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Pacheco insiste en lograr un adecuado balance financiero de Codelco para abordar la deuda que supera los US$ 18 mil millones

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En la mañana de este viernes se realizó la asamblea de accionistas de Codelco, instancia que contó con la presencia del ministro de Hacienda, Mario Marcel; la ministra de Minería, Marcela Hernando, y el presidente del directorio de la estatal, Máximo Pacheco.

“Transmitimos a los ministros una visión abierta y completa de la situación de la empresa. Mostramos los muy buenos resultados de 2021, con superávits que superaron los US$ 7,390 millones, pero también compartimos los desafíos que enfrenta Codelco, que no son pocos, especialmente en el ámbito financiero y de sustentabilidad”, dijo Pacheco, quien al igual que hace unos días en el Congreso resaltó la importancia de lograr un adecuado balance financiero para hacer frente a la deuda que supera los US$ 18 mil millones, y así viabilizar la cartera de proyectos estructurales, que buscan preservar un nivel de producción similar al actual, alrededor de 1,6 millones de toneladas de cobre por año durante los próximos 40 años.

El portafolio de inversiones y sus requerimientos financieross fueron algunos de los temas tratados en la reunión. Se revisaron los avances de los proyectos estructurales y algunas otras obras relevantes.

“Los proyectos de Codelco deben avanzar en tiempo y forma, porque son vitales para que la empresa aporte los recursos comprometidos con el país. Su construcción debe ser fiel al diseño y al presupuesto para garantizar que entreguen el valor esperado. Pero no de cualquier forma, sino con altos estándares de sostenibilidad.; para ello es de gran importancia el uso de agua desalada y la eficiencia en el consumo de agua”, subrayó Marcel.

En el mismo ámbito, el ministro Hernando enfatizó los desafíos que enfrenta la empresa estatal. “Uno de los grandes desafíos de Codelco es acelerar sus avances en materia de sustentabilidad, como maximizar la capacidad de recirculación de los residuos que se generan en sus divisiones; En la misma línea, promover la coordinación, junto con el ministerio, de inversiones compartidas en infraestructura para el aprovechamiento de agua de mar y dejar de utilizar aguas continentales lo antes posible”. Además, afirmó que se debe priorizar la relación de la empresa con su entorno, tanto en términos ambientales como con las comunidades. “Entre las prioridades que nos encomendó el presidente Boric está trabajar por la reactivación económica del país y, junto con ello, favorecer la inversión en minería, apuntando siempre a una industria más sostenible y que dialoge con las comunidades. Por eso, estamos trabajando en esa dirección”, dijo la ministra de Minería, Marcela Hernando.

Durante la reunión, que duró una hora, los miembros de El directorio revisó los indicadores operativos y de negocio en materia de producción, seguridad, salud ocupacional y costos, entre otros. En cuanto a los costos, el ministro Marcel destacó el desafío de llegar al segundo cuartil de la industria. “Este esfuerzo es consistente con la sostenibilidad financiera de la empresa”, dijo.

En el ámbito laboral, el ministro Hernando destacó el informe de negociaciones colectivas cerradas en 2021, período en el que se adelantaron las negociaciones que estaban previstas para este año, por lo que el próximo proceso recién se llevará a cabo a fines de 2023. “Es un escenario propicio para avanzar en relaciones robustas y de confianza mutua”, señaló. La Ministra de Minería también abordó la integración de la mujer en el sector, asegurando que “Codelco ha hecho esfuerzos, pero puede ir más allá; Esperamos que la estatal minera sea un referente en la apertura de espacios en el campo laboral para la participación femenina”.

Dentro de los aspectos centrales que atañen al gobierno corporativo, la mesa revisó los avances y desafíos en materia de transparencia y probidad. “Debemos ser reconocidos como una empresa que exhibe los más altos estándares éticos y de probidad. Ya he recorrido una parte importante de las divisiones de Codelco y he comprobado el fuerte compromiso de los trabajadores de la empresa con el desarrollo de nuestro país, que es el gran apoyo para que las decisiones se tomen mirando únicamente el interés de Chile, no otro”, explicó Pacheco, además de señalar que el principal productor de cobre del mundo seguirá fortaleciendo sus mecanismos de gestión y control para garantizar el buen uso de los recursos públicos.

#Pacheco #insiste #lograr #adecuado #balance #financiero #Codelco #para #abordar #deuda #supera #los #mil #millones

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El sueño imposible de Bolívar

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JUAN IGNACIO BRITO, Profesor de la Facultad de Comunicación e investigador del Centro de Señales de la Universidad de los Andes

juan ignacio brito

La idea de la integración latinoamericana volvió a ser mencionada en la cumbre de la Celac realizada en Buenos Aires la semana pasada. Parece que el “sueño de Bolívar” es de lo que hablan los líderes de nuestra región cuando no tienen nada más que decir. Pero lo cierto es que hasta el Libertador terminó sus días desilusionado con su ideal de unidad.

Tras la victoria en Ayacucho (1824) había llamado a América “la esperanza del universo”, pero el Congreso de Panamá (1826) que convocó para sellar la integración fue un rotundo fracaso. Ya en 1829 el héroe desencantado admitía que “hemos probado todos los principios y todos los sistemas y ninguno ha llegado a buen puerto”. Lo que prevaleció fue el desorden y la ruina, no la unidad.

El mismo Bolívar dijo de sí mismo que era “un genio de la tormenta”. Lo suyo era la guerra y la revolución, no la construcción institucional. “Muchos generales saben ganar las batallas, pero no qué hacer con sus victorias”, lamentaría, en una declaración muy autocrítica, unos meses antes de exiliarse en 1830.

Lo que sucedió con el sueño unitario de este héroe imperfecto es una sinopsis de lo que vendría después. Nuestra región es un lugar donde prevalecen la violencia, la desigualdad, las personalidades y la fragilidad institucional. No es raro que en un entorno así la integración no vaya más allá de los discursos y resulte ser una quimera. América Latina vive, como escribió el patriota Luis Briceño Méndez a Bolívar en una carta, “en la era de los errores. Para remediar uno cometemos cincuenta”.

La última nota retórica en la historia de la fallida integración regional la protagonizaron hace unos días Lula da Silva y Alberto Fernández, cuando anunciaron con más entusiasmo que realismo la creación de una moneda común, el “Sur”. Rápidamente, desde Caracas saltó el dictador Nicolás Maduro para proclamar que se sumaba a la propuesta.

Como siempre, el voluntarismo no tardó en chocar con la realidad. Es imposible que un país con un Banco Central autónomo y una inflación relativamente controlada quiera unir su política monetaria con Argentina, cuyo desorden fiscal parece irreparable. Pronto salió Brasilia a aclarar que la idea es crear una “moneda financiera”, no una que circule. De ahí vino el “sur”. ¿Volveremos a saber de él?

Las palabras más sensatas pronunciadas en la Celac vinieron de Luis Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, esa pequeña isla de la excepcionalidad. Alzando valientemente la voz, Lacalle Pou reveló a sus compañeros el elefante en medio de la mesa de reuniones, llamando a la Celac “un club de amigos ideológicos” y afirmando que “para que este tipo de foros subsista hay que generar esperanza. Y las esperanzas se generan en el camino recorrido, en la práctica en la acción.” En otras palabras, las acciones, y no las palabras, definen la integración.

El problema evidente es que para que haya una verdadera unidad se necesitan varios requisitos: comunidad de intereses, tiempo, creación de un régimen con reglas comunes percibidas como legítimas y respetadas por todos, sistemas políticos compatibles y, finalmente, líderes comprometidos y coherentes. Todos bienes escasos en estas latitudes.

Con dolor, Bolívar llegó a reconocerlo. Por eso terminó sus días sumido en la amargura, arrepintiéndose incluso de haber hecho la guerra a la metrópolis colonial. Su diagnóstico es lapidario: “No hay buena fe en América ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las constituciones, libros; las elecciones, los combates; libertad, anarquía; y la vida, un tormento”.

#sueño #imposible #Bolívar

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El sueño imposible de Bolívar

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La idea de la integración latinoamericana volvió a ser mencionada en la cumbre de la Celac realizada en Buenos Aires la semana pasada. Parece que el “sueño de Bolívar” es de lo que hablan los líderes de nuestra región cuando no tienen nada más que decir. Pero lo cierto es que hasta el Libertador terminó sus días desilusionado con su ideal de unidad.

Tras la victoria en Ayacucho (1824) había llamado a América “la esperanza del universo”, pero el Congreso de Panamá (1826) que convocó para sellar la integración fue un rotundo fracaso. Ya en 1829 el héroe desencantado admitía que “hemos probado todos los principios y todos los sistemas y ninguno ha llegado a buen puerto”. Lo que prevaleció fue el desorden y la ruina, no la unidad.

El mismo Bolívar dijo de sí mismo que era “un genio de la tormenta”. Lo suyo era la guerra y la revolución, no la construcción institucional. “Muchos generales saben ganar las batallas, pero no qué hacer con sus victorias”, lamentaría, en una declaración muy autocrítica, unos meses antes de exiliarse en 1830.

Lo que sucedió con el sueño unitario de este héroe imperfecto es una sinopsis de lo que vendría después. Nuestra región es un lugar donde prevalecen la violencia, la desigualdad, las personalidades y la fragilidad institucional. No es raro que en un entorno así la integración no vaya más allá de los discursos y resulte ser una quimera. América Latina vive, como escribió el patriota Luis Briceño Méndez a Bolívar en una carta, “en la era de los errores. Para remediar uno cometemos cincuenta”.

La última nota retórica en la historia de la fallida integración regional la protagonizaron hace unos días Lula da Silva y Alberto Fernández, cuando anunciaron con más entusiasmo que realismo la creación de una moneda común, el “Sur”. Rápidamente, desde Caracas saltó el dictador Nicolás Maduro para proclamar que se sumaba a la propuesta.

Como siempre, el voluntarismo no tardó en chocar con la realidad. Es imposible que un país con un Banco Central autónomo y una inflación relativamente controlada quiera unir su política monetaria con Argentina, cuyo desorden fiscal parece irreparable. Pronto salió Brasilia a aclarar que la idea es crear una “moneda financiera”, no una que circule. De ahí vino el “sur”. ¿Volveremos a saber de él?

Las palabras más sensatas pronunciadas en la Celac vinieron de Luis Lacalle Pou, el presidente de Uruguay, esa pequeña isla de la excepcionalidad. Alzando valientemente la voz, Lacalle Pou reveló a sus compañeros el elefante en medio de la mesa de reuniones, llamando a la Celac “un club de amigos ideológicos” y afirmando que “para que este tipo de foros subsista hay que generar esperanza. Y las esperanzas se generan en el camino recorrido, en la práctica en la acción.” En otras palabras, las acciones, y no las palabras, definen la integración.

El problema evidente es que para que haya una verdadera unidad se necesitan varios requisitos: comunidad de intereses, tiempo, creación de un régimen con reglas comunes percibidas como legítimas y respetadas por todos, sistemas políticos compatibles y, finalmente, líderes comprometidos y coherentes. Todos bienes escasos en estas latitudes.

Con dolor, Bolívar llegó a reconocerlo. Por eso terminó sus días sumido en la amargura, arrepintiéndose incluso de haber hecho la guerra a la metrópolis colonial. Su diagnóstico es lapidario: “No hay buena fe en América ni entre las naciones. Los tratados son papeles; las constituciones, libros; las elecciones, los combates; libertad, anarquía; y la vida, un tormento”.

#sueño #imposible #Bolívar

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Inseguridad ciudadana III: el Estado al debe

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Esta semana dedicamos los editoriales de lunes y martes a la crisis de inseguridad que, lamentablemente, se ha apoderado de la agenda nacional, y que encabeza la lista de preocupaciones ciudadanas. La naturaleza y gravedad del problema no tienen precedentes, pues el tipo de delitos, la frecuencia con que ocurren y el grado de violencia que involucran son nuevos en nuestro país.

Este tercer editorial sobre delincuencia busca reforzar el mensaje de los dos primeros, porque ante las declaraciones del Subsecretario de Gobernación sobre el violento asalto a un centro comercial de la capital el pasado domingo, el Gobierno parece no escuchar: garantizar la seguridad es la primera responsabilidad del Estado, y el Estado está fallando.

En lugar de anuncios que comuniquen a la ciudadanía la firme voluntad del Gobierno de redoblar esfuerzos para enfrentar a los delincuentes, la autoridad ha preferido enfatizar la responsabilidad de los centros comerciales de implementar medidas y protocolos para estar mejor protegidos ante acciones delictivas.

Esa responsabilidad existe, por supuesto, y es necesario discutir qué pueden hacer los actores privados -empresas y negocios- para dar mayor protección a sus trabajadores y clientes. Pero frente a bandas bien organizadas y fuertemente armadas como las que han actuado en numerosos incidentes en los últimos tiempos, sólo el Estado puede desplegar la respuesta contundente necesaria, ya sea para disuadir o confrontar estas acciones.

Es precisamente por eso que existe el monopolio estatal del uso legítimo de la fuerza, porque dado el grado de violencia que puede desencadenar el crimen organizado -y de eso estamos hablando aquí- los actores privados siempre estarán indefensos. Hasta ahora los ciudadanos no parecen reclamar el derecho a armarse para su propia defensa y eso es tranquilizador, ya que se iniciaría un proceso casi irreversible de deterioro de nuestra convivencia. Todo indica que espera ser protegido por las instituciones a las que la ley asigna esa tarea, y esa es una expectativa que la autoridad no puede cuestionar con declaraciones imprudentes.

#Inseguridad #ciudadana #III #Estado #debe

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