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Castillo vuelve a anotar ante uno de sus rivales favoritos

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Universidad Católica se llevó tres puntos de oro de Iquique. El gran protagonista de la jornada fue Nicolás Castillo. El ariete ingresó en el minuto 84 y anotó en el tiempo adicional, de tiro libre. Abrochó la victoria por 3-2 para los dirigidos por Tiago Nunes y anota por segunda vez en el año. Las dos de balón detenido.

Se trata de una ciudad que a Nico le sienta bien. Esto porque en 2016 le anotó en cuatro ocasiones a los Dragones Celestes como visita. Sin embargo, la diferencia radica en que ese compromiso se disputó en el Estadio Cavancha, donde el cuadro celeste ejercía su localía por la remodelación del Tierra de Campeones.

Con el triunfo de este sábado, la UC suma su quinto triunfo al hilo como visita ante Deportes Iquique. La última vez que los nortinos vencieron a la Franja como local fue en el Apertura 2014. Junto a lo anterior, Universidad Católica le ha marcado a los celestes en los recientes 11 enfrentamientos jugados en el norte.

Fecha Estadio Resultado
29-11-2014 Tierra de Campeones Iquique 3-2 UC
26-07-2015 Tierra de Campeones Iquique 0-2 UC
04-12-2016 Cavancha Iquique 2-6 UC
04-03-2018 Zorros del Desierto Iquique 0-1 UC
07-01-2021 Tierra de Campeones Iquique 0-1 UC
13-04-2024 Tierra de Campeones Iquique 2-3 UC

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La gringa y el loco: un relato de Jaime Bayly

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-Me voy, gringa -le dijo Ignacio Martínez, el loco, a su esposa.

-¿Adónde te vas? -preguntó Diana Maxwell, su esposa, la gringa.

-Al carajo -dijo el loco.

Llevaban diez años casados. Tenían tres hijos pequeños. Vivían en una casa muy bonita al pie de los acantilados, con vistas al océano.

-¿Dónde queda el carajo? -preguntó la gringa, sonriendo, pensando que era una broma.

-Lejos de acá -respondió el loco, muy serio-. A diez horas en carro.

El loco no trabajaba ni quería trabajar. Alto, flaco, barbudo, parecía Jesucristo, con la diferencia de que no predicaba, sino fumaba marihuana. Era pintor aficionado. Vivía de los dineros que le pasaban sus padres, prósperos empresarios.

-¿Cuánto tiempo te vas? -preguntó la gringa, de pronto alarmada por la mirada del loco, una mirada luminosa, centelleante, una mirada que expulsaba fuego.

-Para siempre -dijo el loco, ahuevado de la vida burguesa, familiar.

Hija de diplomáticos, la gringa hablaba en inglés mejor que en español y era tan perfectamente bella y agraciada que parecía una modelo. Nadie entendía por qué se había enamorado del loco. Era refinada, sofisticada, sensible a la moda y a los lujos que provenían del dinero. Su marido era una bestia peluda que vivía elevado de cannabis, escuchando música y pintando en el taller de su casa. Cuando su hermana menor le preguntaba por qué se había enamorado de un hombre tan sucio y desaliñado, que no trabajaba ni quería trabajar, que no ganaba dinero porque regalaba sus cuadros a sus amigos, la gringa le decía:

-Es un tigre en la cama.

Antes de abandonar a su esposa y sus tres hijos, el loco encendió una fogata y arrojó a las llamas todos sus documentos de identidad: su partida de nacimiento, su libreta electoral, su pasaporte, su libreta militar, su acta de matrimonio, su licencia de conducir, sus carnés del club de playa y del club de golf. Sorprendidos, la gringa y sus hijos miraban cómo los papeles del loco ardían en ese fuego que él veía justiciero, redentor, una hoguera que reducía a cenizas su pasado e incineraba su identidad, mientras él reía, como si estuviese gozando de aquella ceremonia autodestructiva, como si estuviera volviendo a nacer.

-El carro se lo he regalado a Pedrito -le dijo el loco a su esposa, sin remordimientos.

Se refería a su mejor amigo, un pintor aficionado como él, Pedro Silva, el poeta, quien se quedó con el auto del loco, un coche que este había recibido como regalo de sus padres, cuando se casó con la gringa.

-¿Y qué carro voy a manejar para llevar a tus hijos al colegio? -preguntó la gringa, consternada.

-No sé -respondió el loco-. Mándalos en el bus y no jodas.

Sin besar ni abrazar a su esposa y sus hijos, sin despedirse de ellos, el loco se alejó, cargando una mochila. No dijo adónde se dirigía, dónde podían encontrarlo. Quería desaparecer, ser una sombra, volverse translúcido, una criatura espectral. Tomó un taxi al centro de la ciudad, abordó un autobús y viajó diez horas hasta llegar a las montañas. Una vez que descendió del autobús, llegó andando a las tierras que habían sido de sus padres, una hacienda expropiada por la dictadura militar y luego abandonada por los campesinos. La casa principal estaba parcialmente destruida, los techos agrietados, desfondados, así que el loco siguió caminando hasta el río y se instaló en la precaria casa de huéspedes, aún en pie. En ella había solo un colchón agujereado en el suelo. No había luz eléctrica, agua potable, teléfono, cocina a gas. Allí se propuso vivir el resto de su vida, sin ver a nadie. Allí nació por fin el loco misántropo que tenía aversión a la gente, incluyendo a su familia. Pasaba el día sacando peces del río para comérselos, fumando marihuana y pintando.

Humillada porque su esposo la había abandonado sin dejarle siquiera el auto de regalo, la gringa tuvo que reconstruir su vida. Sus padres se encontraban lejos, en misión diplomática. Consiguió un trabajo como decoradora de una tienda de muebles y alfombras. Llamaba la atención por su belleza, simpatía y buen gusto. Por eso los clientes querían que ella fuese a sus casas y las decorase. Con su sueldo, la gringa mantenía a sus tres hijos, les pagaba los colegios y, en el verano, los llevaba de campamento a la playa. Tuvo, sin embargo, que vender la residencia al pie de los acantilados y mudarse a una casa más modesta. No se deprimió, no se rindió, no pidió ayuda a nadie. Pero estaba destruida. Jamás imaginó que el loco habría de desaparecer como se esfumó. Se arrepintió de no haberle hecho caso a su madre, que tantas veces le dijo:

-Ese hombre no te conviene. Está poseído por el diablo.

Ahorrando con gran esfuerzo, la gringa consiguió comprar una camioneta usada. Sus hijos asistían a un colegio religioso. Desayunaba con ellos y los mandaba en el bus amarillo del colegio. Los niños preguntaban a menudo por su padre.

-Está en el cielo -respondía la gringa.

No sabía dónde estaba el loco, pero sospechaba que podía encontrarse en las tierras expropiadas por la dictadura, en la casa hacienda a medio caerse que había sido de sus suegros en los años dorados, cuando el loco no parecía tan loco y la gringa parecía predestinada a ser la mujer más dichosa en esa ciudad de cielo gris y gente melancólica.

-¿Podemos ir a verlo? -preguntaban los niños.

-No -decía la gringa-. Se ha vuelto invisible.

Curiosamente, a veces extrañaba al loco. Lo odiaba, pero, al mismo tiempo, lo echaba de menos. Ningún hombre la había deseado tan poderosamente como él, ningún hombre la había poseído como él. No extrañaba a su esposo, pero añoraba a su amante, un amante fogoso, virulento, insaciable. Sin embargo, cada tanto se permitía un novio. El problema era que todos sus novios estaban casados y entonces tenían que verse a escondidas, en hoteles. Todos sus novios eran ricos. Se enamoró, o casi, de un banquero prófugo de la justicia. Se enamoró, o casi, del dueño de un restaurante de pollos a la brasa. Se enamoró, o casi, de un embajador europeo acreditado en esa ciudad. Ninguno de esos amantes le cumplió en la cama como solía rendirle el loco. Por eso se cansaba de ellos y los dejaba.

Hasta que llegó un verano y la gringa les dijo a sus hijos que se irían de paseo al campo, al norte, a las montañas. Subieron a la camioneta familiar y condujo diez horas hasta llegar a la hacienda que había sido de sus suegros. Luego caminaron, llamando a gritos al loco:

-¡Ignacio! ¡Ignacio! ¡Ignacio!

Lo encontraron bañándose desnudo en el río, revirado de marihuana. Salió corriendo, abrazó a sus hijos, besó a la gringa y les dijo:

-Métanse al río. Está fresquito.

Los niños y su madre quedaron en ropa interior y se metieron temerosamente al río. A la noche, como la casa frente al río estaba llena de arañas y no tenía camas, la gringa y sus hijos fueron en la camioneta hasta el pueblo más cercano y durmieron en un hostal. Pasaron una semana allá arriba, en las montañas, visitando todos los días al loco y descansando en el hostal. El loco no había cambiado: fumaba, pintaba y quería follarse a la gringa. Aunque herida en su orgullo, ella todavía lo amaba y por eso se dejaba poseer por su marido. Una semana después, la gringa y sus hijos regresaron a la ciudad.

-Nunca más iré a visitarlo -se prometió ella, y honró su palabra.

Los niños crecieron, se graduaron del colegio, asistieron a buenas universidades. Un buen día, la gringa se enamoró de un hombre solo, solitario, ensimismado, un hombre muy rico, descendiente de austríacos, dueño de una cadena de hoteles, amante de las flores, un hombre llamado John King, el señor de las orquídeas. Era tranquilo y taciturno, de pocas palabras, y poseía una inteligencia penetrante, y amaba a la gringa con una serenidad, una constancia y una certeza que ella no había conocido en ninguno de sus amantes inconstantes. La gringa pudo entonces vivir la vida que siempre había soñado: la de una señora muy rica, muy bella, muy deseada, una señora de alta sociedad, que vivía en una mansión, atendida por numerosas criadas. Tantos años después de la humillación que le infligió su marido, el loco, quien murió ahogado en el río, cerca de su casa, allá arriba en las montañas, la gringa encontró al gran amor de su vida en el señor de las orquídeas y fueron felices viajando, construyendo hoteles y sembrando flores preciosas y exóticas en los jardines de esos hoteles, como exótica y preciosa fue la vida de Diana Maxwell, quien murió de un infarto a los ochenta años, cuando hacía ejercicios en el gimnasio de su casa.

#gringa #loco #relato #Jaime #Bayly
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Columna de Daniel Matamala: El Estado soy yo

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Según la leyenda, siendo un adolescente Luis XIV pronunció la frase “L’État, c’est moi” ante el Parlamento francés, que debatía la legalidad de los edictos del monarca.

Es que el Rey Sol creía gobernar por derecho divino. Su poder venía directamente de Dios y, por lo tanto, no estaba limitado por la deliberación humana.

En contraste, la República cree que el único soberano es el pueblo, y quienes ejercen el poder no son más que delegados, investidos temporalmente con poderes limitados para el servicio de ese pueblo.

Pero, a 235 años de la revolución que inició el reemplazo de los monarcas absolutos por las repúblicas (y que le costó la cabeza al nieto del bisnieto de Luis XIV), esa concepción minimalista del poder político es desafiada por una generación de caudillos populistas que, a coro con el Rey Sol, proclama que el Estado son ellos, y nadie más que ellos.

Un ejemplo paradigmático lo tenemos al otro lado de la cordillera, con Javier Milei.

Milei se proclama como el líder de “las fuerzas del cielo”, y portador de una misión divina. El culto a sí mismo de este aspirante a Rey Sol sudamericano es impactante. Una nota de la revista Time se asombra de que, en un solo día, “Milei le dio me gusta o retuiteó 336 publicaciones, muchas de ellas delirantes elogios hacia sí mismo en mayúsculas”. Mientras más extáticas sean las loas a su persona, con mayor fervor son replicadas por él y por un aparato de propaganda gubernamental dedicado al culto a su personalidad.

La barrera entre los intereses del Estado y los del líder, entre la República y el caudillo, han desaparecido.

Mientras Argentina sufre una de las peores crisis económicas y sociales de su historia, Milei está dedicado a viajar por el mundo en el avión presidencial (el mismo que prometió vender), en una agenda que obedece a sus deseos personales.

En menos de medio año en el cargo, ya ha hecho seis giras internacionales centradas, no en cumbres con jefes de Estado, sino en mítines partidistas, reuniones con dirigentes políticos afines, y recepción de premios de escaso prestigio.

Milei también ha convertido su fervor personal por el judaísmo en la guía de la política internacional de Argentina, arrinconando a su país en materia diplomática.

Contra prácticamente toda la comunidad democrática mundial, expresa su “apoyo irrestricto” a la masacre de Gaza. Cuando estallaron hostilidades entre Irán e Israel, llegó al extremo de incluir en una reunión de gabinete, como si fuera un ministro más, al embajador israelí en Buenos Aires. También anunció el traslado de la embajada argentina, de Tel Aviv a Jerusalén, algo que solo han hecho Honduras, Guatemala, Kosovo, Papúa Nueva Guinea y Estados Unidos.

¿Qué interés nacional defiende Milei con esta “política de sumisión total a cambio de nada”, como la define el historiador Leandro Morgenfeld? Ninguno.

Es que cuando el Estado es un individuo, la geopolítica es suplantada por la egopolítica.

Ahora viajó a España, a una reunión de políticos de ultraderecha. En ella, envalentonado por los vítores del público ultra, trató a la esposa del Presidente del gobierno español de “corrupta”, y luego escaló el feudo republicando comentarios hacia Pedro Sánchez como “comunista, corrupto, dictador e hipócrita”. Cuando Sánchez ordenó el retiro de la embajadora de España en Buenos Aires, Milei tildó a su colega de “cobarde”.

El gobierno argentino había comunicado a España que Milei viajaba en una “visita privada”, aunque intentó rectificar cuando se cuestionó que esa visita privada fuera pagada con fondos públicos. Y ya ha anunciado que volverá a España en cuatro semanas, otra vez en un viaje que nada tiene que ver con las necesidades de su país: irá a recibir un premio de un think tank derechista.

Para el historiador Loris Zanatta, la agenda personal de Milei termina por “destruir de noche lo que la cancillería construye de día con enorme esfuerzo. Destruirlo con furia y placer, saña y sadismo”.

Es que el Presidente ya ha provocado conflictos diplomáticos con Colombia, Brasil y México, debido a sus ataques contra los líderes de esos países. No hay razones de Estado tras esas diatribas; es solo el encono ideológico de Milei contra quienes piensan distinto a él, y su compulsión por complacer a los extremistas en redes sociales. “Milei”, dice el perfil de Time, “ve el mundo a través del lente de los memes de derecha”.

De vuelta en Buenos Aires, la escalada ególatra aumentó. Lideró un homenaje a sí mismo en el Luna Park, para el lanzamiento de un libro que, tal como sus publicaciones anteriores, está plagado de descarados plagios a otros autores.

En este caso, copió textualmente párrafos completos de libros de dos economistas chilenos, y, en una suprema ironía, plagió un trabajo de Conicet, el prestigioso ente científico que ha prometido cerrar, tachando a sus trabajadores de “parásitos”.

El lanzamiento del libro plagiado terminó con un show “musical” en que Milei se celebró a sí mismo como un rockstar de pacotilla: “Soy el rey, te destrozaré”, cantó sobre una canción de La Renga, que la banda por años le ha pedido que deje de usar con fines políticos. Plagio sobre plagio: su suma devoción por la propiedad privada no alcanza a la propiedad intelectual, que viola ya como una costumbre.

Es llamativo que los peores dardos e insultos de Milei suelan dirigirse a quienes han logrado lo que él siempre soñó pero no pudo ser: un académico de prestigio, un científico serio, un músico reconocido.

“Soy el mayor exponente de la libertad en el mundo”, se autoelogia Milei, para quien sus críticos son “liliputienses que no están acostumbrados a ver a una persona que es uno de los dos líderes más importantes del mundo”.

Milei no es el primer caudillo que borra los límites entre su persona y el Estado, y olvida las fronteras entre su ego y los intereses de su Patria. Con más o menos talento, Chávez, Trump, Bucaram, AMLO, Cristina K y otros han transitado caminos similares.

Pero el autoproclamado “León”, con su extremado culto a la personalidad, y con el uso de las relaciones internacionales como mero instrumento de vendettas personales, está llevando esta egopolítica a un nuevo extremo.

A uno en que el Estado se convierte en un simple juguete para satisfacer las pulsiones de un sujeto.

#Columna #Daniel #Matamala #Estado #soy
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Jordhy Thompson habla desde Rusia y aborda su caso de VIF

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Jordhy Thompson (19 años) atiende a El Deportivo desde Rusia. El delantero, quien estuvo recluido por violencia intrafamiliar y cuyo proceso aún sigue vigente, busca enrielar su carrera en el Orenburg, elenco que lucha por mantenerse en la Primera División de Rusia

¿Cómo evalúa este semestre que ha estado en Rusia?

Logré adaptarme súper rápido, pero creo que aún me queda más por demostrar. Me he sentido muy bien en este país y eso me anima a seguir acá. Queda una fecha, pero me desgarré y no podré jugar el último partido. La calidad es bastante buena. Es un fútbol más físico, pero me ha gustado mucho el desafío. Creo que me he adaptado muy rápido.

¿Es muy diferente a Chile?

Es mucho más físico que nuestro torneo. Es muy distinto, pero lo bueno es que en ambos torneos he sabido acomodarme.

¿Le ha costado mucho el día a día en un país tan desconocido?

El tema del idioma no ha sido un problema tan grande. Cuando llegué había muchos latinoamericanos en el equipo, muchos argentinos. Mis compañeros rusos me han recibido súper bien. De esa manera, no ha sido un problema para mí. Me he sentido muy cómodo acá. Respecto del clima, hacía mucho frío, pero uno se acostumbra.

¿Cómo son los hinchas en el trato con los jugadores?

Yo tenía otras expectativas, pensé que serían más fríos, más pesados… Pero la verdad es que me encontré con muy buenas personas, muy cariñosas.

¿El equipo zafó del descenso?

Ahora tenemos el último partido. Si lo ganamos puede ser que nos quedemos en la máxima categoría.

¿Pero usted se queda?

Sí, el club ya decidió que hará uso de la opción de compra. Estoy encantado en este equipo, porque es una gran institución.

Imagino que andar bien en Rusia le abre el apetito en la Selección…

Claro que sí. Pero no me quiero apurar, voy paso a paso. Acá en Rusia me he sentido súper bien y tengo que seguir. Para ser sincero, no estoy conforme con mi rendimiento acá en Rusia. Siento que puedo dar mucho más. Si llega una convocatoria para la Selección, obviamente que será un buen paso para mí, pero no estoy apurado. A quién no le gustaría estar. Si hago las cosas bien, la nominación llegará sola.

¿Se han contactado con usted de la selección chilena?

Sí, la verdad es que escribieron algunos profes de la Selección, me pidieron el pasaporte y videos de los últimos seis partidos. Se los envié y en eso quedamos.

Es un paso, está más cerca…

Así es. Anímicamente igual me puso bien porque eso quiere decir que me están viendo, por algo me pidieron todo eso. Me pone feliz y muy tranquilo a la vez.

¿En qué posición está jugando?

En el mismo puesto que lo hacía en Colo Colo, como puntero derecho. Es el que más me acomoda, pero también me gusta jugar como 10 o delantero por las dos bandas.

¿Si llega a la Selección le gustaría jugar en el mismo puesto?

De puntero, pero si llego a estar intentaré hacerlo de la mejor manera en cualquier puesto.

¿Qué opinión tiene de Ricardo Gareca y este nuevo proceso?

A veces los cambios son buenos. Le deseo lo mejor, es un extraordinario entrenador. Siempre los procesos nuevos son adecuados.

¿Ha tenido contacto con los otros chilenos que juegan allá?

Para nada, creo que ellos están en sus clubes, tranquilos.

Foto: Bastián Sepúlveda.

¿Cómo cambió su vida tras el episodio de VIF que protagonizó?

Fueron momentos complicados, pero ahora estoy enfocado en el fútbol. Sinceramente, estoy tratando de hacer las cosas bien. El tema judicial ya lo verá mi abogado.

¿Qué viene ahora en la causa?

Le repito, solo estoy concentrado en mi equipo, en jugar de la mejor manera posible.

¿Qué opinión le merece que la ministra de la Mujer y Equidad de Género, Antonia Orellana, critique su posible convocatoria a la Roja?

La ministra Orellana tiene razón en hablar de esto, está haciendo su trabajo, pero todas las personas merecemos una oportunidad para volver a hacer las cosas bien, para cambiar.

¿Usted cree que ese incidente marcó su carrera?

Yo creo que sí. Pero la verdad es que hice un mea culpa frente a todo lo que ocurrió… Acá estamos, intentando hacer lo correcto, no estoy apurado en lo que pueda ocurrir con mi carrera en el futuro y así alcanzar mis objetivos.

Evitó su llegada a la Selección…

Como te dije, lo importante para hoy en el fútbol es triunfar acá en Rusia. Rendir de la mejor manera.

Foto: Dragomir Yankovic/Photosport.

¿Mantiene contacto con jugadores de Colo Colo?

Sí, claro, me he comunicado con algunos. Hablo con Damián Pizarro, Daniel Gutiérrez, con Bruno (Gutiérrez), Vicho (Vicente Pizarro), con Cristián Zavala igual, con (Esteban) Pavez y Alan Saldivia.

¿Ese era el círculo más cercano que usted tenía en el club?

Es cierto, ellos se han portado súper bien conmigo y eso uno tiene que agradecerlo, todo ese apoyo que me han brindado.

¿Fueron quienes lo visitaron cuando estuvo detenido?

Me fueron a ver, claro. Pero como te dije, ahora estoy bien y lo estoy tomando todo con tranquilidad.

¿Existe alguna posibilidad de que usted regrese a Colo Colo?

En algún momento regresaré al club para devolverle todo lo que me dio. Me quedé son esa espina, porque en Colo Colo pude haber rendido el triple de lo que hice.

¿Qué le faltó por demostrar?

Yo creo que ser más serio, quizás en ese momento no me daba cuenta en qué lugar estaba, en qué equipo estaba jugando. Me faltó eso, darme cuenta, madurar. Pero ya fue, tengo que vivir el presente y quizás en el futuro demostrarlo.

¿Cuál es la importancia del técnico Gustavo Quinteros?

Siempre voy a estar agradecido del profe Gustavo (Quinteros). Me dio la oportunidad de debutar con él, todo… Yo igual le mandé un mensaje agradeciéndole, pero también pidiéndole perdón por no cumplir con todo lo que él me dio. Ojalá que en el futuro pueda hacerlo. La verdad es que estoy muy agradecido del profe Gustavo.

#Jordhy #Thompson #habla #desde #Rusia #aborda #caso #VIF
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