepcionalidad. Alzando valientemente la voz, Lacalle Pou reveló a sus compañeros el elefante en medio de la mesa de reuniones, llamando a la Celac “un club de amigos ideológicos” y afirmando que “para que este tipo de foros subsista hay que generar esperanza. Y las esperanzas se generan en el camino recorrido, en la práctica en la acción.” En otras palabras, las acciones, y no las palabras, definen la integración.

El problema evidente es que para que haya una verdadera unidad se necesitan varios requisitos: comunidad de intereses, tiempo, creación de un régimen con reglas comunes percibidas como legítimas y respetadas por todos, sistemas políticos compatibles y, finalmente, líderes comprometidos y coherentes. Todos bienes escasos en estas latitudes.

Con dolor, Bolívar llegó a reconocerlo. Por eso terminó sus días sumido en la amargura, arrepintiéndose incluso de haber hecho la guerra a la metrópolis colonial. Su diagnóstico es lapidario: “No hay buena fe en América ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las constituciones, libros; las elecciones, los combates; libertad, anarquía; y la vida, un tormento”.

#sueño #imposible #Bolívar

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El sueño imposible de Bolívar

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JUAN IGNACIO BRITO, Profesor de la Facultad de Comunicación e investigador del Centro de Señales de la Universidad de los Andes

juan ignacio brito

La idea de la integración latinoamericana volvió a ser mencionada en la cumbre de la Celac realizada en Buenos Aires la semana pasada. Parece que el “sueño de Bolívar” es de lo que hablan los líderes de nuestra región cuando no tienen nada más que decir. Pero lo cierto es que hasta el Libertador terminó sus días desilusionado con su ideal de unidad.

Tras la victoria en Ayacucho (1824) había llamado a América “la esperanza del universo”, pero el Congreso de Panamá (1826) que convocó para sellar la integración fue un rotundo fracaso. Ya en 1829 el héroe desencantado admitía que “hemos probado todos los principios y todos los sistemas y ninguno ha llegado a buen puerto”. Lo que prevaleció fue el desorden y la ruina, no la unidad.

El mismo Bolívar dijo de sí mismo que era “un genio de la tormenta”. Lo suyo era la guerra y la revolución, no la construcción institucional. “Muchos generales saben ganar las batallas, pero no qué hacer con sus victorias”, lamentaría, en una declaración muy autocrítica, unos meses antes de exiliarse en 1830.

Lo que sucedió con el sueño unitario de este héroe imperfecto es una sinopsis de lo que vendría después. Nuestra región es un lugar donde prevalecen la violencia, la desigualdad, las personalidades y la fragilidad institucional. No es raro que en un entorno así la integración no vaya más allá de los discursos y resulte ser una quimera. América Latina vive, como escribió el patriota Luis Briceño Méndez a Bolívar en una carta, “en la era de los errores. Para remediar uno cometemos cincuenta”.

La última nota retórica en la historia de la fallida integración regional la protagonizaron hace unos días Lula da Silva y Alberto Fernández, cuando anunciaron con más entusiasmo que realismo la creación de una moneda común, el “Sur”. Rápidamente, desde Caracas saltó el dictador Nicolás Maduro para proclamar que se sumaba a la propuesta.

Como siempre, el voluntarismo no tardó en chocar con la realidad. Es imposible que un país con un Banco Central autónomo y una inflación relativamente controlada quiera unir su política monetaria con Argentina, cuyo desorden fiscal parece irreparable. Pronto salió Brasilia a aclarar que la idea es crear una “moneda financiera”, no una que circule. De ahí vino el “sur”. ¿Volveremos a saber de él?

Las palabras más sensatas pronunciadas en la Celac vinieron de Luis Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, esa pequeña isla de la excepcionalidad. Alzando valientemente la voz, Lacalle Pou reveló a sus compañeros el elefante en medio de la mesa de reuniones, llamando a la Celac “un club de amigos ideológicos” y afirmando que “para que este tipo de foros subsista hay que generar esperanza. Y las esperanzas se generan en el camino recorrido, en la práctica en la acción.” En otras palabras, las acciones, y no las palabras, definen la integración.

El problema evidente es que para que haya una verdadera unidad se necesitan varios requisitos: comunidad de intereses, tiempo, creación de un régimen con reglas comunes percibidas como legítimas y respetadas por todos, sistemas políticos compatibles y, finalmente, líderes comprometidos y coherentes. Todos bienes escasos en estas latitudes.

Con dolor, Bolívar llegó a reconocerlo. Por eso terminó sus días sumido en la amargura, arrepintiéndose incluso de haber hecho la guerra a la metrópolis colonial. Su diagnóstico es lapidario: “No hay buena fe en América ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las constituciones, libros; las elecciones, los combates; libertad, anarquía; y la vida, un tormento”.

#sueño #imposible #Bolívar

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Inseguridad ciudadana III: el Estado al debe

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Esta semana dedicamos los editoriales de lunes y martes a la crisis de inseguridad que, lamentablemente, se ha apoderado de la agenda nacional, y que encabeza la lista de preocupaciones ciudadanas. La naturaleza y gravedad del problema no tienen precedentes, pues el tipo de delitos, la frecuencia con que ocurren y el grado de violencia que involucran son nuevos en nuestro país.

Este tercer editorial sobre delincuencia busca reforzar el mensaje de los dos primeros, porque ante las declaraciones del Subsecretario de Gobernación sobre el violento asalto a un centro comercial de la capital el pasado domingo, el Gobierno parece no escuchar: garantizar la seguridad es la primera responsabilidad del Estado, y el Estado está fallando.

En lugar de anuncios que comuniquen a la ciudadanía la firme voluntad del Gobierno de redoblar esfuerzos para enfrentar a los delincuentes, la autoridad ha preferido enfatizar la responsabilidad de los centros comerciales de implementar medidas y protocolos para estar mejor protegidos ante acciones delictivas.

Esa responsabilidad existe, por supuesto, y es necesario discutir qué pueden hacer los actores privados -empresas y negocios- para dar mayor protección a sus trabajadores y clientes. Pero frente a bandas bien organizadas y fuertemente armadas como las que han actuado en numerosos incidentes en los últimos tiempos, sólo el Estado puede desplegar la respuesta contundente necesaria, ya sea para disuadir o confrontar estas acciones.

Es precisamente por eso que existe el monopolio estatal del uso legítimo de la fuerza, porque dado el grado de violencia que puede desencadenar el crimen organizado -y de eso estamos hablando aquí- los actores privados siempre estarán indefensos. Hasta ahora los ciudadanos no parecen reclamar el derecho a armarse para su propia defensa y eso es tranquilizador, ya que se iniciaría un proceso casi irreversible de deterioro de nuestra convivencia. Todo indica que espera ser protegido por las instituciones a las que la ley asigna esa tarea, y esa es una expectativa que la autoridad no puede cuestionar con declaraciones imprudentes.

#Inseguridad #ciudadana #III #Estado #debe

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