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Economia

Comisión de la Convención ratifica BC autónomo, pero suma temas a considerar en decisión de tasa

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La Comisión de Sistemas de Justicia de la Convención Constituyente aprobó una nueva redacción de propuestas relacionadas con la organización del Banco Central, estableciendo que seguirá siendo un ente autónomo, pero con un consejo con mayor número de miembros y la necesidad de sus decisiones para contemplar temas como el empleo y el medio ambiente.

De esta forma, se establece que la entidad emisora ​​será un organismo autónomo con personalidad jurídica y patrimonio propio, de carácter técnico, encargado de formular y conducir la política monetaria, y que la ley regulará su organización, atribuciones y control. sistemas, así como la determinación de instancias de coordinación entre el banco y el gobierno.

La comisión dio luz verde a una indicación de la derecha que limita la primera propuesta sobre sus objetivos, señalando que “corresponderá en particular al Banco Central, contribuir al bienestar de la población, asegurar la estabilidad de precios y la normalidad”. operación de pagos internos y externos.

Al mismo tiempo, establecieron que “el Banco, al adoptar sus decisiones, deberá tener en cuenta la orientación general de la política económica del gobierno”.

A su vez, se indica que la institución, en el fundamento de sus decisiones, “debe considerar la estabilidad financiera, la volatilidad del tipo de cambio, la protección del empleo y el cuidado del medio ambiente”.

Del Directorio de la entidad emisora

El Consejo estará integrado por siete consejeros designados por la mayoría de los congresistas, sobre la base de ternas propuestas por el Consejo de la Alta Dirección Pública.

Para su designación se considerarán criterios de paridad de género y representación territorial.

Se descartó la propuesta original de que el propio Consejo eligiera al presidente del Banco Central, manteniéndose la situación actual donde es el Presidente de la República quien designa al timonel de la institución emisora.

“El Presidente del Consejo, que será también el Presidente del Banco, será designado por el Presidente de la República de entre los miembros del Consejo y durará tres años en el cargo o el menor tiempo que reste como director, pudiendo ser reelegido para un nuevo mandato”.

En cuanto a la responsabilidad de los directores, se estableció que “podrán ser separados de sus cargos por acuerdo de la mayoría de los miembros del pleno del Tribunal Supremo, previa solicitud de la mayoría de quienes actúen como directores o del mayoría de los miembros del Congreso, de acuerdo con el procedimiento establecido por la ley.

En este punto, también se modificó la propuesta original que hablaba solo de una mayoría simple en el Congreso para iniciar el proceso de remoción de un regidor.

En cuanto a las inhabilidades e incompatibilidades de los directores, no deja de ser un plazo muy largo que ha sido criticado por diversos actores, incluido el propio instituto emisor. “No podrán integrar el Consejo quienes, en los doce meses anteriores a su nombramiento, hayan participado en la propiedad o ejercido como director, gerente o ejecutivo principal de una sociedad bancaria, administradora de fondos o cualquier otra que preste servicios de intermediación financiera, sin perjuicio de las demás inhabilidades que establezca la ley”, dice la propuesta.

Como contrapartida, se añade que “una vez cesados ​​en sus cargos, los miembros del Consejo tendrán la misma incompatibilidad por el plazo de dieciocho meses”.

Si bien la normativa fue entendida como un cierto avance en cuanto a no agregar objetivos más explícitos y elevar el quórum del Congreso para remover a los directores, subsisten algunas objeciones a las señaladas por el propio Banco Central en una carta enviada a la Convención.

De acuerdo con el proceso de la Convención, las propuestas pasarán ahora a ser analizadas por el pleno y, si logran 103 votos favorables, pasarán a formar parte del proyecto de una nueva Constitución.

#Comisión #Convención #ratifica #autónomo #pero #suma #temas #considerar #decisión #tasa

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Economia

“Que se haga justicia, aunque perezca el mundo”

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JOSÉ MIGUEL ALDUNATE H., Director de Estudios del Observatorio Judicial

#haga #justicia #aunque #perezca #mundo

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El sueño imposible de Bolívar

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JUAN IGNACIO BRITO, Profesor de la Facultad de Comunicación e investigador del Centro de Señales de la Universidad de los Andes

juan ignacio brito

La idea de la integración latinoamericana volvió a ser mencionada en la cumbre de la Celac realizada en Buenos Aires la semana pasada. Parece que el “sueño de Bolívar” es de lo que hablan los líderes de nuestra región cuando no tienen nada más que decir. Pero lo cierto es que hasta el Libertador terminó sus días desilusionado con su ideal de unidad.

Tras la victoria en Ayacucho (1824) había llamado a América “la esperanza del universo”, pero el Congreso de Panamá (1826) que convocó para sellar la integración fue un rotundo fracaso. Ya en 1829 el héroe desencantado admitía que “hemos probado todos los principios y todos los sistemas y ninguno ha llegado a buen puerto”. Lo que prevaleció fue el desorden y la ruina, no la unidad.

El mismo Bolívar dijo de sí mismo que era “un genio de la tormenta”. Lo suyo era la guerra y la revolución, no la construcción institucional. “Muchos generales saben ganar las batallas, pero no qué hacer con sus victorias”, lamentaría, en una declaración muy autocrítica, unos meses antes de exiliarse en 1830.

Lo que sucedió con el sueño unitario de este héroe imperfecto es una sinopsis de lo que vendría después. Nuestra región es un lugar donde prevalecen la violencia, la desigualdad, las personalidades y la fragilidad institucional. No es raro que en un entorno así la integración no vaya más allá de los discursos y resulte ser una quimera. América Latina vive, como escribió el patriota Luis Briceño Méndez a Bolívar en una carta, “en la era de los errores. Para remediar uno cometemos cincuenta”.

La última nota retórica en la historia de la fallida integración regional la protagonizaron hace unos días Lula da Silva y Alberto Fernández, cuando anunciaron con más entusiasmo que realismo la creación de una moneda común, el “Sur”. Rápidamente, desde Caracas saltó el dictador Nicolás Maduro para proclamar que se sumaba a la propuesta.

Como siempre, el voluntarismo no tardó en chocar con la realidad. Es imposible que un país con un Banco Central autónomo y una inflación relativamente controlada quiera unir su política monetaria con Argentina, cuyo desorden fiscal parece irreparable. Pronto salió Brasilia a aclarar que la idea es crear una “moneda financiera”, no una que circule. De ahí vino el “sur”. ¿Volveremos a saber de él?

Las palabras más sensatas pronunciadas en la Celac vinieron de Luis Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, esa pequeña isla de la excepcionalidad. Alzando valientemente la voz, Lacalle Pou reveló a sus compañeros el elefante en medio de la mesa de reuniones, llamando a la Celac “un club de amigos ideológicos” y afirmando que “para que este tipo de foros subsista hay que generar esperanza. Y las esperanzas se generan en el camino recorrido, en la práctica en la acción.” En otras palabras, las acciones, y no las palabras, definen la integración.

El problema evidente es que para que haya una verdadera unidad se necesitan varios requisitos: comunidad de intereses, tiempo, creación de un régimen con reglas comunes percibidas como legítimas y respetadas por todos, sistemas políticos compatibles y, finalmente, líderes comprometidos y coherentes. Todos bienes escasos en estas latitudes.

Con dolor, Bolívar llegó a reconocerlo. Por eso terminó sus días sumido en la amargura, arrepintiéndose incluso de haber hecho la guerra a la metrópolis colonial. Su diagnóstico es lapidario: “No hay buena fe en América ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las constituciones, libros; las elecciones, los combates; libertad, anarquía; y la vida, un tormento”.

#sueño #imposible #Bolívar

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El sueño imposible de Bolívar

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La idea de la integración latinoamericana volvió a ser mencionada en la cumbre de la Celac realizada en Buenos Aires la semana pasada. Parece que el “sueño de Bolívar” es de lo que hablan los líderes de nuestra región cuando no tienen nada más que decir. Pero lo cierto es que hasta el Libertador terminó sus días desilusionado con su ideal de unidad.

Tras la victoria en Ayacucho (1824) había llamado a América “la esperanza del universo”, pero el Congreso de Panamá (1826) que convocó para sellar la integración fue un rotundo fracaso. Ya en 1829 el héroe desencantado admitía que “hemos probado todos los principios y todos los sistemas y ninguno ha llegado a buen puerto”. Lo que prevaleció fue el desorden y la ruina, no la unidad.

El mismo Bolívar dijo de sí mismo que era “un genio de la tormenta”. Lo suyo era la guerra y la revolución, no la construcción institucional. “Muchos generales saben ganar las batallas, pero no qué hacer con sus victorias”, lamentaría, en una declaración muy autocrítica, unos meses antes de exiliarse en 1830.

Lo que sucedió con el sueño unitario de este héroe imperfecto es una sinopsis de lo que vendría después. Nuestra región es un lugar donde prevalecen la violencia, la desigualdad, las personalidades y la fragilidad institucional. No es raro que en un entorno así la integración no vaya más allá de los discursos y resulte ser una quimera. América Latina vive, como escribió el patriota Luis Briceño Méndez a Bolívar en una carta, “en la era de los errores. Para remediar uno cometemos cincuenta”.

La última nota retórica en la historia de la fallida integración regional la protagonizaron hace unos días Lula da Silva y Alberto Fernández, cuando anunciaron con más entusiasmo que realismo la creación de una moneda común, el “Sur”. Rápidamente, desde Caracas saltó el dictador Nicolás Maduro para proclamar que se sumaba a la propuesta.

Como siempre, el voluntarismo no tardó en chocar con la realidad. Es imposible que un país con un Banco Central autónomo y una inflación relativamente controlada quiera unir su política monetaria con Argentina, cuyo desorden fiscal parece irreparable. Pronto salió Brasilia a aclarar que la idea es crear una “moneda financiera”, no una que circule. De ahí vino el “sur”. ¿Volveremos a saber de él?

Las palabras más sensatas pronunciadas en la Celac vinieron de Luis Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, esa pequeña isla de la excepcionalidad. Alzando valientemente la voz, Lacalle Pou reveló a sus compañeros el elefante en medio de la mesa de reuniones, llamando a la Celac “un club de amigos ideológicos” y afirmando que “para que este tipo de foros subsista hay que generar esperanza. Y las esperanzas se generan en el camino recorrido, en la práctica en la acción.” En otras palabras, las acciones, y no las palabras, definen la integración.

El problema evidente es que para que haya una verdadera unidad se necesitan varios requisitos: comunidad de intereses, tiempo, creación de un régimen con reglas comunes percibidas como legítimas y respetadas por todos, sistemas políticos compatibles y, finalmente, líderes comprometidos y coherentes. Todos bienes escasos en estas latitudes.

Con dolor, Bolívar llegó a reconocerlo. Por eso terminó sus días sumido en la amargura, arrepintiéndose incluso de haber hecho la guerra a la metrópolis colonial. Su diagnóstico es lapidario: “No hay buena fe en América ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las constituciones, libros; las elecciones, los combates; libertad, anarquía; y la vida, un tormento”.

#sueño #imposible #Bolívar

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