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Migración y lucha contra la corrupción: los desafíos del próximo Presidente de Panamá

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Este domingo, cerca de tres millones de panameños estaban convocados para votar en las elecciones presidenciales, que decidirán quién gobierna el país centroamericano durante los próximos cinco años. A pesar de que la presencia de ocho candidatos en la boleta, uno resaltaba a lo lejos entre todos: José Raúl Mulino, del partido de derecha conservadora Realizando Metas, que superaba en las encuestas a sus tres rivales inmediatos por 20 puntos.

Con el 88,71% de las mesas escrutadas y una participación del 77,35%, esa diferencia se redujo en las urnas, pero parecía suficiente para dejar a Mulino -el delfín del expresidente Ricardo Martinelli- encaminado a la victoria, con un 34,41% de los sufragios. A continuación, aparecían Ricardo Lombana, del Movimiento Otro Camino, con el 25,03% del conteo, seguido del expresidente Martín Torrijos, con el 16,02%, y Rómulo Roux, con el 11,24%. Estos últimos reconocieron el triunfo de Mulino.

“El pueblo eligió este 5 de mayo una propuesta distinta. Yo quiero felicitar a José Raúl Mulino por su elección como presidente de la República (…) No puedo ocultar mi preocupación por el futuro del país, espero que el próximo presidente cumpla con las expectativas y las soluciones que todos los panameños están esperando”, señaló Roux.

“El pueblo panameño habló y ha elegido a José Raúl Mulino”, agregó Torrijos.

Estas elecciones eran de mayoría simple, por lo que ganaba directamente quien obtenía más votos, sin posibilidad de segunda vuelta, un tema que ha sido objeto de debate en el último año.

El expresidente de Panamá Ricardo Martinelli habla con reporteros cerca de su casa, en Ciudad de Panamá, el 9 de agosto de 2019. Foto: Archivo

El país, que no tiene partidos de izquierda competitivos, vivió una campaña donde todos los candidatos presentaron planes de gobierno similares: creación de empleo, dinamismo económico y reformas constitucionales para acabar con la corrupción, en un tema omnipresente en cualquier campaña centroamericana.

Precisamente el Presidente saliente, el socialdemócrata Laurentino Cortizo, se va del poder en medio de un escándalo por el pago de becas estatales a políticos y a familiares. De manera irónica, el líder de la actual oposición, Ricardo Martinelli, fue condenado por lavado de dinero, al probarse vínculos con la empresa brasileña Odebrecht durante su gobierno, entre 2009 y 2014.

Si era él, en primera instancia, el candidato que iría a la papeleta, una inhabilitación terminó dándole la candidatura a su fórmula vicepresidencial, el abogado José Raúl Mulino. La campaña del partido Realizando Metas fue clara en eso: “Todos somos Martinelli, y Martinelli es Mulino”, llegó a declarar el expresidente, llamando a votar por el abogado de 64 años, que fue ministro de Seguridad.

Autos pasando por el casco antiguo de la Ciudad de Panamá, en el día anterior a las elecciones. Foto: Reuters

Las encuestas previas fueron claras: según un sondeo hecho por Mercadeo Planificado S.A., a solicitud del diario La Prensa, el 37,6% de los votantes se inclinarían por elegir a Mulino. Con esto, superaba por lejos a los otros candidatos: Martín Torrijos marcaba un 16,4%, Rómulo Roux un 14,9% y Ricardo Lombana un 12,7%. Curiosamente, luego de que Martinelli fuera inhabilitado, Mulino pasó a encabezar la lista, aunque ahora su opción no tenía compañero de fórmula.

Martinelli, conocido como “El Loco” por sus simpatizantes, está asilado actualmente en la embajada de Nicaragua en Ciudad de Panamá, desde donde hizo una intensa campaña llamando a votar por Mulino. Con este asilo busca evitar los 11 años de cárcel a los que fue condenado por “delito doloso”. Además, le espera otro juicio en acusación de supuesto blanqueo de sobornos pagados por Odebrecht

Respecto a la popularidad de Martinelli, Claire Nevache, investigadora del Centro Internacional de Estudios Políticos y Sociales (CIEPS), comentó a RFI: “Sobre todo recuerdan los hechos de corrupción y poco se habla de los casos de derechos humanos, que también fueron varios durante su presidencia. Pero también, no se puede negar, fue un período de impresionante bonanza económica para el país. Durante los cinco años de Ricardo Martinelli, el promedio de crecimiento económico fue el mayor del mundo, superior a 10%. Había pleno empleo, crecimiento del salario mínimo todos los años y muchas obras de infraestructura que se construían y que generaban un cambio muy concreto en la vida cotidiana de las personas”.

Elecciones en Panamá, este 5 de mayo de 2024. Foto: Europa Press

El debate político en esta campaña estuvo marcado por las pérdidas económicas causadas por la falta de agua en el Canal de Panamá. En agosto, a causa de esta escasez en una de las rutas comerciales más importantes del mundo, se tuvieron que retrasar las operaciones, dejando a cientos de barcos esperando en línea para cruzar el paso entre el Pacífico y el Atlántico.

Las demoras en las actividades del canal han representado pérdidas millonarias, mientras que las preocupaciones medioambientales sobre el enorme consumo de agua que implica su funcionamiento generaron inquietud entre los votantes panameños. Las preocupaciones ambientales están muy presentes en la política panameña: el año pasado, una serie de protestas masivas contra un contrato gubernamental con una mina de cobre terminó cerrando el proyecto de una de tajo abierto.

Además de la lucha contra la corrupción y la crisis hídrica, otros de los temas dentro del debate político panameño y al que tendrá que hacer frente el próximo presidente es la migración.

El candidato presidencial José Raúl Mulino vota en las elecciones generales, en la Ciudad de Panamá, el 5 de mayo de 2024. Foto: Reuters

La selva del Darién, que solo el año pasado vio a 500.000 migrantes pasar por el territorio en búsqueda del “sueño americano”, fue otro asunto esencial dentro de la plataforma política de los aspirantes, según France 24.

Panamá comparte la responsabilidad de la peligrosa selva con Colombia, país con el que ha tenido distintos roces diplomáticos durante el gobierno de Cortizo, quien ha acusado a Bogotá de “no querer” colaborar en el manejo de la crisis migratoria que experimenta la región.

Mulino aseguró el pasado 16 de abril que, de llegar a la Presidencia, “cerraría” el paso fronterizo en el Tapón del Darién, haciendo alusión a un impulso en la cooperación con Estados Unidos, cuya frontera, según el ahora candidato, pasó “de Texas a Panamá”.

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Hernán de Solminihac habla del estadio y de su fallecida esposa

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Hernán de Solminihac (Puerto Montt, 11 de enero de 1958) es el vicepresidente de Cruzados y el responsable de la Comisión Estadio, a cargo de la construcción del nuevo recinto de la UC. Un sueño para toda la fanaticada de Universidad Católica y un proceso muy especial para el exministro de Obras Públicas y Minería del primer gobierno del fallecido expresidente Sebastián Piñera, pues ha coincidido con dos momentos muy duros de su vida: la repentina muerte de su esposa Alejandra Aranda y la trombosis pulmonar múltiple que dejó con un importante daño cerebral a su hija mayor Javiera, durante su segundo embarazo. Experiencias que dejó plasmadas en el libro La vida golpea (a veces) demasiado fuerte.

“Ha sido súper difícil, pero la verdad es que Cruzados, el Club Deportivo Universidad Católica y el equipo han sido un ancla muy importante para yo salir adelante. En el proceso de recién fallecida mi señora, en la enfermedad de mi hija, me apoyaron el equipo; la gente; los jugadores; el cuerpo técnico, en cada uno de los momentos, y los psicólogos. Y eso me dio una fuerza gigante”, relata.

“Yo acompañé al equipo al principio de este proceso prácticamente a todos lados y eso me dio una cosa de qué preocuparme, de poderme distraer un poquito. Porque cuando uno sufre un dolor fuerte, tiende a encerrarse y hay que tratar de salir de eso. Y Cruzados fue muy importante”, reconoce el también presidente del Colegio de Ingenieros de Chile, quien valora la importancia de este proceso en su vida: “El estadio es algo que me permite ponerle energía y preocupación y salir por un rato de ese dolor que tengo. Obviamente el dolor no se va tan rápido, pero sí permite sobrellevarlo mucho mejor. Así que agradezco a todas las personas que han estado detrás del estadio y que me han apoyado en lo personal. Ha sido súper valioso para mí y mi familia”.

Desde el plano emotivo, De Solminihac también recuerda a Sebastián Piñera. “Mire, desgraciadamente, a uno le falta tiempo a hablar con las personas, y uno se da cuenta cuando ya no están. También falleció mi señora. Entonces, tengo toda esa carga de que faltan tiempos para conversar con las personas que uno quiere. De repente, uno se va a temas distintos y no conversa las cosas que a lo mejor son más importantes. Y no tuve la oportunidad de conversar con el expresidente sobre el estadio, pero seguro que va a estar muy contento porque aportará al deporte chileno”, reflexiona.

También se entusiasma con lo que ve. “Es un sueño que empieza a ser realidad, ya está prácticamente el 70%. Por lo tanto, estamos muy contentos de que una idea que nace en 2017, con todas las cosas que significaba poder llegar acá, se está concretando. Entonces es una satisfacción increíble y un orgullo”, recalca.

Dentro de todo este proceso, Hernán de Solminihac encontró otra manera para recordar a su esposa: “Yo siempre digo que hay que disfrutar los caminos y no solamente la meta. Pero la meta también es un orgullo cumplirla. Y en ese proceso, como falleció mi señora, están estas plaquitas, y yo le compré a ella también. Así que va a estar reflejada en el estadio. Entonces, es una cosa bonita que sucedió en su momento y va a tener un recuerdo permanente”.

“Fue de inmediato. Apenas falleció mi señora, fue justo cuando vencían los plazos para comprar las plaquitas. Y decidí comprar una para ella. La compré con mis hijos, por cierto, pero yo creo que era importante”, expresa acerca de cómo tomó la determinación de adquirir una de las losas conmemorativas que puso a disposición el club para sus hinchas.

Se detiene un segundo y medita cómo imagina el día de la inauguración. “La verdad es que todavía no he tenido tiempo de imaginarme eso porque estamos todavía en el día a día y hay que ir resolviendo… Cualquier proyecto tiene momentos muy bonitos y momentos en que hay que tomar decisiones, momentos difíciles… Después habrá tiempo de pensar cómo hacerlo, pero si tú me lo preguntas ahora, podría decir que obviamente es una sensación de que la gente disfrute. Que sea un regalo para la hinchada, para la comuna, para el país. Eso me encantaría que fuera”, dice.

Alejandra Aranda, la fallecida esposa de Hernán de Solminihac. Foto: Humanitas Chile.

Y justamente, pensando en los hinchas, el presidente de la Comisión Estadio anticipa que se está viendo la manera de dejar un registro de todo el proceso de construcción de la fortaleza cruzada. “Yo soy académico, así que la documentación para mí es un tema súper importante. Y, por lo tanto, creo que reflejarnos es importante. Tenemos mucha información visual de fotos, videos, etc. Y también muchas entrevistas. Así que probablemente vamos a tener que buscar la mejor forma de que esto quede para la historia”, plantea.

En cuanto a los avances en la venta de palcos y suites, el vicepresidente de la concesionaria asegura que ha sido un éxito y está prácticamente todo vendido. Además, establece una meta para la venta de los abonos, que pronto deberá ser anunciada. “Lo ideal sería repetir lo que teníamos antes, pero también hay que tener espacios libres y buscar mecanismos que nos permitan no solo venderlos, sino que se llene. Eso es muy importante también, porque nosotros creemos que la experiencia del hincha en este estadio va a ser muy valiosa y va a ser muy útil ser local aquí. Además, les va a dar una sensación interesante a los equipos, tanto a nosotros como a los visitantes. Y debiera ayudar a que los jugadores se vean más motivados, veamos buenos espectáculos y ojalá con excelentes resultados”, expone.

Y a propósito de resultados, no oculta su satisfacción con el desempeño de Tiago Nunes: “Ha hecho una labor interesante. Lo importante es que estamos muy tranquilos y muy contentos con el trabajo que está realizando, y porque los resultados se han estado dando. Esperamos que así siga, porque la verdad es que esta institución se merece tener buenos resultados, jugar bien y que la hinchada esté contenta”.

El exministro se muestra convencido de que el ejemplo de Cruzados podría incentivar a otras instituciones. “Chile ha construido muchos estadios en el último tiempo, pero este estadio tiene un diseño, características y un estándar, para mi gusto, más alto respecto de los que se han construido en el país. Por lo tanto, yo creo que todo el proceso, desde que se crea la idea hasta que se logran los distintos hitos y se llegue a construir, puede ser una experiencia útil para otras instituciones que quieran entrar en esta aventura”, manifiesta.

Otro de los temas de debate del último tiempo ha sido la implementación de césped artificial, que aquí argumenta. “Fue una decisión muy estudiada, incluso con visitas a otros estadios que tenían tecnologías similares, análisis técnico, entrevistas con jugadores que jugaban en canchas de esa naturaleza, con entrenadores, con dirigentes… Estuvimos en Sudamérica y en Europa viendo distintas tecnologías. Decidimos hacerlo porque tenía bastante beneficio para el desarrollo del fútbol. Por un lado, se podía usar mucho más veces la cancha y, por el otro, puede tener usos adicionales para otro tipo de espectáculos y le daba más viabilidad deportiva y económica al proyecto”.

Ante una eventual ampliación a futuro, el vicepresidente de Cruzados opta por la cautela. “Hicimos un estudio de lo razonable de hacer la ampliación desde el punto de vista de capacidad, y creo que está en un número muy razonable porque permite hacer partidos hasta el nivel que uno participa normalmente. Además, le da viabilidad económica y sustentabilidad en la zona, porque todos estos proyectos tienen que pasar por impacto ambiental. Entonces, la comunidad tiene opinión y eso es súper importante también; tener las expectativas que ellos tienen. Creo que estamos bien con un estadio de esta naturaleza, tenemos que sacar provecho para que nos vuelva todo este supuesto económico que estamos haciendo en elaboración para que realmente la institución siga creciendo”, concluye.

Hernán de Solminihac, visitando el futuro camarín cruzado. Foto: Mario Téllez.

Mientras se define el nombre del estadio, cuyo auspiciador principal, Claro, tendrá un lugar en esa denominación, también se trabaja en la búsqueda de un rival para el partido inaugural. “Hay que ser realista y buscar un equipo que pueda estar acá, que le dé realce a la inauguración del estadio y le dé la historia que esto requiere”, admite.

En esa línea, establece los parámetros para dicho fin: “A uno le gustaría tener los mejores equipos, pero a veces la disponibilidad de ellos no está y los recursos involucrados son importantes. Entonces, hay que hacer algo que sea atractivo, pero que podamos alcanzar. Yo soy bastante estructurado y realista, siempre trato de hacer las cosas que se pueden hacer. Me gusta soñar, pero después hay que aterrizar las cosas al momento de tomar las definiciones”.

Esa jornada inaugural es proyectada con la presencia del Presidente de la República Gabriel Boric e hincha acérrimo de la UC. “Por cierto, está considerado. Ojalá pueda venir, estamos contentos de que venga y pueda darle ese realce que el estadio necesita”, subraya.

De paso, resalta el espíritu del mandatario a la hora de involucrarse en este proyecto: “Él ha ido al estadio un par de veces en este último tiempo, demuestra cierto interés, pero es bastante responsable. Cuando hace una solicitud la hace a través de las redes oficiales. Así que yo creo que es un Presidente hincha, pero bien respetuoso con la institución”.

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La gringa y el loco: un relato de Jaime Bayly

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-Me voy, gringa -le dijo Ignacio Martínez, el loco, a su esposa.

-¿Adónde te vas? -preguntó Diana Maxwell, su esposa, la gringa.

-Al carajo -dijo el loco.

Llevaban diez años casados. Tenían tres hijos pequeños. Vivían en una casa muy bonita al pie de los acantilados, con vistas al océano.

-¿Dónde queda el carajo? -preguntó la gringa, sonriendo, pensando que era una broma.

-Lejos de acá -respondió el loco, muy serio-. A diez horas en carro.

El loco no trabajaba ni quería trabajar. Alto, flaco, barbudo, parecía Jesucristo, con la diferencia de que no predicaba, sino fumaba marihuana. Era pintor aficionado. Vivía de los dineros que le pasaban sus padres, prósperos empresarios.

-¿Cuánto tiempo te vas? -preguntó la gringa, de pronto alarmada por la mirada del loco, una mirada luminosa, centelleante, una mirada que expulsaba fuego.

-Para siempre -dijo el loco, ahuevado de la vida burguesa, familiar.

Hija de diplomáticos, la gringa hablaba en inglés mejor que en español y era tan perfectamente bella y agraciada que parecía una modelo. Nadie entendía por qué se había enamorado del loco. Era refinada, sofisticada, sensible a la moda y a los lujos que provenían del dinero. Su marido era una bestia peluda que vivía elevado de cannabis, escuchando música y pintando en el taller de su casa. Cuando su hermana menor le preguntaba por qué se había enamorado de un hombre tan sucio y desaliñado, que no trabajaba ni quería trabajar, que no ganaba dinero porque regalaba sus cuadros a sus amigos, la gringa le decía:

-Es un tigre en la cama.

Antes de abandonar a su esposa y sus tres hijos, el loco encendió una fogata y arrojó a las llamas todos sus documentos de identidad: su partida de nacimiento, su libreta electoral, su pasaporte, su libreta militar, su acta de matrimonio, su licencia de conducir, sus carnés del club de playa y del club de golf. Sorprendidos, la gringa y sus hijos miraban cómo los papeles del loco ardían en ese fuego que él veía justiciero, redentor, una hoguera que reducía a cenizas su pasado e incineraba su identidad, mientras él reía, como si estuviese gozando de aquella ceremonia autodestructiva, como si estuviera volviendo a nacer.

-El carro se lo he regalado a Pedrito -le dijo el loco a su esposa, sin remordimientos.

Se refería a su mejor amigo, un pintor aficionado como él, Pedro Silva, el poeta, quien se quedó con el auto del loco, un coche que este había recibido como regalo de sus padres, cuando se casó con la gringa.

-¿Y qué carro voy a manejar para llevar a tus hijos al colegio? -preguntó la gringa, consternada.

-No sé -respondió el loco-. Mándalos en el bus y no jodas.

Sin besar ni abrazar a su esposa y sus hijos, sin despedirse de ellos, el loco se alejó, cargando una mochila. No dijo adónde se dirigía, dónde podían encontrarlo. Quería desaparecer, ser una sombra, volverse translúcido, una criatura espectral. Tomó un taxi al centro de la ciudad, abordó un autobús y viajó diez horas hasta llegar a las montañas. Una vez que descendió del autobús, llegó andando a las tierras que habían sido de sus padres, una hacienda expropiada por la dictadura militar y luego abandonada por los campesinos. La casa principal estaba parcialmente destruida, los techos agrietados, desfondados, así que el loco siguió caminando hasta el río y se instaló en la precaria casa de huéspedes, aún en pie. En ella había solo un colchón agujereado en el suelo. No había luz eléctrica, agua potable, teléfono, cocina a gas. Allí se propuso vivir el resto de su vida, sin ver a nadie. Allí nació por fin el loco misántropo que tenía aversión a la gente, incluyendo a su familia. Pasaba el día sacando peces del río para comérselos, fumando marihuana y pintando.

Humillada porque su esposo la había abandonado sin dejarle siquiera el auto de regalo, la gringa tuvo que reconstruir su vida. Sus padres se encontraban lejos, en misión diplomática. Consiguió un trabajo como decoradora de una tienda de muebles y alfombras. Llamaba la atención por su belleza, simpatía y buen gusto. Por eso los clientes querían que ella fuese a sus casas y las decorase. Con su sueldo, la gringa mantenía a sus tres hijos, les pagaba los colegios y, en el verano, los llevaba de campamento a la playa. Tuvo, sin embargo, que vender la residencia al pie de los acantilados y mudarse a una casa más modesta. No se deprimió, no se rindió, no pidió ayuda a nadie. Pero estaba destruida. Jamás imaginó que el loco habría de desaparecer como se esfumó. Se arrepintió de no haberle hecho caso a su madre, que tantas veces le dijo:

-Ese hombre no te conviene. Está poseído por el diablo.

Ahorrando con gran esfuerzo, la gringa consiguió comprar una camioneta usada. Sus hijos asistían a un colegio religioso. Desayunaba con ellos y los mandaba en el bus amarillo del colegio. Los niños preguntaban a menudo por su padre.

-Está en el cielo -respondía la gringa.

No sabía dónde estaba el loco, pero sospechaba que podía encontrarse en las tierras expropiadas por la dictadura, en la casa hacienda a medio caerse que había sido de sus suegros en los años dorados, cuando el loco no parecía tan loco y la gringa parecía predestinada a ser la mujer más dichosa en esa ciudad de cielo gris y gente melancólica.

-¿Podemos ir a verlo? -preguntaban los niños.

-No -decía la gringa-. Se ha vuelto invisible.

Curiosamente, a veces extrañaba al loco. Lo odiaba, pero, al mismo tiempo, lo echaba de menos. Ningún hombre la había deseado tan poderosamente como él, ningún hombre la había poseído como él. No extrañaba a su esposo, pero añoraba a su amante, un amante fogoso, virulento, insaciable. Sin embargo, cada tanto se permitía un novio. El problema era que todos sus novios estaban casados y entonces tenían que verse a escondidas, en hoteles. Todos sus novios eran ricos. Se enamoró, o casi, de un banquero prófugo de la justicia. Se enamoró, o casi, del dueño de un restaurante de pollos a la brasa. Se enamoró, o casi, de un embajador europeo acreditado en esa ciudad. Ninguno de esos amantes le cumplió en la cama como solía rendirle el loco. Por eso se cansaba de ellos y los dejaba.

Hasta que llegó un verano y la gringa les dijo a sus hijos que se irían de paseo al campo, al norte, a las montañas. Subieron a la camioneta familiar y condujo diez horas hasta llegar a la hacienda que había sido de sus suegros. Luego caminaron, llamando a gritos al loco:

-¡Ignacio! ¡Ignacio! ¡Ignacio!

Lo encontraron bañándose desnudo en el río, revirado de marihuana. Salió corriendo, abrazó a sus hijos, besó a la gringa y les dijo:

-Métanse al río. Está fresquito.

Los niños y su madre quedaron en ropa interior y se metieron temerosamente al río. A la noche, como la casa frente al río estaba llena de arañas y no tenía camas, la gringa y sus hijos fueron en la camioneta hasta el pueblo más cercano y durmieron en un hostal. Pasaron una semana allá arriba, en las montañas, visitando todos los días al loco y descansando en el hostal. El loco no había cambiado: fumaba, pintaba y quería follarse a la gringa. Aunque herida en su orgullo, ella todavía lo amaba y por eso se dejaba poseer por su marido. Una semana después, la gringa y sus hijos regresaron a la ciudad.

-Nunca más iré a visitarlo -se prometió ella, y honró su palabra.

Los niños crecieron, se graduaron del colegio, asistieron a buenas universidades. Un buen día, la gringa se enamoró de un hombre solo, solitario, ensimismado, un hombre muy rico, descendiente de austríacos, dueño de una cadena de hoteles, amante de las flores, un hombre llamado John King, el señor de las orquídeas. Era tranquilo y taciturno, de pocas palabras, y poseía una inteligencia penetrante, y amaba a la gringa con una serenidad, una constancia y una certeza que ella no había conocido en ninguno de sus amantes inconstantes. La gringa pudo entonces vivir la vida que siempre había soñado: la de una señora muy rica, muy bella, muy deseada, una señora de alta sociedad, que vivía en una mansión, atendida por numerosas criadas. Tantos años después de la humillación que le infligió su marido, el loco, quien murió ahogado en el río, cerca de su casa, allá arriba en las montañas, la gringa encontró al gran amor de su vida en el señor de las orquídeas y fueron felices viajando, construyendo hoteles y sembrando flores preciosas y exóticas en los jardines de esos hoteles, como exótica y preciosa fue la vida de Diana Maxwell, quien murió de un infarto a los ochenta años, cuando hacía ejercicios en el gimnasio de su casa.

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Columna de Daniel Matamala: El Estado soy yo

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Según la leyenda, siendo un adolescente Luis XIV pronunció la frase “L’État, c’est moi” ante el Parlamento francés, que debatía la legalidad de los edictos del monarca.

Es que el Rey Sol creía gobernar por derecho divino. Su poder venía directamente de Dios y, por lo tanto, no estaba limitado por la deliberación humana.

En contraste, la República cree que el único soberano es el pueblo, y quienes ejercen el poder no son más que delegados, investidos temporalmente con poderes limitados para el servicio de ese pueblo.

Pero, a 235 años de la revolución que inició el reemplazo de los monarcas absolutos por las repúblicas (y que le costó la cabeza al nieto del bisnieto de Luis XIV), esa concepción minimalista del poder político es desafiada por una generación de caudillos populistas que, a coro con el Rey Sol, proclama que el Estado son ellos, y nadie más que ellos.

Un ejemplo paradigmático lo tenemos al otro lado de la cordillera, con Javier Milei.

Milei se proclama como el líder de “las fuerzas del cielo”, y portador de una misión divina. El culto a sí mismo de este aspirante a Rey Sol sudamericano es impactante. Una nota de la revista Time se asombra de que, en un solo día, “Milei le dio me gusta o retuiteó 336 publicaciones, muchas de ellas delirantes elogios hacia sí mismo en mayúsculas”. Mientras más extáticas sean las loas a su persona, con mayor fervor son replicadas por él y por un aparato de propaganda gubernamental dedicado al culto a su personalidad.

La barrera entre los intereses del Estado y los del líder, entre la República y el caudillo, han desaparecido.

Mientras Argentina sufre una de las peores crisis económicas y sociales de su historia, Milei está dedicado a viajar por el mundo en el avión presidencial (el mismo que prometió vender), en una agenda que obedece a sus deseos personales.

En menos de medio año en el cargo, ya ha hecho seis giras internacionales centradas, no en cumbres con jefes de Estado, sino en mítines partidistas, reuniones con dirigentes políticos afines, y recepción de premios de escaso prestigio.

Milei también ha convertido su fervor personal por el judaísmo en la guía de la política internacional de Argentina, arrinconando a su país en materia diplomática.

Contra prácticamente toda la comunidad democrática mundial, expresa su “apoyo irrestricto” a la masacre de Gaza. Cuando estallaron hostilidades entre Irán e Israel, llegó al extremo de incluir en una reunión de gabinete, como si fuera un ministro más, al embajador israelí en Buenos Aires. También anunció el traslado de la embajada argentina, de Tel Aviv a Jerusalén, algo que solo han hecho Honduras, Guatemala, Kosovo, Papúa Nueva Guinea y Estados Unidos.

¿Qué interés nacional defiende Milei con esta “política de sumisión total a cambio de nada”, como la define el historiador Leandro Morgenfeld? Ninguno.

Es que cuando el Estado es un individuo, la geopolítica es suplantada por la egopolítica.

Ahora viajó a España, a una reunión de políticos de ultraderecha. En ella, envalentonado por los vítores del público ultra, trató a la esposa del Presidente del gobierno español de “corrupta”, y luego escaló el feudo republicando comentarios hacia Pedro Sánchez como “comunista, corrupto, dictador e hipócrita”. Cuando Sánchez ordenó el retiro de la embajadora de España en Buenos Aires, Milei tildó a su colega de “cobarde”.

El gobierno argentino había comunicado a España que Milei viajaba en una “visita privada”, aunque intentó rectificar cuando se cuestionó que esa visita privada fuera pagada con fondos públicos. Y ya ha anunciado que volverá a España en cuatro semanas, otra vez en un viaje que nada tiene que ver con las necesidades de su país: irá a recibir un premio de un think tank derechista.

Para el historiador Loris Zanatta, la agenda personal de Milei termina por “destruir de noche lo que la cancillería construye de día con enorme esfuerzo. Destruirlo con furia y placer, saña y sadismo”.

Es que el Presidente ya ha provocado conflictos diplomáticos con Colombia, Brasil y México, debido a sus ataques contra los líderes de esos países. No hay razones de Estado tras esas diatribas; es solo el encono ideológico de Milei contra quienes piensan distinto a él, y su compulsión por complacer a los extremistas en redes sociales. “Milei”, dice el perfil de Time, “ve el mundo a través del lente de los memes de derecha”.

De vuelta en Buenos Aires, la escalada ególatra aumentó. Lideró un homenaje a sí mismo en el Luna Park, para el lanzamiento de un libro que, tal como sus publicaciones anteriores, está plagado de descarados plagios a otros autores.

En este caso, copió textualmente párrafos completos de libros de dos economistas chilenos, y, en una suprema ironía, plagió un trabajo de Conicet, el prestigioso ente científico que ha prometido cerrar, tachando a sus trabajadores de “parásitos”.

El lanzamiento del libro plagiado terminó con un show “musical” en que Milei se celebró a sí mismo como un rockstar de pacotilla: “Soy el rey, te destrozaré”, cantó sobre una canción de La Renga, que la banda por años le ha pedido que deje de usar con fines políticos. Plagio sobre plagio: su suma devoción por la propiedad privada no alcanza a la propiedad intelectual, que viola ya como una costumbre.

Es llamativo que los peores dardos e insultos de Milei suelan dirigirse a quienes han logrado lo que él siempre soñó pero no pudo ser: un académico de prestigio, un científico serio, un músico reconocido.

“Soy el mayor exponente de la libertad en el mundo”, se autoelogia Milei, para quien sus críticos son “liliputienses que no están acostumbrados a ver a una persona que es uno de los dos líderes más importantes del mundo”.

Milei no es el primer caudillo que borra los límites entre su persona y el Estado, y olvida las fronteras entre su ego y los intereses de su Patria. Con más o menos talento, Chávez, Trump, Bucaram, AMLO, Cristina K y otros han transitado caminos similares.

Pero el autoproclamado “León”, con su extremado culto a la personalidad, y con el uso de las relaciones internacionales como mero instrumento de vendettas personales, está llevando esta egopolítica a un nuevo extremo.

A uno en que el Estado se convierte en un simple juguete para satisfacer las pulsiones de un sujeto.

#Columna #Daniel #Matamala #Estado #soy
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